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Turbulencias en el Sindicato Unificado de Policía: nuevas denuncias públicas contra la actual dirección de la organización mayoritaria entre los Policías

Julio 7, 2017
monica gracia SUP

Máxima tensión en el Sindicato Unificado de Policía (SUP), mayoritario en el Cuerpo. Las denuncias contra la dirección se acumulan y amenazan con romper un sindicato histórico y básico en la vida policial. Fuentes sindicales señalan como responsables del supuesto caos a la actual secretaria general, Mónica Gracia, y a la que ha sido su alter ego -o auténtico cerebro gris en la sombra-, Pilar Olalla. La nueva polémica se ha suscitado tras conocerse las razones por las que el antiguo responsable de Finanzas, Miguel Ángel Fernández, habría dejado hace dos años su cargo: un desequilibrio en los Balances desde el regalo de una Tablet en las Elecciones Sindicales de 2015.

“El SUP está regido con mano de hierro por un núcleo muy reducido en torno a la secretaria general, pero que se ha cargado a toda la estructura que había montada y que funcionaba como un reloj. No ha dejado a nadie de los antiguos y ha colocado a gente muy joven e inexperta y con un desconocimiento total de la vida sindical”, según afirman a Extraconfidencial.com fuentes sindicales conocedoras de lo que estaría ocurriendo en el que fuera mayor y más combativo sindicato de la Policía y que ahora estaría subordinado a las políticas del ministerio del Interior.

Dicen que las tensiones han aflorado a lo largo de los años, desde que la actual subinspectora Mónica Gracia -llegó al sindicato como Policía y la liberaron, y estando liberada ascendió en dos ocasiones: a oficial, primero, y a subinspectora, después-, se hiciera con la Secretaría General, en la que, curiosamente, la propuso el anterior secretario, el histórico José Manuel Sánchez Fornet. Pero nada más hacerse con el poder, Gracia, de quien muchos dicen que “no está a la altura de las circunstancias, se empezó a cargar toda la estructura que había montado Fornet y con la que ella misma había trabajado durante años.

Pero, no obstante, esas fuentes añaden a Extraconfidencial.com que el “cerebro gris” de toda esa operación que está llevando al sindicato al borde de la ruptura, ha sido Pilar Olalla González, inspectora jefe en segunda actividad que fue profesora y tutora de Mónica Gracia en la Academia de Ávila cuando ésta ingresó en la Policía. Olalla, que ha sido vicesecretaria general del SUP hasta hace unas semanas, es la que habría estado manejando los hilos por detrás.

Todo ello, sin embargo, no ha sido óbice para que los pasados días 17 y 18 de junio, Mónica Gracia fuera reelegida secretaria general en un congreso a la búlgara: nada menos que apoyada por el 94 % de los votos. Incluso, el Comité de Revisión de Cuentas aprobó la gestión económica, pese a que, según denuncian los propios Policías, las cuentas de este sindicato llevaban tiempo sin presentarse públicamente por un supuesto descuadre desde la compra de Tablets para animar a votar a los Policías en las Elecciones Sindicales de 2015.

¿Por qué se fue Miguel Ángel Fernández?

Según las fuentes que maneja Extraconfidencial.com, ésa habría sido la razón por la que Miguel Ángel Fernández Bernardo, un ex miembro de la dirección nacional del sindicato SUP, dejara su cargo hace dos años. Pero ahora, hace escasas fechas, Fernández se ha dirigido a distintos comités de la organización explicando en una carta las razones de su salida de la dirección nacional. “Extraña que, casi dos años después, sea el afectado quien deba explicar eso porque según él la organización no lo había hecho”, añaden las citadas fuentes.

Miguel Ángel Fernández comenzó su actividad sindical en Madrid, siendo delegado en su comisaría de distrito; después pasó a desempeñar esa tarea en la comisión ejecutiva federal de Madrid, y luego como responsable de acción sindical en la comisión ejecutiva nacional del SUP. Fue vocal del Consejo de Policía y responsable de la ONG Policía Solidaría, que bajo su responsabilidad instauró los premios “Rosa Crespo”, nombre de la policía muerta en el terremoto de Haití.

