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Un año sin Cayetana de Alba: funeral en Sevilla sin confirmar la presencia de Carmen Tello y con la tensa relación y alejamiento entre los hijos y Alfonso Díez

Noviembre 20, 2015
cayetana hijos

Hoy viernes se cumple un año del fallecimiento de Cayetana, la duquesa por excelencia, y finalmente sus seis hijos y su viudo Alfonso Díez volverán a reunirse para compartir el funeral por su alma en la Iglesia de la Hermandad del Cristo de los Gitanos tan cercana a la difunta. Atrás quedan lo que según muchos ha sido el alejamiento entre los hijos y el viudo -dicen que se enteró de la celebración de este funeral por su amigo sevillano el confesor personal de la duquesa Ignacio Jiménez Sánchez-Dalp-, que ha querido atajar comentarios y pequeñas rencillas diciendo a los amigos de la duquesa: “Cayetana querría que estuvierais todos en el funeral”. Amigos muy íntimos como Carmen Tello, cuya presencia no está aún confirmada por el malestar generado por sus alusiones a los hijos de la duquesa durante este año.

Pero larga es la historia de la difícil relación de Carmen Tello con la altanera gran sociedad sevillana, pues fue la propia Cayetana quien la rescató del ostracismo al que había sido relegada tras su divorcio del marqués de Valencina, hijo de los poderosos marqueses de La Motilla, cuya hermana, Matilde Solis-Beaumont, fue esposa del ahora duque de Alba. Cabrá, por tanto, ver quién acude y quién no a esta ceremonia religiosa, tras el sonado entierro en Sevilla y el subsiguiente funeral en Madrid de hace un año en relación con el cual Cayetano Martínez de Irujo se ha permitido aventar el dolor que le produjo que la familia real sólo estuviese representada por la infanta Elena. Algo comprensible teniendo en cuenta la lealtad secular de los Alba a la corona, además de que hasta la muerte de la duquesa la casa representaba el mayor conglomerado de patrimonio nobiliario de España.

Una herencia patrimonial  repartida de forma muy desigual    

Un patrimonio sin duda muy inmanejable por la variedad y el valor de los bienes muebles e inmuebles por incorporar la herencia de numerosas e importantes casas históricas, y que Cayetana decidió con buen criterio separar en 2011 cuando tres meses antes de su matrimonio cedió a sus hijos en vida, y ante notario, el grueso de los bienes no vinculados a la Fundación Casa de Alba para evitar con ello problemas económicos y una auténtica sangría en impuestos sucesorios de tan colosal patrimonio que podría dañar mucho a la casa que su hijo Carlos Fitz-James-Stuart representa en la actualidad como nuevo duque de Alba desde el pasado 16 de junio. Un reparto entre sus seis hijos que fue a todas luces desigual, y de ahí los lamentos de Cayetano al afirmar “lo duro que es aceptar que el mayor se lleve la mayor parte de la herencia”, pero que sigue al pie de la letra los usos nobiliarios tradicionales.

Así para Carlos, el mayor, quedó el patrimonio de la casa más importante (Alba), y el segundo, Alfonso, recibió otra gran masa hereditaria vinculada a los títulos de la Casa de Híjar que Cayetana había heredado de su madre en tierras aragonesas y castellanas. Por el contrario, Jacobo, Fernando, Cayetano y Eugenia tuvieron que contentarse con menos patrimonio nobiliario y material (Cayetano si recibió el ducado de Arjona), lo cual buscó compensarse con la entrega de otros bienes menores o, en el caso de Eugenia, con valiosas joyas familiares aunque la magnífica tiara de perlas y diamantes de Eugenia de Montijo ha quedado en posesión del duque de Alba. Para Fernando fue una finca agrícola en Salamanca y la mansión de Las Cañas en Marbella; para Cayetano el palacio de Arbaizenea (herencia de los Martínez de Irujo) en San Sebastián y el cortijo Las Arroyuelas con su latifundio en Sevilla; y para Eugenia la casa de Ibiza que vino a sumarse a sus poco productivas fincas de olivar como el cortijo La Pizana vinculadas a su ducado de Montoro. El más desfavorecido fue Jacobo (el más culto de todos), que en su momento hizo patente su disgusto al recibir algunas fincas rústicas desde la gran masía en la que vive en la provincia de Gerona donde se dedica al mundo editorial y a la literatura fantástica. Pero ya no podemos hablar de todos ellos como Casa de Alba en sentido estricto, pues cada uno es jefe de línea de una casa distinta: Alba de Tormes, Híjar, Siruela, San Vicente de Barco, Arjona y Montoro.

Y el fleco que le corresponde a Alfonso Díez, aún pendiente

Cuestión aparte y más candente es el reparto de los flecos de la herencia, un 5% del total de lo que fue la casa, que ha de dividirse en siete lotes y del que el  26% corresponde a Alfonso Díez por ser el beneficiario del tercio de libre disposición en el testamento de la duquesa. Bienes menores pero sin duda valiosos entre los que se encuentra el cuadro de Renoir conocido como “Mujer con sombrero de cerezas”, sobre los que los interesados aún han de llegar a un acuerdo que no es sencillo pues allí donde algunos prefieren vender para obtener la liquidez necesaria en estos casos, otros como Alfonso Díez preferirían tener los objetos por su valor sentimental.

Pero las complicaciones en una testamentaría tan compleja no acaban ahí, pues ahora es la Junta de Andalucía la que pide cuentas a los herederos al sacar a la palestra que la liquidación del impuesto por la donación masiva en vida de 2011 se realizó en Madrid, Comunidad que ofrece claras ventajas fiscales en los impuestos de transmisión patrimonial por sucesión, y no en Sevilla donde este tipo de traspasos de patrimonio pueden estar sujetos hasta un 36% de impuestos cuando la masa hereditaria supera los 797.555 euros. A ello los interesados han respondido que su madre residía oficialmente en el palacio de Liria de Madrid y no en Sevilla, pero habrá que ver que depara todo esto mientras el nuevo duque de Alba y su heredero, el futuro duque de Huescar, ya se esfuerzan por rentabilizar el patrimonio familiar por distintas vías como la apertura al público del palacio sevillano de Las Dueñas, propiedad de Fernando Fitz-James-Stuart y Solís-Beaumont, buscando contactos internacionales para que la colección de tesoros de la casa, que actualmente se encuentra expuesta en Texas, continúe viajando por el mundo, abriendo un restaurante en las caballerizas del palacio de Liria, o poniendo energía en el fomento de los productos gourmet que llevan el nombre de la casa y de los que se ocupa Cayetano Martínez de Irujo. En cualquiera de los casos pensar en la casa de Alba es continuar evocando siempre a Cayetana, que por su excepcional personalidad supo dar un lustre a su linaje muy difícil de emular en el presente.

Ricardo Mateos