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Algunos de sus miembros, supuestamente implicados en el "Caso Emperador"

Un nuevo golpe con muchas salpicaduras a la imagen colectiva de la nobleza española

Diciembre 25, 2012
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En Inglaterra el prestigio de la reina Isabel II no cesa de crecer, pues en días pasados hasta se ha dado su nombre a un territorio congelado de la Antártida cuya extensión es del doble de la Gran Bretaña (para mortificación de Cristina Fernández de Kirchner y del gobierno argentino). Y ahora se descubre incluso que la duquesa de Cambridge, burguesa de pro, tiene sus propios parentescos con la gran nobleza inglesa y con algún primer ministro británico por estar emparentada con el primer marqués deLansdowne, William FitzMaurice que fue quien -allá por fines del siglo XVIII-, negoció el final de la Guerra de Independencia norteamericana.

Pero si estas nobles conexiones suponen un aporte más para la excelente imagen pública de Kate Middleton, en España las derivaciones del llamado “Caso Emperador” y la trama de blanqueo de dinero del empresario chino Gao Ping han salpicado fuertemente a las filas de la nobleza. Y es que las investigaciones judiciales han revelado la presunta participación en esa trama de numerosos miembros de familias del corazón de la nobleza española como es el caso de las hermanas Mariana y Maria Pilar Vilallonga y Martínez Campos, la primera baronesa consorte de Bétera y ambas hermanas del duque de Seo de Urgel y del vizconde de Nava del Rey. Una familia de notables emparentada políticamente con apellidos tan ilustres como los Patiño, los Soto, los Colón de Carvajal y hasta con el que fue marido de Isabel Sartorius.

Una implicación casi real

Pero las implicaciones no terminan ahí pues otro de los aristócratas puestos en cuestión es Francisco de Borja Otero y Zuleta de Reales, marqués de Revilla, esposo de la marquesa del Llano de San Javier y primo hermano del duque de Linares. Un hombre de notable fortuna que en marzo de 2007 vendió a Caixa Galicia por 8,5 millones de euros una extensa propiedad de 190 hectáreas que comprendía la isla de Sálvora y los islotes de Vionta y Noro, hasta entonces de su propiedad, ubicada en la entrada de la ría de Arousa. Habrá que ver en que termina todo esto que, en cualquier caso, viene a dañar la ya mala imagen pública de la nobleza española.

Pero más grave aún es que el marqués de Revilla también es primo hermano del actual duque de Abrantes, José Manuel de Zuleta y Alejandro, que desde hace años es adjunto a la jefatura de la Casa del Príncipe de Asturias, para quien sin duda esta situación no debe de ser nada agradable. Y el hermano de Abrantes, Felipe de Zuleta y Alejandro, no es sólo el instructor hípico de la infanta doña Elena sino también uno de sus amigos más cercanos. Todo un embrollo, especialmente habida cuenta del cuidado que la familia real siempre ha mantenido de mantenerse a una distancia más que prudente del estamento noble.

Los guiños de la infanta Elena

Más sorprendente es aún la posible implicación en esta misma trama de las princesas Inmaculada y Margarita de las Dos Sicilias, primas hermanas de la difunta condesa de Barcelona. Dos personas absolutamente discretas, afables y de escasa fortuna que nunca estuvieron envueltas en escándalo alguno ni hicieron gala de cualquier pretensión, más allá de la merecida  notoriedad que la princesa Inmaculada tuvo allá por los años 70 como embajadora de la famosa moda “ad lib” ibicenca.

Afortunadamente la familia real todavía cuenta con la infanta Elena cuyos gestos, generalmente más frescos, sueltos y espontáneos, son siempre bienvenidos y no dejan de lado ese aspecto más representativo y tradicional necesario en las monarquías pero tan poco cuidado en la española.

Así, mientras la princesa de Asturias afirma que detesta las joyas olvidando que en el caso de las monarquías las grandes piezas de orfebrería tienen una dimensión simbólica añadida que va más allá de su mero valor material, doña Elena nos regala una simpática felicitación navideña en la que ella y sus hijos aparecen retratados tras el pequeño muro de entrada de la vieja “Villa Giralda” de Estoril, que a día de hoy continúa siendo propiedad del alemán Klaus Saalfeld. Un bonito guiño a sus abuelos los condes de Barcelona que contrasta con la opacidad de corte clásico de la felicitación navideña de los reyes de España, que no trasluce sino sensación de puertas cerradas en el palacio de la Zarzuela.

Ricardo Mateos