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La actriz aseguró haber borrado los supuestos mensajes amenazantes que le envió Teresa Bueyes

Una secretaria judicial le saca los colores a Ana Obregón

Abril 22, 2008

Ni siquiera Charles Baudelaire conseguiría definir el gesto que se le quedó a Ana Obregón cuando la secretaria judicial le preguntó sobre el paradero de los mensajes de texto amenazantes que asegura que Teresa Bueyes le envió a su teléfono móvil. De traca fallera.

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No daría pie con bola ni pidiendo clemencia a los dioses. Anita Obregón parece dispuesta a hacer el ridículo ante la justicia una y otra vez. El paso del tiempo la ha convertido en una especie de juguete roto que deambula por las instalaciones judiciales como quien acude al podólogo. Resulta cómico verla sentada, casi mensualmente, en uno de los fríos banquillos de madera, embutida en sus imposibles ropajes de pitiminí, esperando a ser llamada para prestar declaración. Su última visita a los juzgados tuvo lugar el pasado  lunes a las diez de la mañana. Pese a que debía haber hecho entrega del teléfono móvil en el que asegura que recibió amenazas de la prestigiosa abogada Teresa Bueyes, lo cierto es que, en presencia de la secretaria judicial, aseguró que había borrado el contenido de su bandeja de entrada, por lo que no podía probar la existencia de tales mensajes de texto. Me cuentan que su cara era todo un poema que ni siquiera Baudelaire, el poeta moderno, hubiera conseguido definir.
 
Un tanto descolocada, la secretaria le espetó un “¿y entonces?” que dejó sin palabras a una Ana Obregón que movía sus escuálidas piernas en señal de histeria. Y eso que en los pasillos de los juzgados alardeaba de poseer un “as bajo la manga” con el que iba a conseguir “machacar” judicialmente a la respetada letrada. De nada le sirvió ir acompañada de un Javier Saavedra que hacía burla de la ortografía del abogado de la Bueyes: “Fíjate Anita, un abogado que escribe su nombre con “k” ya sabes como es en el plano judicial”, comentó ante las sonoras carcajadas de una Obregón a la que se le pidió que redujera su elevado tono de voz. Javichu, así se refiere la Obregón al abogado de las pamelas de cartón piedra, parece no saber que Zein tiene origen alemán y que en su partida de nacimiento, así como en su documentación profesional, su nombre aparece escrito con “k”. Tal vez sería necesario que conociera la diferencia lingüística existente entre países de diferente habla. Se cree el ladrón que todos son de su condición, pues a Saavedra más de un magistrado le ha llamado la atención ante los innumerables errores gramaticales y de ortografía de sus escritos. Doy fe. Por no hablar de los defectos de forma y fondo de muchas de sus denuncias. Y, mientras, me mordisqueo las uñas a la espera de conocer el resultado de los múltiples pleitos que tiene pendientes a título personal. Quizás debería contar públicamente el motivo por el que el Colegio de Abogados decidió inhabilitarle durante una larga temporada. Nadie sabe y todos quieren saber.
 
De momento, y a la espera de que la jueza instructora determine si tiene cabida la celebración de un juicio, Anita se enfrentará a las garras de Oskar Zein, uno de los penalistas más codiciados en nuestro país, que prepara a todo gas un escrito que se presentará ante las autoridades judiciales para desempolvar los verdaderos intereses de la bióloga en su cruzada con la letrada. Habría que tomar medidas contra aquellas reincidentes que se escudan en las denuncias falsas para hacer daño. Ya está bien de mentir, Ana.
 
Anita y sus problemas
 
Sin apelar a la demagogia, suena a incoherencia de mercadillo que Anita trate de acercarse a organizaciones que luchan por el bienestar de menores afectados de Síndrome de Down y utilice el apelativo “subnormal” para dirigirse a sus empleados, tal y como recoge la sentencia en firme que hace unos meses publicamos en exclusiva en extraconfidencial.com. La misma fue dictada después de que Sonia, su ex secretaria, le interpusiera una denuncia por insultos y vejaciones injustificadas en su lugar de trabajo. Toda una proeza de la que también dieron cuenta Emérita Elena, su ex cocinera, y Matilde, una doncella ilegal que todavía trabaja en el domicilio de Darek. Ambas continúan con la firme intención de desenmascarar judicialmente a la actriz de la eterna sonrisa a la que acusan de malos tratos psicológicos. Una maraña judicial que en la actualidad se dirime en los juzgados de Alcobendas, a los que muchos se refieren como el segundo hogar de la García Obregón
 
Se la toman a cachondeo
 
A Anita sólo le falta llevarse el colchón y uno de esos saltos de cama que lucía en “Ana y los siete” a la comisaría de Alcobendas. Dicen que su caso es uno de los más comentados entre los brigadas que cada semana reciben llamadas y visitas de la actriz para interponer denuncias a troche y moche. Me cuentan que tiene a su nombre una abultadísima carpeta en la que los policías acumulan más de cincuenta denuncias interpuestas contra personas de toda índole. Todavía hay quien no se ha repuesto del último ataque de risa. Ver para creer.
 
Por Saúl Ortiz