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Con motivo de las Bodas de Oro de los monarcas

Una joya para la reina doña Sofía de parte de don Juan Carlos I

Mayo 2, 2012

Se trataría de unas valiosas piedras que forman parte de un bello aderezo de aguamarinas históricas que pertenecieron a su abuela la reina doña Victoria Eugenia

Ya en la década de los 80 el rey adquirió a su tía, la infanta doña Cristina, la magnífica tiara de diamantes y perlas manufacturada por Cartier que allá por los años 20 fue regalo de don Alfonso XIII a su esposa doña Victoria Eugenia, y que doña Sofía ha lucido en incontables ocasiones

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Se acercan las bodas de oro de don Juan Carlos y doña Sofía, y corre como rumor en medios generalmente muy bien informados que en días pasados el rey pensó en adquirir una hermosa joya para la reina como regalo simbólico y cargado de historia que marque y de realce a sus 50 de matrimonio y de convivencia llena de altibajos, que se celebrarán el próximo 14 de mayo. Un regalo muy merecido en el caso de doña Sofía, que en las últimas semanas se ha debido de sentir fuertemente expuesta ante la opinión pública tanto dentro como fuera de España.

Nos dicen que la joya que don Juan Carlos tenía en mente son algunas valiosas piedras que forman parte de un bello aderezo de aguamarinas históricas que pertenecieron a su abuela la reina doña Victoria Eugenia, y que ésta regaló a su hija la infanta doña Beatriz con ocasión de su boda con el príncipe Alessandro de Torlonia en 1935. Tras el fallecimiento de doña Beatriz el grueso del aderezo fue heredado por sus hijas las princesas Sandra (madre de Alessandro Lequio) y Olimpia de Torlonia, a quienes el rey habría hecho una oferta que ellas habrían preferido rechazar por no querer desprenderse de una pieza de tanto valor histórico, simbólico y familiar.

Ni la primera ni la última

No sería esta la primera vez que don Juan Carlos recuperase para la familia real joyas de valor histórico, sentimental y material pues ya en los años 80 adquirió a su tía, la infanta doña Cristina, la magnífica tiara de diamantes y perlas manufacturada por Cartier que allá por los años 20 fue regalo de don Alfonso XIII a su esposa doña Victoria Eugenia, y que doña Sofía ha lucido en incontables ocasiones. Pero parece que en este caso no ha podido ser, aunque esperemos que doña Sofía reciba una muestra privada y pública de afecto con ocasión de sus bodas de oro.

Son muchas las grandes piezas de joyería histórica que últimamente están saliendo a la venta en las grandes casas de subastas internacionales, pues en fechas próximas el príncipe Georg Friedrich de Prusia, jefe de la casa real de Prusia y sobrino en tercer grado de nuestra reina, saca a subasta el próximo 15 de mayo en la casa de Sotheby’s en Ginebra el bellísimo diamante llamado “Le Beau Sancy”. El diamante, que lució en su corona la reina de Francia María de Médicis el día de su coronación en 1610, tiene una larguísima historia asociada y terminó siendo propiedad de la casa real de Prusia, que ahora la saca a la venta estimándose su valor actual en la astronómica suma de tres millones de dólares.

Joyas reales a subasta

Pero también en próximos días se venderán en pública subasta, en el condado inglés de Wiltshire, unos pendientes de valiosas perlas y diamantes que en otro tiempo pertenecieron a la tercera esposa del rey Carol II de Rumania, la denostada Magda Lupescu a quien don Juan Carlos y la familia real española trataron largamente durante sus años de exilio en Estoril donde también residía la pareja real rumana. Este par de pendientes, por el que se espera sacar entre 500.000 y 800.000 libras esterlinas, fue un regalo del rey rumano a su esposa, que a su fallecimiento en 1977 lo dejó en herencia a una amiga inglesa a quien había tratado mucho en Portugal. La heredera, sin embargo, no apreció el valor de aquel legado quedando las piezas olvidadas en un cajón durante 35 años hasta que ahora sus herederos, cuyo nombre no se ha desvelado, los han rescatado del olvido decidiendo venderlos.

Pero la gran noticia de días pasados ha sido el compromiso matrimonial, que meses atrás ya habíamos avanzado en estas mismas páginas, del gran duque heredero Guillermo de Luxemburgo con la condesa Stéphanie de Lannoy. Un matrimonio “excelente” desde el punto de vista dinástico puesto que la novia desciende de las grandes familias de las noblezas belga y francesa (los Ligne, los Oultremont, Los Cossé-Brissac, los Merode, los Talleyrand-Périgord, y un largo etcétera) y tiene un tío abuelo casado con una princesa de Luxemburgo.

Su padre, el conde Philippe de Lannoy, es propietario del castillo de Anvaing, en la provincia belga de Hainaut, en la que ostenta el cargo de consejero provincial, y está casado con Marie Alix de la Faille de Leverghem. Una boda a la vieja usanza para los muy católicos y tradicionales Luxemburgo, que tras el matrimonio del actual gran duque Enrique con la cubana Maria Teresa Mestre, fuertemente criticado en el seno de la propia familia gran ducal, refuerzan ahora sus vínculos de sangre con la gran nobleza a la espera de una brillante boda en otoño que congregará a toda la realeza europea.

Ricardo Mateos