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"Historias negras del fútbol argentino", de Alejandro Fabbri, pone en entredicho la limpieza del deporte

Un libro destapa la corrupción en el mundo del fútbol

Junio 12, 2008

Hinchas que pretenden ahorcar a un árbitro, dirigentes que practican el soborno a repetición, maniobras para evitar descensos, sobre todo cuando afectan a equipos de los llamados grandes, silencios cómplices, negociados con el poder de turno que implican privilegios, árbitros que se defienden de la furia de futbolistas y público a punta de pistola, jugadores que se rebelan contra la autoridad arbitral y se sientan en el campo mientras sus adversarios los golean. Todos estos desmanes forman parte de la historia del profesionalismo en el fútbol argentino. Episodios recuperados a partir de una intensa investigación y narrados con una prosa eficaz por Alejandro Fabbri, construye un abrumador y por momentos divertido panorama del lado oscuro del fútbol.

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Editado por Capital Intelectual, como sostiene Víctor Hugo Morales en el prólogo del libro, se trata de un relato que todos los aficionados al fútbol deberían leer. En plena Eurocopa, cuando las noticias sobre amaños de partidos están a la orden del día, hemos querido traerles la existencia de este texto que a los buenos aficionados les va a encantar. “Esclarecedor, documentado, de prosa hábilmente despojada para que sean los hechos los protagonistas, este libro nos acerca una vez más a la capacidad de su autor para internarse en la historia con el rigor inclaudicable de quien, paradojalmente, lo hace desde el amor por el fútbol.” “Los partidos -dijo una vez Dante Panzerise juegan de lunes a sábado. Lo de los domingos es para la diversión. ¿Fue acaso divertido el 1-0 de Rácing a Huracán, como lo afirman furiosos hinchas del Globo, que aún hoy acusan a su propio equipo de haber ido a menos? ¿Y habrá sido también diversión el empate sin goles de Rácing con Independiente, como lo denunciaron hinchas de los Rojos, algunos en un panfleto anónimo que calificó de “mercenarios” a los jugadores? ¿Y fue divertida la acusación inicial del técnico de Colón, Antonio Mohamed, contra Héctor Baldassi por el grosero penal que no sancionó el árbitro contra Estudiantes? ¿Y será entonces también divertido el decisivo partido Rácing-Colón de la última fecha del Clausura? Los finales de torneo en el fútbol argentino estuvieron siempre cargados de suspicacia. Y los vínculos kirchneristas que se les atribuyen a los nuevos dineros desembarcados en Rácing de Avellaneda no han hecho más que agregarle fuego a esa habitual hoguera que suele ser la lucha por evitar el descenso”.
Alejandro Fabbri recuerda que los arreglos de partidos, en realidad, datan de los tiempos del fútbol amateur. La entonces muy inglesa Argentine Asociation Football evitándole un descenso a Quilmes, en 1911. Newell’s acusado de intentar sobornar a un jugador de Rosario Central en un clásico de 1910 “¡Cómo ayudaban (los árbitros) a Boca y a River! A mí me daba lástima por los muchachos de los otros equipos“, dice, en otro pasaje, el ex goleador Francisco Varallo.
El libro de Fabbri trata sobre partidos arreglados, arbitrajes escandalosos, sobornos e incentivaciones hasta los inicios de los 70. Que el arreglo de partidos no es patrimonio argentino ni de los tiempos modernos lo demuestra otro libro fabuloso: Free the Manchester United One , que trata sobre un caso comprobado de arreglo en un clásico ante Liverpool de 1915. El libro es de 2003 y su autor, Graham Sharpe, intenta demostrar que la corrupción en el fútbol nació mucho antes de que aparecieran las casas de apuestas. Un informe reciente del diario The New York Times afirma que las apuestas deportivas online movilizarán este año 20.000 millones de dólares. Y que esa cifra subirá a 150.000 millones de dólares en el mercado de las apuestas ilegales, esto último, sólo dentro de los Estados Unidos. Las apuestas, es cierto, no son las culpables de la corrupción. Pero sus notables dineros, hay que decirlo, ofrecieron nuevas y múltiples oportunidades. Paradójico o no, las garantes de la limpieza son hoy las propias casas de apuestas. La UEFA tiene un acuerdo de vigilancia sobre la Eurocopa que se disputa estos días en Austria y Suiza. La FIFA inauguró un acuerdo similar en el último Mundial de Alemania y el Comité Olímpico Internacional (COI) lo hará para los inminentes Juegos de Pekín. Las organizaciones deportivas precisan por un lado de ese control. Pero, por otro, establecen esos acuerdos para vender exclusividades, cobrar porcentajes y no quedarse afuera del gran negocio de las apuestas.

