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Las tasas de vacunación australianas alcanzan su máximo histórico -cerca del 95%-, después de que el Gobierno de Malcolm Turnbull eliminara los beneficios sociales a los anti-vacunas

Agosto 30, 2017
vacuna niños

Hace 20 meses, el 1 de enero de 2016, el Gobierno de Australia lanzó su campaña “No jab, no pay”, (Sin pinchazo no hay pago), por el que se amenazaba con retener pagos sociales a aquellas familias que no vacunaran a sus bebes. El éxito ha sido más que rotundo. En este periodo, fueron vacunados más de 148.000 niños que no estaban al día con su tratamiento con inyecciones de refuerzo. La tasa de inmunización para los niños de uno a cinco años ha alcanzado el 93%, su máximo histórico, y este año cerrará previsiblemente por encima del 95%.

“Las tasas de vacunación habían caído a un nivel históricamente tan bajo, que estábamos viendo el resurgimiento de enfermedades de las que habíamos estado libres durante años”, afirma el ministro de Servicios Sociales, Christian Porter. “Nos enfrentábamos a una situación en la que la comunidad médica nos alertaba de un alto riesgo para todos los niños”.

Obligación a vacunar sin excepciones

A la hora de plantear una medida tan contundente se analizó que muchas personas fundamentaban la no vacunación de sus hijos en razones filosóficas, religiosas o incluso en que “habían leído cosas por Internet” sin que las Campañas tradicionales para fomentar la vacunación dieran resultado. Desde el 2015, por ejemplo, el Gobierno de Australia del Primer Ministro Malcolm Turnbull había ya impedido las exenciones religiosas que esgrimían grupos como los “Científicos Cristianos”. Pero esta medida no había parado la sangría y las vacunaciones disminuían.

Por esto, decidió centrarse en el aspecto económico. Se obligó a todas las familias beneficiadas de subsidios para el Cuidado Infantil, Reembolso de Cuidado de Niños y el Beneficio de Impuestos Familiares (FTB), a que tuvieran todas las vacunas de sus hijos actualizadas para poder recibir cualquier ayuda económica, que en algunos casos pueden alcanzar 15.000 dólares australianos (unos 10.000 euros). El resultado es que la gran mayoría de los padres han dejado atrás sus prejuicios morales o pseudocientíficos y han vacunado a sus hijos, que ahora están protegidos ante enfermedades como la polio o la tosferina, cuya incidencia se había disparado en los años anteriores.

“Sí, suena duro cortar los pagos de subsidios a quienes más lo necesitan, pero peor es poner a los niños en riesgo”, afirman desde el Ministerio de Servicios Sociales de Australia. El resto del mundo puede tomar nota de esta medida exitosa.