Menú Portada
Mientras Isabel II pide más dinero a su gobierno para poder mantener las residencias reales

Zarzuela aún valora la presencia o no de la familia real española en los funerales de Otto de Habsburgo

Julio 10, 2011
pq_927_otto_habsburgo.jpg

Toda la realeza católica ya se prepara para los solemnes funerales que se celebrarán el sábado próximo en Viena por el alma del archiduque Otto de Austria y de su esposa la princesa Regina de Sajonia-Meiningen. Los Habsburgo se están entregando en cuerpo y alma (“los hijos del difunto están trabajando como locos”) en esta despedida del hijo del último emperador, organizando para ello todo un rosario de actos religiosos y misas de réquiem en la línea de la más vieja tradición imperial. Ceremonias religiosas que tendrán lugar durante esta semana tanto en la histórica iglesia de los Teatinos de Munich, como en el santuario de Marizell (tan vinculado a la familia austro-húngara), la Viena imperial y la Budapest real. La gran ceremonia en Viena, que será multitudinaria, contará con una nutridísima asistencia de altezas imperiales, reales y serenísimas entre quienes no faltarán las familias reinantes en Bélgica, Luxemburgo y Liechtenstein, y allí estarán también representantes de toda la gran nobleza imperial procedentes de Austria, Hungría, Bohemia y Alemania.

Ya se sabe que el príncipe Bertrand de Orleáns-Braganza representará a la familia imperial del Brasil, los duques de Braganza llegarán desde Portugal, y en el palacio de la Zazuela aún se valora la presencia o no de la familia real española, y en su caso quien la representará pues “todo está aún por decidir en función de las complejas agendas y también de otras presencias”. En emocionado recuerdo de su padre el hijo del finado, el archiduque Carlos esposo de Francesca Thyssen-Bornemisza, ha declarado a la prensa: “Mi padre era un hombre muy excepcional. Con él hemos perdido a un gran europeo que ha dejado una gran huella en todos sus hijos para el resto de sus vidas”.

Desenredando la historia de la “prisionera de Mónaco”

 

Entre tanto toda la prensa francesa continúa intentando desenredar la madeja de los turbulentos acontecimientos previos a la boda de Alberto de Mónaco y Charlene Wittstock, a quien el diario de Internet vsd.fr denomina la prisionera de Mónaco. Parece que el intento de fuga (se habla de tres intentos distintos en el transcurso del último año) de la ahora princesa se confirma, incluso a través de fuentes policiales y militares francesas, quedando con ello patente el deseo de las autoridades galas de echar una mano en todo momento a Alberto de Mónaco. Y es que según los medios franceses “ella ha tomado conciencia de que es la rehén de la roca monegasca, que cuenta con su matrimonio para rejuvenecer un principado que se intenta relanzar a toda costa. El que en otro tiempo fuera el paraíso de la jet-set ya no hace soñar y Alberto, que no tiene el carisma de su padre, tiene hasta problemas para vestir el uniforme de jefe del estado desde su entronización en 2005”.

Pero los recién casados han continuado celebrando su matrimonio con una gran fiesta en el lujoso Hotel Oyster Bay de la ciudad de Durban, en Sudáfrica, alojados en una maravillosa suite de 4.600 libras esterlinas la noche, y los expertos en realeza se conforman con las glamorosas fotos de los invitados reales de la boda en el principado y con la visión de la diadema espuma, regalo de Alberto a Charlene, una creación del joyero Lorenz Baumer en oro gris pavé de diamantes.


Isabel II: propiedades y nuevos quebraderos de cabeza


Mientras tanto en Inglaterra la reina Isabel pide más dinero a su gobierno para poder mantener el conjunto de las residencias reales en momentos en los que se descubre que su hijo Andrés, que últimamente no le da mas que quebraderos de cabeza, se ha gastado de diversos fondos públicos la nada despreciable cantidad de 358.763 libras esterlinas tan solo en el último año. Isabel II recibe 11,9 millones de libras anuales para el mantenimiento de sus palacios, pero afirma no poder con ello hacer frente mas que a las reparaciones de urgencia y temer que tan históricos lugares entren en un estado de descuido y decadencia. De hecho, solamente la reparación de la fachada del palacio de Buckingham, atracción turística de primer orden, ha costado 3,5 millones de libras, y aunque en el último año el gasto de la casa real británica se ha reducido en 1,8 millones de libras (el personal se ha reducido de 111 a 106 personas, y se han limitado los servicios de seguridad de diversos miembros de la familia), el monto de la lista civil todavía parece ser insuficiente.

En contrapartida el viaje de los flamantes duques de Cambridge por tierras de Canadá, seguido puntualmente por la prensa británica, está siendo todo un éxito que viene a aliviar las siempre interminables preocupaciones de los Windsor. 

 

Ricardo Mateos