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No dudó en plantarle un beso a una moza de apenas 25 años

Un político tocado de alopecia le planta los cuernos a su mujer

Septiembre 17, 2008

Es un año de rupturas irreconciliables. Hace unos días pillaron a un político desprevenido mientras besaba acaloradamente a una joven. Todo hubiera sido admisible si al político no le esperara su mujer con el cocido en la mesa.

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Este puede ser el año que pase a la historia por las separaciones de personajes de cierta relevancia social. Al incipiente divorcio de un político de gallarda figura y de un mandamás futbolístico que huye de las calderas del infierno, se une ahora la infidelidad de uno de nuestros políticos más carismáticos. Todo ocurrió hace algunos días cuando, recién llegado de las vacaciones, se dejó ver en compañía de una mozalbeta de no más de veinticinco años, en un fabuloso coche oscuro con banderita gualda incluida. Eran cerca de las siete de la tarde. La calle Princesa de Madrid vibraba de gente y las cafeterías aledañas estaban repletas de cuerpos duros recién salidos del gimnasio. Un callejón cercano a tan castiza calle permanecía en un ruidoso silencio que se rompió cuando el coche se detuvo de repente. Cuando la puerta trasera se abrió, el político ahora desgreñado salió apesadumbrado del vehículo y plantó un apasionado beso en los carnosos labios de su acompañante. Le golpeó cariñosamente su curvilíneo trasero y subió rápidamente al coche que arrancó a gran velocidad. La chica, que ni siquiera volteó su cabeza para seguir con la mirada al ya no tan alopécico caballero. Dicen que hubo otros rozamientos que, aunque no se percibían con la nitidez que se esperaba, dibujaron la perplejidad en los rostros de la gente que se atragantó con el espumoso café que tenían entre las manos. Hay quien todavía anda recuperándose de la escena.
 
Además, a pesar de que guardan las apariencias ante los medios de comunicación, los maledicientes insisten en que el suyo es un matrimonio que navega a la deriva desde tiempos ancestrales. No es la primera vez que se cavila en torno a la fidelidad del político de marras, quizás porque se asegura, con cierta tozudez, que está acostumbrado a aparcar su cuerpo en el de damas de alta cuna y alta cama cuando la presión laboral es realmente inaguantable. No tendremos que esperar demasiado. Tampoco para conocer otro divorcio que también dará que hablar. Al tiempo.
 
Por Saúl Ortiz