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Zarzuela reacciona a destiempo y con descoordinación: don Juan Carlos reaparece, en compañía de doña Sofía, en el funeral de su primo Carlos de Borbón-Dos Sicilias

Octubre 9, 2015
infante don juan

La muerte, que todo lo iguala, ha conseguido que don Juan Carlos reapareciese en la escena pública oficial el pasado miércoles al asistir a la capilla ardiente de su primo hermano el infante don Carlos, y posteriormente a su entierro . Una aparición más que esperada, y en compañía de doña Sofía junto a quien hace mucho tiempo que no le veíamos, pero es que ninguno quiso dejar de dar su apoyo a la familia del difunto, y en particular  a su viuda, la princesa Ana de Orleans, que en 1962 fue una de las damas de honor de doña Sofía en su boda, y a su hijo el príncipe Pedro devenido ahora rey “de derecho” del extinguido reino de las Dos Sicilias.

Venía el rey emérito de pasar unos días en las costas de Saint Tropez, donde se entregó a su ahora renovada pasión por las regatas y, aunque sabemos que en estos tiempos no es amigo de los encuentros familiares en masa, no pudo dejar de estar presente en el velatorio y en el posterior entierro, ayer jueves, de su primo “Carlitos” -como siempre fue conocido en familia-, que durante muchos años fue el único miembro varón de su propia familia en quien pudo apoyarse durante su reinado (no sucedió así con Alfonso y Gonzalo de Borbón  Dampierre), premiándole finalmente con el Infantazgo de España.

Un entierro con honores militares con la presencia de cuatro reyes

Pero si don Felipe y doña Letizia no pudieron acudir a la capilla ardiente, que se alargó hasta las seis de la tarde del miércoles, por encontrarse él en Estrasburgo, allí si estaban los reyes Simeón y Margarita de Bulgaria, Luis Alfonso de Borbón, Juan Abelló, Ana Gamazo, o José María Álvarez del Manzano que saludaron al príncipe Pedro que presidía el duelo familiar. Un reducido grupo de familiares y amigos a la espera del entierro con honores militares que tuvo lugar a las doce de la mañana de ayer jueves en presencia de los reyes eméritos, y de don Felipe y doña Letizia que tenían el día sin agenda oficial.

Y como el magnífico entorno del palacio-monasterio siempre ejerce un poderoso atractivo sobre la amplia familia del rey, y más aún si se cuenta con la inusual presencia de los cuatro reyes, además de que no todos los días se entierra a un infante de España, allí estaban numerosísimos parientes que también quisieron arropar a los primos Borbón-Dos Sicilias entre quienes destacaba la infanta doña Alicia, madre del difunto, que a sus casi 98 años se pasó casi toda la tarde del velatorio recibiendo a amigos y deudos en silla de ruedas.

Descoordinación entre Zarzuela, departamentos de Casa Real y la secretaría del difunto

Sin embargo no ha sido nada fácil poder organizar el luctuoso acto del entierro, dados la ya habitual agenda apretada de don Felipe VI y doña Letizia -hoy viernes ella viaja a Düsseldorf-, la pasión viajera de don Juan Carlos de cuyo paradero nos vamos enterando a cuenta gotas por la prensa, las dudas sobre la trascendencia oficial a dar a la celebración y por tanto sobre el protocolo a seguir, las circunstancias del fallecimiento del infante en su Finca de Ciudad Real, y lo que parece una escasa coordinación entre el gabinete de prensa de Zarzuela, otros departamentos de Casa Real, y la secretaría del difunto don Carlos que, no olvidemos, era jefe de otra casa real y esa particularidad generaba complicaciones añadidas en relación con la organización y el protocolo a aplicar.

De hecho, solamente a media mañana del miércoles se informaba finalmente desde el gabinete de prensa de Zarzuela sobre la naturaleza del acto y sus particulares, saliendo al paso de multitud de informaciones diversas y hasta contradictorias que desde el lunes, día del óbito, habían ido filtrándose desde el propio entorno de la familia Borbón-Dos Sicilias y expandiéndose de manera oficiosa a través de las redes sociales. Así, en un primer lugar, se dijo que el entierro tendría lugar el martes, hecho que recogía el generalmente bien informado diario ABC, y se avanzó que posteriormente se fijaría la fecha de un funeral. Pero esa misma tarde, cuando ya le creíamos en El Escorial, el féretro de don Carlos permanecía aún en su Finca La Toledana, lugar de su fallecimiento en la provincia de Ciudad Real, a donde tuvo que desplazarse el duque de Hornachuelos como delegado del príncipe Pedro para  intentar organizar las cosas y hacerlo con la mayor premura posible. Entre tanto, esa misma tarde, Zarzuela se ponía en marcha para organizar el entierro de ayer jueves, llamando entre otros a Luis Alfonso de Borbón para preguntarle si asistiría y si, en caso de hacerlo, lo haría en compañía de su esposa Margarita Vargas,  que finalmente estuvo presente a pesar de arrastrar una lesión en el pie que la mantiene bastante inmóvil.

Falta de previsión impensable en la monarquía británica

Idas y venidas para intentar cuadrar las cosas, que dejan clara una falta de previsión impensable en la monarquía británica que tanto cuida estas cuestiones, y contradicciones por los criterios distintos de unos y de otros puesto que no es lo mismo enterrar a un infante de España, con derecho a yacer en el Panteón del Monasterio de El Escorial, que enterrar al jefe de la casa real de las Dos Sicilias aunque ambos sean la misma persona.

Por otra parte, se hacía difícil dar una gran dimensión institucional al entierro, y más aún declarar un luto oficial por el fallecimiento de un infante tan desconocido del gran público -ya hay quien ha criticado que doña Letizia no llevase algún signo de luto en su atuendo en estos últimos días-, y quizá por ello se decidió celebrar una misa con honores militares para despedir a don Carlos antes de dejarlo yacer en “el pudridero” del Panteón. Invitar a una celebración de carácter estrictamente familiar, dejando para el mes de noviembre un funeral de mayor calado para posibilitar la venida de príncipes extranjeros, fue la solución elegida por la casa real española que es tan poco amiga de pompas  y de imágenes de señores vestidos con capas de colores. Pero desde la casa real de las Dos Sicilias se reclamaba espacio para la presencia de los miembros de sus órdenes dinásticas -en particular de la Orden Constantiniana de San Jorge-, todos ellos muy leales y muy afectos al infante y a su hijo, y a la postre el encuentro familiar se trasformó en un acto de puertas abiertas que satisfizo a ambas partes y que tampoco quiso perderse la infanta Cristina.

Pero protocolos aparte, fue emotivo y simbólicamente significativo poder ver de nuevo juntos a nuestros cuatro reyes, recibir una imagen de grupo familiar que nos hace olvidar por un momento la fría sobriedad de la familia nuclear, y percibir también el afecto con el que todos arroparon a sus primos Borbón-Dos Sicilias, y en particular al príncipe Pedro, nuevo jefe de esa casa, para quien algunos ya anhelan que en breve sea elevado por don Felipe -tan parco en estas cuestiones-, al rango de Infante de España.

Ricardo Mateos