Menú Portada

UN TERRIBLE AMOR POR LA GUERRA

Diciembre 12, 2010

La guerra nunca termina, ni siquiera cuando se canta victoria. Inherente al ser humano, lo ha acompañado como una sombra a través del tiempo y el espacio. La guerra es, pues, normal: no sólo engendra el cosmos (Heráclito), sino que constituye el estado natural del hombre (Hobbes, Kant); más aún, el ser se revela como guerra (Lévinas): de ella surge la estructura misma de la existencia —individual y social— y nuestra manera de pensarla. Pero paradójicamente la guerra es «inhumana»: aunque la lleven a cabo hombres, éstos actúan poseídos por potencias que los rebasan y transforman, potencias que la mitología identificaba con dioses. La guerra tiene vida propia, no está sujeta al control humano, existe sólo para sí: la comprensión de este hecho, ignorado por los modelos seculares, implica el cabal entendimiento de lo que la guerra engendra en los hombres: atracción, culto y, en última instancia, un «terrible amor».
En un mundo en el que la violencia es omnipresente y multiforme, James Hil

pq_922_amor_guerra.jpg