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No me moverán

10 de junio: viernes negro

Junio 13, 2011

10 de junio, leo las noticias. Me pregunto: ¿Será un viernes negro? Veamos: el diferencial de la deuda soberana española escala los 250 puntos respecto al bono alemán; en la bolsa de Madrid, el IBEX 35 pierde los 10.000 puntos (en teoría el suelo que debía impedir la bajada), y cierra a 9.050; Telefónica decide suspender la emisión de su filial ATENTO por falta de demanda en el mercado de capitales; el Banco de Santander no consigue colocar una emisión de títulos de 1.000 millones de euros, sólo le compran 500 millones y el resto lo tienen que absorber los  bancos aseguradores; es una emisión que tituliza créditos dados al sector público española (autonomías) ¿Quién iba a confiar en estas instituciones para quedarse con papel de sus deudas en este momento?

El mismo día el informe de coyuntura del ministerio de Economía indica que el segundo trimestre fue malo, en la tónica del primero. EL PIB sólo aumentó en el sector turístico y con reparos. En las perspectivas: una bajada del paro por los contratos temporales del turismo veraniego; pero, a su vez, Trichet, BCE, anuncia un aumento del tipo de interés para julio. Dato fatal en una economía que necesita reanimar la inversión para crear empleo.

Mala imagen de la marca España

Todo esto lo comentamos ese mismo día en la tertulia de La Linterna, en la COPE, junto a Juan Pablo Colmenarejo, Jose Antonio Navas, Mikel Buesa y yo mismo. Ante el pesimismo, me niego a creer que ese es el panorama real de España; sería como para salir corriendo. En la calle no se siente la derrota tan fuerte. Las personas trabajan, se mueven, hacen su vida normal.

Pero, hay algo que empieza a preocuparme más que la ineficiencia del Gobierno y las maltrechas finanzas públicas ¿Será que la mala imagen de la marca España está arrastrando a nuestros buques insignia empresariales? Hace un año era solo una hipótesis ¿Es ahora una realidad? Sería  la puntilla económica, el final de un ciclo de ilusión colectiva que empezó a declinar en 2006. Un despertar amargo que nos sumiría en otro pesimismo crónico. La vuelta a la España del 98 (1898), aquella de las pérdidas de los últimos restos coloniales y la conciencia del fracaso colectivo. Una excusa que los nacionalismos periféricos pueden alegar para intentar desmembrar el Estado.

No es posible que esta situación  sea real, vuelvo a decirme. Pero la imagen continuada acaba influyendo en la realidad. Algo hay que hacer para cortar esta espiral. El Gobierno envía una señal al mercado. No se trata de la Reforma de la Negociación Colectiva, aprobada ese mismo día por el Consejo de Ministros y discutida por todos, sino del nuevo reglamento de los ERE’s (Expediente de Reducción de Empleo), que permitirá a las empresas reducir su personal con 20 días de indemnización si demuestran pérdidas transitorias; facilita más el despido colectivo barato. Interpreto que el Gobierno lo hace para que los órganos de la UE reciban una señal clara e inequívoca de que la reforma laboral avanza.

Vuelven los fantasmas del pasado

Pero esta es sólo una de las tres Reformas necesarias. En las finanzas públicas el aumento de la prima de la deuda soberana no indica que esté cambiando la percepción de los mercados; habrá que profundizarla más y mantener en los próximos Presupuestos Generales del Estado, entre otras cosas, la congelación del sueldo de los empleados públicos. Eso deprimirá el consumo, pero dará otra señal de austeridad al mercado. En la otra reforma necesaria, la bancaria, el sector financiero tiene que capitalizarse ¿Lo podrán hacer los Bancos procedentes de las Cajas en un mercado bursátil que parece no confiar ni en las mayores empresas del país?

Un viernes negro en el que parece que todos los fantasmas del pasado se han levantado contra España, esta España mía, esta España nuestra, como dice la canción ¿Seremos capaces de ahuyentarlos? La primera señal sería una toma de conciencia por parte del Gobierno, que consciente de su deterioro adelante las elecciones ¿Serán capaces?

J.R. Pin Arboledas es Profesor del IESE. Cátedra de Gobierno y Liderazgo en la Administración Pública