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Susana Ulibarri ha asegurado a diferentes periodistas que Darek no habló con este periódico

Un hacker informático destroza la vida de Sonia Arenas

Enero 27, 2008

Está de plena actualidad desde que se descubriera su ronroneo con un Feliciano López todavía atado sentimentalmente a la modelo Maria José Suárez. Sonia Arenas fue uno de los motivos de su aireado distanciamiento, que más tarde se tornaría ardiente reconciliación. Cuentan que la Suárez montó en cólera cuando pilló un indicativo mensaje de texto en el teléfono móvil de Feli y cuya destinataria era la Arenas. Desde entonces mucho se ha especulado en torno al coqueteo o jugueteo que mantuvieron a espaldas de la celebérrima modelo.
Lo cierto es que los mensajes de textos que el tenista envió a la ahora cantante evidencian que, al menos, entre ellos existe una cierta relación. Quién sabe hasta dónde llegaron… Pese a que atraviesa un momento profesional envidiable, en lo personal la Arenas saborea lo contrario. Sonia ha recibido el embiste de un potente hacker que le ha destrozado la vida. Y aunque pueda sonar a chirigota gaditana, el asunto resulta más serio de lo que en un principio se podía imaginar. El pirata informático ha conseguido sus claves y contraseñas de su cuenta de Messenger y su correo electrónico, en el que la cantante guarda material privado, fotografías personales y documentación realmente comprometedora. Así mismo, el delincuente no dudó en usurparle la personalidad, manteniendo sorprendentes conversaciones con los amigos y conocidos de la cantante que figuran en su lista de contactos del célebre chat. A Roberto Carlos –futbolista, of course- le espetó palabras un tanto desafortunadas, mientras que a otros rostros populares les intentó sonsacar información sobre famosos con los que la Arenas mantiene una estrecha relación. Incluso coqueteó con Álvaro, el ex novio de la granadina, del que Sonia guarda un grato recuerdo. La precisión de sus movimientos hace sospechar que el hacker conoce a la perfección el entorno y la vida de la artista. Así pues, la Arenas se ha puesto en manos de la brigada de delitos informáticos para intentar solventar con la mayor rapidez semejante embrollo. Ya tiene presentadas la denuncia pertinente.
 

Ana Obregón y Darek: el cuento de nunca acabar

Y mientras Sonia acude a los tribunales para luchar por sus intereses, Ana Obregón y Darek tiran la piedra y esconden la mano. El polaco concedió unas declaraciones a este periódico confirmando una crisis que la actriz niega en rotundo. Además, la representante del modelo, Susana Ulibarri, pretende alcanzar una notoriedad mintiendo que no logra por otros menesteres. El otro día montó la marimorena cuando leyó en este mismo periódico unas declaraciones de Darek confirmando que existía una crisis en su relación con la actriz Ana Obregón. Las negó tres veces como San Pedro. Propagó un apestoso bulo (aseguró que nunca se había producido esa llamada telefónica) y me causó un perjuicio gratuito del que horas más tarde, cuando le destapé el pastelón, no dudó en arrepentirse.
Clamó perdón, suplicó que no se le demandara y se metió el rabo entre las piernas. Reconoció que mantuve una conversación con el adonis de la belleza y que todo lo publicado era concienzudamente cierto: “Es verdad que Darek te lo ha reconocido, lo que tu has publicado son las palabras textuales. Él mismo me lo ha dicho esta mañana”-me confesó. Suerte, pues el dialogo que mantuve con Darek fue escuchado atentamente por gran parte de la redacción de una cadena de televisión. Eso sí, escama que en pleno arrepentimiento, Susana no dudara en confirmarme que la dichosa crisis sigue vigente: “De momento no saben por dónde van a ir” –me dijo con voz entrecortada-. Percibo cierto hedor, a caso fruto de la traición. Hay que andar con pies de plomo, sobre todo a la hora de elegir a la persona que debe velar por los intereses profesionales. Menos lobos, caperucita, que hemos coincidido en muchos actos y yo sé del pie del que cojeas. Hay que jugar limpio, que yo me dedico a informar. Y no como otros que hacen dobles juegos con sus representados.
 

Por Saúl Ortiz