El fútbol siempre lo negó

El fútbol siempre negó todo. Se refugió en lo difícil, “por no decir imposible”, que resulta arreglar un resultado en un deporte que, además de árbitro y jueces de línea, tiene a once jugadores por lado y sus partidos suelen ser vistos por millones. ¿Cómo hacer para evitar que, entre tantos, no salte uno denunciando todo? Sin embargo, el propio país sede del último Mundial, Alemania, debió sancionar meses antes del torneo a uno de sus árbitros más conocidos, Robert Hoyzer, acusado de recibir 70.000 dólares por partido para favorecer a una red de apostadores croatas radicada en Berlín. También saltó el escándalo en el país que por entonces era campeón mundial, Brasil. Sólo que allí el árbitro Edilson Pereira de Carvalho cobraba diez veces menos que su colega alemán, a razón de 7.000 dólares por partido. La Conmebol perdió silenciosamente a uno de sus árbitros favoritos, Gustavo Méndez, acusado de corrupción en Uruguay. E Italia tuvo que dar de baja a Massimo de Santis del Mundial alemán.
De Santis era el favorito de Luciano Moggi, el corrupto dueño de la Juve. Cuando estaba en Torino, Moggi intentó explicar que unas señoritas que él había presentado a árbitros en partidos previos de copas europeas sólo eran “traductoras”. En Juventus, Moggi controló árbitros a los que regaló celulares suizos creyendo que así no podrían grabar sus conversaciones. Pero controló además a clubes, jugadores y entrenadores rivales. Y también a periodistas. El colmo fue una victoria que Juventus precisaba ante Siena para ganar el scudetto 2005-06, que tiempo después le fue revocado. A los ocho minutos, 3-0. “Payasos“, gritaban los hinchas de Siena a sus jugadores, muchos de los cuales habían jugado en la Juventus o pertenecían a GEA, la firma de futbolistas que manejaba el hijo del propio Moggi.
El fútbol, canal de emociones y pasiones populares, se niega a reconocerse en el espejo de los Moggi. Sancionó sólo después de que la justicia ordinaria denunció la corrupción. Así ocurrió en Italia. Y acaba de suceder también en Portugal con el campeón Oporto, cuya corrupción de 2004 derivó ahora en que la UEFA lo expulse de la próxima Liga de Campeones. ¿Y Polonia, dónde el escándalo que implica a 29 de los 34 equipos de primera y segunda obligó a dimitir a las máximas autoridades que protegía la FIFA? No todos los casos son tan burdos como el del equipo finlandés Alliansi que, en 2005, un mes después de ser adquirido por un empresario chino, cambió al entrenador y nueve jugadores y se dejó ganar 8-0 para cobrar 8.787 veces más en las apuestas.

Un nuevo libro-denuncia, en breve

El periodista canadiense Declan Hill se apresta a publicar un libro que estudia a 137 partidos arreglados de Europa, Asia y Brasil. Los arreglos no son tan grotescos. No hay 8-0 ni penaltis sobre la hora. Se trata, simplemente, de volantes que tiran pelotazos sin destino, delanteros que caen en fuera de juego y defensores que cruzan a destiempo.
La mirada suele ser exhaustiva si se trata de casos extranjeros. No es igual si golpea en nuestra puerta. También en Argentina, el periodista Ricardo Gotta publicó estas semanas el libro “Fuimos Campeones“, a treinta años del Mundial 78. “Ellos supieron a quién tocar“, dice a Gotta un futbolista peruano que participó del 6-0, la goleada más escandalosa en la historia de las Copas de la FIFA. Con el “Ellos” se refería a la dictadura argentina que, según dice ese jugador, sobornó a compañeros suyos. El papel de Paquito Morales Bermúdez, hijo del general que mandaba entonces en Perú, la llamada telefónica del propio presidente peruano al capitán Héctor Chumpitaz, el ingreso del general Jorge Videla con Henry Kissinger en el vestuario peruano, la oferta al zaguero Rodolfo Manzo, los cambios en la defensa, el relato minucioso de los seis goles e incluso del tiro inicial en un poste que estrelló Juan José Muñante -el único peruano que no jugaba en Perú-. Todo aparece allí. Como también la furia del futbolista peruano que dice a sus compañeros luego del 6 a 0: “Manga de mamones, espero que al menos repartan bien el dinero“.