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Un turista chino pasa casi dos semanas en un Centro de Refugiados de Alemania por desconocimiento del idioma y una firma errónea

Agosto 26, 2016
TOPSHOT - View into rooms in lightweight construction where clothes are hung up at the refugee accomodation at the former Tempelhof airport in Berlin on December 9  2015  The number of arrivals for the year 2015 so far was more than four times the total for all of 2014 with Germany now the top European destination for people fleeing conflict  repression and misery in the Middle East  Asia and Africa  AFP PHOTO   TOBIAS SCHWARZ   AFP   TOBIAS SCHWARZ

Conocer el idioma o ir junto a alguien que si lo conoce es muy importante cuando se viaja al extranjero.  Si no que se lo digan a un turista chino al que un cúmulo de desgracias le arruinó las vacaciones. La pesadilla de este ciudadano, de 31 años y que solo habla chino mandarín, empezó cuando quiso denunciar que le habían robado la cartera en la localidad alemana de Heidelberg. El turista preguntó por la calle donde podía encontrar una Comisaría cercana para denunciar lo ocurrido. Sin embargo, el idioma se cruzó en su camino.

Al hablar con un nativo en inglés, ambos tuvieron problemas para entenderse y, en lugar de personarse en una Comisaría a interponer la denuncia, acabó en una Oficina pública donde le entregaron un formulario para presentar una solicitud de asilo. El hombre lo rellenó, lo firmó y lo entregó y aquí empezó su odisea.

A París no… a un Centro de Acogida de Dortmund

Después de firmar lo que él creía que era una “denuncia”, el turista, sin entender muy bien el por qué, fue trasladado hasta un Centro de Acogida de Dortmund, donde le requisaron el pasaporte y el correspondiente visado. Con ello se había convertido en un refugiado.

“Puso en marcha una maquinaria de la que en un primer momento no fue capaz de salir”, ha resumido Christoph Schlutermann, presidente de Cruz Roja en la región de Münster (Renania del Norte-Westfalia), que gestiona el Centro de Acogida. “No hablaba alemán ni inglés. Ha pasado 12 días atrapado en la burocracia alemana porque no nos hemos podido comunicar”, ha admitido Schlutermann. En el Centro de Dülmen le tomaron las huellas dactilares, le hicieron una revisión médica y le dieron comida y dinero. El mismo protocolo que al resto de refugiados. Al personal le llamó la atención un detalle: el hombre iba bien vestido. “Además, actuaba diferente que el resto de los refugiados. No paraba de hablar pero nadie le entendía. Pedía que le devolvieran su pasaporte, que es lo contrario que la mayoría de refugiados hace”, ha relatado Schluetermann.

El personal de la Cruz Roja recurrió a aplicaciones on-line para traducir lo que el hombre decía sin éxito. No descubrieron la realidad hasta que fueron a un restaurante chino de la localidad en busca de un intérprete. Después de 12 días de duros trámites burocráticos, el turista consiguió salir de allí y proseguir con su viaje hacia Francia, no sabemos si con muchas ganas.