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Los empresarios "pro" Zaplana, perjudicados

(Y 2) La sombra del caso Naseiro planea sobre la debacle de Llanera y el nuevo campo del Valencia

Octubre 14, 2007

Francisco Camps y Rita Barbera imponen sus criterios empresariales

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Sin lugar a dudas las necesidades económicas acucian por sistema a los equipos de fútbol españoles, aunque muchos ciudadanos se preguntan en qué se gastan los cuartos teniendo en cuenta los miles de millones que aseguran tener para pagar a futbolistas a precio de mercenarios pacíficos del siglo XXI. La verdad es que es una pregunta sin respuesta salvo que veamos que el fútbol debe ser un negocio altamente rentable a tenor de las bofetadas que se subastan en post de lograr una presidencia.
 
Dicho esto, cuando jugadores y directivos se fagocitan el presupuesto no queda otra que recurrir a nuevos medios que garanticen el modus vivendi. Y de este último vamos a hablar, del vivendi: de la vivienda, de la recalificación de terrenos, de permutas de suelo y de nuevas sedes futbolístico-faraónicas, y de los llamados a pillar un buen pellizco por las nuevas obras. Esta es la historia del principio del fin de Llanera, cuando creyó dar el salto definitivo a la consolidación empresarial y el enriquecimiento consolidado a terminó saltando al vacío sin una red suficientemente fuerte que soportara la fuerza de su peso.
 

Recalificación multimillonaria

El Valencia CF, el equipo de la capital valenciana, andaba tiempo dándole vueltas al modo de enjugar deudas y satisfacer a los accionistas a medio plazo. Las noticias del Real Madrid decidiendo recalificar su ciudad deportiva abrieron los ojos a otros clubes que ya habían olvidado que fue el RCD Español quien convirtió, allá por la década de los 90, el viejo Sarriá en bloques de lujosas viviendas.
 
Así que al presidente del Valencia CF, Juan Bautista Soler, que tiene muy poco de deportista y dicen que mucho de especulador –por aquello de comprar barato y vender caro- , propuso recalificar el viejo Mestalla y construir un nuevo estadio. Para eso se puso de acuerdo con Rita Barberá, la alcaldesa de la ciudad, y decidieron que un solar de la flamante avenida de Les Corts Valencianes sería el lugar idóneo para levantar el nuevo campo.
 

Un barrio del PP

No vamos a entrar en cómo se había hecho la expropiación de esos terrenos, cuyo destino inicial era construir un área de servicios deportivos y juegos para niños, sin altura ninguna. Ahora, con el nuevo proyecto de uso, la calma y tranquilidad en la zona desaparecerá para siempre; incluso los vecinos y los partidos de la oposición tachan de engaño e ilegal la recalificación. Una casualidad: en esa zona de Valencia, el PP barrió en las últimas elecciones locales a pesar de que les han estafado.
 
Superado el escollo del terreno faltaba sacar a concurso el proyecto de nuevo estadio para el equipo valencianista y se presentaron numerosas propuestas, entre estas la promovida por Llanera. En concreto, el Valencia CF invitó a ocho empresas para que estudiasen el proyecto e hicieran sus propuestas: Acciona, Dragados y Construcciones, FCC, Ferrovial y cuatro empresas locales: Llanera, Lubasa, Bertolín, y Sedesa.
Llanera, en esta aventura, echó el resto. Convencidos de ganar, contrataron el 23 de noviembre de 2005 al ingeniero Luis Janini González como director del Área de Construcción, un hombre procedente de Sacyr-Vallehermoso y que nació profesionalmente en Dragados y Construcciones, de la mano de su padre Luis Janini Tatay.

Llanera: su gozo, en un pozo

En Llanera estaban convencidos de que se iban a llevar el gato al agua, que el asunto estaba cantado, y no escatimaron en gastos y se dejaron una buena fortuna en el proyecto. Janini hijo se le presuponía buenos contactos futbolístico-inmobiliarios cercanos al poder popular local y nacional del buen amigo de la familia Eduardo Zaplana. Y Fernando Gallego y sus consejeros de Llanera echaron el resto. Llanera se alió con GMP Internacional y presentó su proyecto “ganador”.
Pero Llanera no se dio cuenta de que sus valedores políticos ya no tenían peso y el Valencia CF, de acuerdo con la alcaldesa de la ciudad y el presidente autonómico, Francisco Camps, marcaron el destino: el nuevo estadio será el diseñado por FCC y Construcciones Bertolín, en una UTE, que tan fielmente ha trabajado para las administraciones gestionadas por el Partido Popular. Las Koplowitz se habían llevado el magno contrato, con un presupuesto inicial de 82 millones de euros, y que conociendo como funciona esto de los sobrecostes no previstos, podría incrementarse no menos de un 50 por ciento.
 

Triunfo, una vez más, para las Koplowitz

La ruina para Llanera y un nuevo triunfo para las Koplowitz cuyo grupo empresarial FCC ha estado siempre presente en los grandes proyectos que se han desarrollado en esta Comunidad. Encabezó la ejecución de obras emblemáticas como el Museo de les Arts i les Ciències, el Oceanogràfic, L’hemisfèric -premiado como la mejor obra de ingeniería civil-; la ampliación de la Feria de Valencia; la construcción de la Ciudad de la Justicia y el Metro de Valencia.
 
La confianza de Fernando Gallego en Luis Janini se desvaneció de golpe, un hombre marcado por la historia de su padre, ingeniero como él, que supo lo que es llevar puestas las esposas, viajar en vehículo patrulla y la soledad de los calabozos policiales, tras ser detenido por orden judicial al ser imputado en el “Caso Naseiro” en 1989, poco después de la llegada al poder de José María Aznar.
 

Y Naseiro, presente

Poco después de la llegada de José María Aznar a la presidencia del Partido Popular en 1989 salta a la prensa el llamado caso Naseiro. Un juez instructor de Valencia dictó auto de procesamiento contra varios miembros del PP entre los que se encontraban José Luis Sanchis, diputado por Valencia, y el administrador Rosendo Naseiro, además de directivos empresariales como Luis Janini, delegado de Dragados y Construcciones, en la Comunidad Valenciana.
 
El procesamiento de estos miembros del Partido Popular tuvo lugar tras haberse realizado escuchas telefónicas a otro miembro del partido, el concejal de Valencia Salvador Palop, cuyo hermano estaba siendo investigado por narcotráfico, estas escuchas descubrieron un supuesto caso de financiación ilegal del Partido Popular.
 

El calvario de José María Aznar renace

El caso Naseiro convirtió 1990 en un calvario para José María Aznar, que teniendo el precedente de lo sucedido en el PSOE anteriormente realizó una investigación dentro de su partido y solicitó que se abriera una comisión de investigación en el Congreso, rechazada por los socialistas. La crisis hizo que varios miembros del Partido Popular fueran expulsados de éste, e incluso se pidió la expulsión de Eduardo Zaplana, quien en distintas conversiones pone de manifiesto su particular visión del uso la política para lograr fines nada honestos.
 
El “caso Naseiro” llegó al Tribunal Supremo, debido a la condición de diputado de José Luis Sanchis, donde quedó archivado a causa de las irregularidades en la instrucción del sumario: las escuchas telefónicas se habían ordenado para investigar únicamente el caso de narcotráfico y, por tanto, su utilización en el presunto delito de financiación ilegal no gozaba de supervisión judicial.
 
 
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