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Un funeral cargado de amplia simbología carlista reivindicativa

Septiembre 2, 2010

Un lirio blanco, la boina roja del carlismo, las flores de lis de la casa de Borbón, las armas de la casa de Parma, y el collar del Toisón de Oro español adornaban el féretro
 
Malestar por la ausencia de un representante de la Casa Real española


Mientras continúan llegando los ecos de la boda mediterránea, pero nada carente de lujos y poses de millonarios, del príncipe Nicolás del Grecia en Parma ha tenido lugar la sentida despedida final de don
Notificación oficial de la defunción del Duque de Parma

Carlos Hugo de Borbón y Borbón-Busset, Duque de Parma y Piacenza y celoso representante de la ahora casi desconocida dinastía carlista española. Tras su tristemente esperado fallecimiento en Barcelona el pasado 18 de agosto victima de un cáncer, el féretro conteniendo sus viajados restos, cubierto por la bandera de España, fue finalmente sepultado el día 28 de agosto en la cripta de la Iglesia de la Stecatta, antigua necrópolis de los Farnesio en la ciudad de Parma, cabeza de los Estados de los que el finado era incuestionable heredero histórico. El solemne funeral, que seguía a los ya celebrados en Barcelona (en el que se profirió un emotivo ¡el Rey ha muerto, viva el Rey!) y en La Haya, en medio de los grandes honores generosamente decretados por la Reina Beatriz de Holanda en su memoria, fue oficiado por Monseñor Enrico Solmi, obispo de Parma y Gran Prior de la Orden Constantiniana parmesana, en la presencia de representantes de las autoridades locales, de caballeros de las órdenes dinásticas parmesanas, y de un numerosísimo público.

 
El féretro, procedente de Holanda, llegó la víspera a la ciudad italiana donde estuvo en capilla ardiente velado por los cuatro hijos del finado, el ahora duque Carlos Javier de Parma y Piacenza, y sus hermanos Jaime, Margarita y María Carolina, en un ambiente de gran veneración y enorme respeto por la figura de Don Carlos Hugo cuya relevancia histórica para España es absolutamente incuestionable aunque con mucha frecuencia negada.
 
Notables ausencias
 
Entierro de la Condesa de Barcelona
A las honras fúnebres, celebradas a mediodía de la mañana siguiente, asistieron las hermanas del difunto duque, princesas María Teresa, María Cecilia y María de las Nieves de Parma, con aspecto singularmente frágil y compungido, la familia real holandesa al completo, con excepción de la Reina Beatriz, y numerosos príncipes y parientes de don Carlos Hugo entre quienes, con pesar, se echaron en falta notables ausencias. Si estaban el gran duque Enrique de Luxemburgo, príncipe de Parma por nacimiento, el archiduque Martín de Austria-Este, la archiduquesa Mónica de Austria (duquesa de Santángelo), el archiduque Segismundo de Austria, jefe de la casa gran ducal de Toscana, el príncipe Aloys de Löwenstein-Wertheim-Rosenberg, y el príncipe de Isenburg-Birstein.
 
Pero desgraciadamente un hecho tan luctuoso no ha podido, sin embargo, derribar las enormes diferencias, ya históricas, que desde hace largos años han venido enfrentando duramente a don Carlos Hugo con dos de sus hermanos: el siempre irredento don Sixto (que ha manifestado su pesar pero también ha declarado sin empacho no perdonar a su hermano su “traición” a la causa carlista), y la princesa Françoise, viuda del Príncipe Eduardo de Lobkowicz. Triste también la ausencia tanto de distintos miembros de la familia ducal parmesana (el príncipe Carlos Manuel se encuentra en Barcelona y el príncipe Rémy en los Estados Unidos), como de las numerosas Casas Reales con las que los Borbones de Parma están íntimamente emparentados; entre otras las Casas Reales de Portugal, Rumania, Bulgaria, las Dos Sicilias, Francia y España.
 
La corona de los Reyes de España
 
Ello se debe, sin duda, a la singularidad de las delicadas relaciones de los Borbones de Parma con la Casa
 Real española pues, a pesar de que don Carlos Hugo abandonó en 1979 su pretensión formal a la Corona de España, él y su familia han continuado considerándose de manera oficiosa los representantes de la dinastía carlista española tal y como ha quedado patente en la sutil, pero clara, simbología utilizada en este funeral: un lirio blanco, la boina roja del carlismo, las flores de lis de la casa de Borbón, las armas de la casa de Parma, y el collar del Toisón de Oro español como alusión patente y directa a la histórica pretensión dinástica de los carlistas, a día de hoy los Borbones de Parma, a la corona de España. Curiosamente, la casa ducal parmesana ha enviado una notificación del fallecimiento del duque, redactada en inglés, en la que no aparece referencia alguna a sus pretensiones dinásticas sobre la corona de España.    
 
Los Reyes de España han preferido hacer llegar una corona de flores excusando con ello su ausencia, y han decidido no enviar representante alguno, ni siquiera a título particular, a un acto para ellos difícil en el que la Casa Real española podía verse comprometida por una situación sin duda incómoda ya que, con toda probabilidad, el nuevo duque, don Carlos Javier, que fue investido de la sucesión en los ducados paternos el mismo día del entierro de su padre, ha asumido sobre sus hombros la ahora difícil representación del carlismo español que su familia viene ostentando desde 1936.
 
Luis Alfonso de Borbón mandó unas flores
 

El nuevo Duque Carlos y su esposa

Más allá de los sinsabores del pasado, no siempre fáciles de olvidar, las cuestiones dinásticas siempre han sido tema extremadamente delicado y ni siquiera el Infante don Carlos, jefe de la Casa Real de las Dos Sicilias e hijo de una princesa de Parma, ha decidido asistir. Algo similar le ha sucedido a Luis Alfonso de Borbón quien, tras sopesar la cuestión y queriendo también evitar una situación incómoda ante su tío el Rey de España, decidió a última hora no asistir y enviar unas flores. Triste pero comprensible. Mayor perplejidad generan otras ausencias de deudos cercanos y de príncipes de Europa al entierro de una personalidad de enorme cultura y encanto personal como don Carlos Hugo, de quien no puede negarse la relevancia histórica tanto en España como en los últimos años en Parma donde ha conseguido recuperar para su familia un prestigio, una dignidad y una cercanía largamente perdidos.

 
Difícil tarea la que queda ahora para el nuevo duque, don Carlos Javier, cuya valía y excelente formación son innegables y que, recién casado civilmente con la holandesa Annemarie Gualtherie Van Weezel, se dice de él que prometió a su padre contraer matrimonio canónico antes de finales de año para así regularizar de forma completa su situación como representante supremo de una familia de honda catolicidad. Y severa pérdida para las princesas María Teresa, María Cecilia y María de las Nieves, todas ellas infatigables luchadoras, hombro con hombro junto a su hermano, en pro de España y del carlismo español en los ya lejanos años 60. No ha trascendido si ha existido algún contacto telefónico entre el Rey Don Juan Carlos y la familia del finado, contacto que para muchos sería de desear pues sería consecuente con la presencia de algunos representantes de don Carlos Hugo en el entierro de la Condesa de Barcelona y con la presencia de dos de sus hijos en la boda de los Príncipes de Asturias.