Según escriben medios policiales, durante años, Fernández Bernardo  trabajó en dicha ejecutiva siendo secretario general Sánchez Fornet (miembro fundador de este Colectivo Democrático), y continuó con su sustituta, Mónica Gracia, con quien parecía tener excelentes relaciones personales (ambos matrimonios se conocían y alguna vez salieron juntos). Pero por razones desconocidas (las que apunta Miguel Ángel en su carta no dejan en buen lugar a la “lideresa”), tras varios años trabajando en la anterior ejecutiva en menos de dos años su situación en el sindicato cambió.

Para empezar, fue removido desde la secretaría de Acción Sindical a la de Finanzas, en lo que él interpretó como un alejamiento de los puestos de responsabilidad y de los focos, y después se adoptaron decisiones en su área sin su conocimiento y opinión. Según un boletín mensual sobre asuntos policiales, cuenta Miguel Ángel Fernández que “siendo él asturiano, dicho comité federal lo distinguió con la entrega de la insignia de oro del Principado y que en el acto estuvo Mónica Gracia, quien ni aplaudió, ni le dirigió la palabra, ni le entregó la insignia, que sí le entregó a todos los demás. Vamos, que fue castigado con la indiferencia de quien, según algunos de este colectivo que la conocen, no estaba preparada para asumir la responsabilidad del cargo y está empeñada en convertir el sindicato en algo distinto a lo que fue”.

Supuesta sumisión del SUP a los designios de Interior

Aunque no lo dice Miguel Ángel en su carta, fuentes sindicales afirman que el SUP entró en una deriva de sumisión hacia la Dirección General de la Policía representada hasta hace relativamente poco por Ignacio Cosidó. Como ejemplos de esa supuesta sumisión al ministerio del Interior se pone de relieve que el SUP se retiró de la querella como acusación popular en la denuncia del ático del expresidente de la Comunidad de Madrid, Ignacio González, en Marbella.

Segundo ejemplo: el SUP tampoco cumpliría con su responsabilidad legal y moral de apoyar a quienes tienen querellas y expedientes por haber desempeñado cargos sindicarles en dicho sindicato, como es el caso, por ejemplo, del exsecretario general Sánchez Fornet, con querellas y expedientes con motivo de su actividad sindical en el SUP. Con motivo de una de etas querellas en las que el SUP abandonó a su representante cuando la querella fue interpuesta por ejercer tal función, Miguel Ángel Fernández, Felipe Brihuega, Javier Alonso… acudieron a prestar declaración en defensa de Fornet, de quien el sindicato no querría saber nada.

Tercer ejemplo: el apoyo de la dirección del SUP al jefe superior de Policía de Cantabria, que había sido condenado e indultado por torturas y que la dirección no sólo apoyó, sino que condenó la tibieza del anterior ministro, Jorge Fernández Díaz, en defenderle cuando se conoció tal hecho.

Y cuarto ejemplo: el apoyo del actual SUP a la Ley Mordaza, cuando el SUP histórico de toda la vida se posicionó en contra de la ley de la patada en la puerta aprobada por el entonces ministro del Interior, José Luis Corcuera.

Cercenar cualquier posibilidad de relevo

Da a entender Miguel Ángel Fernández en su carta que su aislamiento y posterior salida de la dirección nacional del SUP podía ser porque la “lideresa” García temiera que él pudiera ser alguien que por experiencia y conocimientos pudiera ser visto en el futuro como relevo. Lo cierto es que, para muchos, el actual SUP parece un transatlántico sin rumbo, que se mantiene en movimiento por inercia y que ha virado 180 grados en los principios que motivaron su nacimiento.

Un último caso de ese supuesto destronamiento lo han llevado a cabo contra un nuevo sindicato progresista al que se han pasado algunos buenos sindicalistas, Agrupación Reformista de Policías, ARP, al que han denunciado en la Comunidad Valenciana (su secretario general, Roberto V.), por tener colocados tablones de anuncios en dependencias policiales sin ser un sindicato representativo. Curiosa práctica sindical amparada en una Ley que el SUP no aprobó porque recortaba derechos y que ahora utiliza para tratar de impedir el crecimiento de un sindicato sin ataduras, sin liberaciones, sin subvenciones y donde nadie debe nada a ningún mando ni se lucra de su actividad sindical.

Ya desde su nacimiento ARP puso nerviosos a otras organizaciones y en especial al SUP.