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Verdades y mentiras en la comparativa Zidane-Benítez: el Real Madrid no ha mejorado su condición física ni ha variado su estilo, sólo se trata de un aspecto psicológico

Febrero 22, 2016
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Es indudable que ha habido un cambio en la actitud de los jugadores del Real Madrid con la llegada de Zinedine Zidane al banquillo y la consiguiente marcha de Rafa Benítez. Pero únicamente se trata de eso, de un aspecto psicológico. Los futbolistas -la mayoría-, están contentos, con mayor implicación y alegría cuando saltan al verde. Pero continúa habiendo problemas. Casi los mismos que en la época de Benítez.

Entrenar al Real Madrid es muy complejo. No es suficiente con destacar desde el punto de vista táctico. Tampoco vale con dominar el aspecto psicológico. No funciona por sí sola la mano dura. Para entrenar a un equipo como el blanco, para muchos el club más importante del planeta fútbol, es necesario un compendio de todas estas virtudes. Digamos que el entrenador ideal para el Madrid es un gestor de grupo, firme en sus decisiones pero con mano izquierda, que además consiga que su equipo se instale de una vez en un determinado sistema de juego y que, por último, consiga tener un buen trato con la prensa y directiva. De momento, Zidane ha demostrado tenerlo casi todo. Pero falta el casi y en este caso es muy grande.

Con el viento de cara desde el principio

No se le puede negar a Zidane que ha logrado, incluso antes de sentarse en el banquillo del Santiago Bernabéu por primera vez, el favor de la prensa. En este punto, Rafa Benítez -en muchas ocasiones por méritos propios-, fue blanco habitual de los ataques periodísticos. Esto terminó siendo letal para él, básicamente porque le otorgaba una importancia excesiva a las opiniones vertidas en cualquier medio, por pequeño que este fuera. Como anécdota, en la comida de Navidad se pudo ver al ex del Nápoles comentarle, con cierto aire melancólico, a un directivo lo siguiente: “Es que en cualquier página web te ponen de vuelta y media. Yo llevo 30 años en esto y no lo entiendo”.

Por el contrario, Zidane llegó envuelto en un aura de veneración que sólo podía haber destruido con una actitud déspota y maleducada en la sala de prensa. Y eso nunca ha sucedido. La euforia se apoderó del entorno madridista con su ascenso (ese mismo que no había logrado en el campo), del Castilla al primer equipo. Pasó con los medios, mucho más pacientes de lo normal. Ocurrió con la directiva, entregada completamente a un hombre que ya dio mucho al Madrid como futbolista. Y todo esto se ha venido confirmando con las sucesivas –y a veces innecesarias-, declaraciones de los jugadores: todos adoran a Zidane y repudian a Benítez, que se consuela defendiéndose desde la distancia y el tiempo.

No hay (tanto) cambio en la forma de entrenar

Tras el primer partido de Zidane como entrenador del primer equipo (victoria por cinco goles a cero ante el Deportivo), muchos se apresuraron a asegurar que la manera de entrenar había cambiado. Que a pesar del buen ambiente entre los jugadores se había aumentado la carga física, incluso con largas sesiones de gimnasio. Varios entrenadores de primer nivel niegan tajantemente este supuesto: “Es imposible que un equipo mejore tanto físicamente en sólo quince días. El trabajo ya estaba de base, eso seguro. Si todo fuera tan sumamente fácil, no habría pretemporadas”.

Así pues y tras los primeros fuegos artificiales, comienzan a asomar la cabeza los problemas que parecieron erradicados con la llegada de Zizou. Punto uno: el equipo sigue sufriendo en las transiciones defensivas, sobre todo en las bandas; es verdad que las ayudas llegan con mayor asiduidad, pero siguen sin ser suficiente para tener una base sólida en defensa. Punto dos: la salida de balón suele ser un pateo en largo de Keylor Navas y después se busca la segunda jugada. Esto no tendría por qué ser negativo pero desde hace tiempo al Real Madrid se le exige cierta estética en su manera de tratar el cuero y Zidane prometió eso mismo. De medio campo para arriba sí se ven ciertos destellos combinativos pero no se mantienen en el partido. El punto tres es una evolución del dos: lo que sobre todo se le pide al Madrid, sobre todas las cosas, es que adopte un rumbo, un estilo de juego definido, sea mejor o peor, pero que sepa a qué juega: contragolpe o toque, 4-4-2 o 4-3-3, blanco o negro pero nunca gris.

Está claro, no obstante, que ha habido un cambio tremendo en el aspecto psicológico pero ahora la duda es si eso va a ser suficiente para poder pelear por la Champions (toda vez que la Liga se antoja casi imposible). Da la sensación de que el equipo va sacando los partidos de una forma anárquica, sin un orden establecido. A veces se sufre más y otras son tardes más plácidas pero si el Madrid sigue dando miedo a los rivales es por sus individualidades y no por el bloque. Algo parecido ocurría con Benítez. Y con Ancelotti. Y con Mourinho. Y van…

Felipe de Luis Manero

@felipedeluis99