Menú Portada
La pequeña fue violada, golpeada y enterrada viva

Verónica Carlier Corell, secuestrada con 4 años en 1977

Septiembre 1, 2013
pq_936_Verónica-Carlier.jpg

La primera voluntad de un asesino es la de cumplir sus objetivos (sean estos crematísticos, sexuales, políticos, etc.) por medio de la eliminación física de quien se interponga; la última voluntad, no ser descubierto. Cada vez que un crimen queda sin resolver se abre una pequeña grieta en la sociedad, a la que van a parar el dolor de los familiares y la frustración de unos agentes de las Fuerzas de Seguridad del Estado que, a pesar de haber puesto toda su profesionalidad y conocimientos en el caso, no han podido evitar la impunidad del criminal, su última voluntad.

Los lectores que se acerquen a esta sección van a disponer de los datos más relevantes de decenas de asesinatos y desapariciones que han tenido lugar en España en los últimos años. No va a encontrar -ya lo aviso-, relatos sobre los más conocidos, aquellos sucesos que han recibido un tratamiento profuso en los medios. Aquí descubrirán esos otros casos, de los que nadie habla, pero igualmente reales y atroces. Eso sí, no serán historias “carroñeras”, de las que se recrean en el morbo hasta la náusea; se contarán los crímenes tal y como sucedieron y los trabajos posteriores para tratar de localizar al culpable e impartir justicia. Si con ello conseguimos que alguien aporte nuevos datos a las investigaciones y las encamine a su resolución, habremos logrado algo importante: que no se cumpla la última voluntad del asesino.

La tesis del rapto

El primer caso que traemos al El testamento de Caín es un suceso espantoso del que en esta misma semana se cumplen nada menos que 36 años. La niña Verónica Carlier, de 4 años de edad, hija adoptiva del cónsul de Bélgica en Valencia, Pier Jean Carlier, fue secuestrada el 5 de septiembre de 1977, cuando estaba jugando en el jardín de su vivienda, en la urbanización Campo Olivar de la localidad valenciana de Godella. A eso de las siete y media de la tarde, su madre entró un momento en la casa y, al salir, la niña había desaparecido. Los dos grandes dóberman guardianes de la vivienda no habían ladrado en ningún momento.

De inicio, las Fuerzas de Seguridad barajaron varias hipótesis sobre la posible autoría del rapto, que fueron perdiendo consistencia con el paso de los días: se llegó a hablar de la responsabilidad de los GRAPO o de los FRAP en el secuestro, y de un interno escapado del Hospital Psiquiátrico de Bétera o del reformatorio de Godella. De lo que no cabía duda era que se trataba de un rapto, toda vez que Verónica nunca se habría marchado por voluntad propia. Sus padres la calificaron como una niña muy despierta, que sabía la dirección de su casa y que hablaba correctamente a pesar de su corta edad. Sin embargo, nadie se puso en contacto con la familia para pedir rescate o algún tipo de condición para liberarla.

Violada, golpeada y enterrada viva

Policías y guardias civiles realizaron batidas de diez kilómetros a la redonda del punto en el que había desaparecido la niña. Intervinieron en ellas hasta 200 agentes acompañados de perros rastreadores y un helicóptero. El jueves 8 de septiembre, tres días después de la desaparición, uno de los perros de la Benemérita, un pastor alemán de nombre Pálmer, comenzaba a ladrar insistentemente al tiempo que permanecía completamente inmóvil junto a una gran piedra a unos 80 metros de la casa de los Carlier, en una zona de monte. Acababa de encontrar el cadáver de Verónica.

La autopsia reveló que la pequeña había sido violada y golpeada y, después, enterrada viva en un agujero tapado con una roca de grandes dimensiones y hojarasca. El desenlace más horroroso que podía esperarse. Una nueva línea de investigación apuntaba a un trabajador esporádico en la casa del cónsul como implicado en los hechos, mientras que la agencia de noticias Cifra informaba del arresto de un individuo con problemas psiquiátricos y que la Guardia Civil buscaba a otro hombre con barba. Finalmente, una semana después del descubrimiento del cadáver, las Fuerzas de Seguridad confirmaban el arresto de un albañil de 53 años y soltero, vecino de la misma urbanización, donde era conocido como “El Ermitaño”.

Un único sospechoso exculpado por el Juez

Varios indicios señalaban a El Ermitaño como supuesto autor del secuestro, violación y asesinato de Verónica Carlier: cerca del agujero donde fue sepultada viva la niña se encontró una herramienta propiedad del albañil; también llamaba la atención lo bien trabadas que estaban las piedras sobre la tumba improvisada; además el sospechoso conocía a la niña y tenía antecedentes por abuso de menores. El detenido fue enviado inmediatamente a prisión mientras el rostro sonriente de la rubia y simpática Verónica ocupaba las portadas de la mayoría de los diarios españoles ante el espanto y la indignación del país entero.

Sin embargo, el sospechoso fue exculpado por el juez, al igual que el jardinero de la familia, a quien la Policía llegó a interrogar sin poder probar su implicación en los hechos. Después de muchas conjeturas, interrogatorios e indagaciones, el asesinato de Verónica entró en vía muerta y ya prescribió hace muchos años. Si el responsable de esa atrocidad se movió por instintos sádicos, de maniaco sexual, o simplemente de enajenado mental es algo que probablemente nunca sabremos.

José Manuel Gabriel
josemanuelgabriel@extraconfidencial.com