Menú Portada
La enigmática muerte de un empresario de la noche

Veinte años después, sigue sin haber ningún detenido por el estrangulamiento, en uno de sus locales, de Cayetano Piedra Lara

Junio 30, 2014

La Policía investigó en círculos de colombianos, austriacos, mafias de la prostitución y travestidos, sin dar con el asesino

pq_929_Cayetano-1.jpg

El empresario hostelero catalán Cayetano Piedra Lara, de 65 años, fue asesinado en el interior del bar de su propiedad Los Faroles, en la calle Ample de la localidad gerundense de La Bisbal, el 3 de julio de 1994. Fueron unos familiares quienes encontraron el cadáver, alarmados porque Cayetano no había ido a casa la noche anterior tras su jornada de trabajo. En principio, la Guardia Civil barajó la hipótesis del robo como móvil del crimen, ya que habían sido sustraídas varias joyas que el industrial siempre llevaba encima. La víctima había sido estrangulada, y junto a su cuerpo apareció un cordón de atar zapatos con el que, supuestamente, se cometió el asesinato. Los investigadores tampoco descartaban otros escenarios, como el de la venganza o, incluso, el crimen pasional, por lo que tomaron declaración a varias personas de su entorno.

Después de unos meses de pesquisas infructuosas, el juzgado dictaba la conclusión del sumario el 9 de marzo de 1995, en contra del criterio de la acusación popular, ejercida por la familia de la víctima. La mujer y los hijos de Cayetano Piedra solicitaban, también, que fuera el Cuerpo Nacional de Policía y no la Guardia Civil quien se hiciera cargo del caso a tenor de los escasos resultados cosechados por la Benemérita. Los tribunales desestimaron igualmente la petición.

Prostíbulos y sesiones de vudú: la pista ibicenca

El 27 de junio de 2000 se anunciaba la aparición de una nueva pista interesante y el juzgado número 4 de La Bisbal reabría el sumario. Se trataba de la declaración de una mujer que aseguraba haber sido testigo presencial del asesinato de Cayetano Piedra Lara. Contó que el asesino había sido un travestido de elevada estatura, identificado fotográficamente como Abelardo Fontán Torres, sobre quien pesaba una orden de ingreso en prisión por narcotráfico dictada por la Audiencia de Barcelona. Sin embargo, la testigo no pudo aportar detalles claros de los hechos, el travestido no fue localizado, y los guardias civiles dieron a la mujer por trastornada y a su testimonio, por nulo. Pero lo más asombroso estaba todavía por llegar. En 2001 una mujer brasileña se presentaba en la comisaría de los Mossos de La Bisbal para contar que, cuando residía en Ibiza, había escuchado una conversación de unos vecinos suyos explicando, con todo lujo de detalles, cómo habían dado muerte al empresario. La policía catalana siguió la pista de los sospechosos por diversos clubes de alterne donde la mujer había situado sus actividades, y no encontró nada. Volvieron a interrogarla y, para desconcierto de los agentes, dijo que en realidad era santera y que todos los datos los había obtenido durante una sesión de vudú.

Nueva versión: cocaína y premios de lotería

Como todo era muy extraño, los Mossos procedieron a un tercer interrogatorio de la brasileña, con revelaciones aún más sorprendentes. En esta ocasión explicó que trabajaba como prostituta en el club La Luna de Vilobí d’Onyar, pero que anteriormente había residido en Ibiza, donde tenía unos vecinos que traficaban con cocaína. Según el nuevo relato, éstos vecinos, que eran colombianos, le habían robado todas sus pertenencias y querían hacer lo mismo con las de su novio, un alemán acaudalado. En una ocasión –según dijo- había escuchado a los colombianos comentar cómo unos años atrás habían matado a un tal Cayetano, que tenía un bar en La Bisbal. Alardearon de que, la noche del crimen, tres chicas colombianas llamaron a la puerta de Los Faroles cuando el bar ya estaba cerrado, y que Cayetano Piedra las abrió porque las conocía. Comenzaron a consumir cocaína juntos y, en un momento de descuido del empresario, las mujeres abrieron la puerta a los colombianos de Ibiza, que venían acompañados de un austríaco de nombre Vovica.

Los intrusos querían información sobre una caja fuerte que tenía la víctima, en la que guardaba la recaudación de sus dos locales y el dinero procedente de un premio de lotería que le acababa de tocar. Se entabló una dura pelea durante la cual estrangularon a Cayetano, que opuso una fiera resistencia. Los investigadores no encontraron ningún rastro de los colombianos ni del austríaco, y pusieron seriamente en duda la veracidad de las explicaciones de la brasileña. El caso era nueva y definitivamente archivado.

José Manuel Gabriel