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Trump frente a Clinton: la historia económica de EE.UU. favorece a los demócratas frente a los republicanos

Octubre 19, 2016
Democratic presidential nominee Hillary Clinton, right, shakes hands with Republican presidential nominee Donald Trump at the start of the presidential debate at Hofstra University in Hempstead, N.Y., Monday, Sept. 26, 2016. (AP Photo/Mary Altaffer)

El próximo 8 de noviembre Estados Unidos elegirá nuevo presidente y lo hará en un momento delicado. Mientras que la campaña se centra en temas que nada tienen que ver con la política y la economía, la elección del nuevo inquilino de la Casa Blanca llega en pleno cambio de ciclo. Barack Obama deja de herencia una situación económica en lo más alto, pero con claros síntomas de debilidad y con visos de entrar en un ciclo económico de desaceleración. Aunque el paro siga en tasas mínimas, los resultados empresariales llevan mostrando descensos desde hace varios trimestres y, de hecho, se espera un nuevo movimiento al alza de tipos de interés para diciembre por parte de la Reserva Federal (FED), después de las elecciones pero antes de la toma de posesión del nuevo presidente que será, como marca la tradición, el 20 de enero de 2017.

Con todo ello, Estados Unidos se juega mucho y no sólo el país norteamericano, también el resto del mundo, ya que hay grandes diferencias en el programa económico de ambos y, sobre todo, se prevén distintas formas de afrontar los problemas. Si se analiza el rumbo económico de los Estados Unidos desde 1929 hasta la actualidad, los gobiernos demócratas han conseguido un crecimiento económico y subida en las Bolsas muy superiores a los republicanos. Incluso, restando el periodo de Herbert Hoover, presidente en plena depresión (1929-1933), el balance sigue siendo netamente mejor para los demócratas. Todo ello rompe un mito. Sobre el papel, los republicanos son menos intervencionistas y por ello, en teoría, mejor para la evolución de la Bolsa, pero que sus rivales consigan mejores resultados demuestra que las variables macroeconómicas determinan más cómo evolucionan los mercados que lo que hagan los gobiernos. Esto no significa que la elección no sea relevante, ya que los programas de Donald Trump y Hillary Clinton tienen diferencias significativas que sí influirán en muchos sectores concretos.

El programa de Donald Trump

Una de las promesas más conocidas de Donald Trump es poner fin a la inmigración ilegal, construyendo un muro con México y deportando a los 11 millones de trabajadores sin papeles que se calcula residen actualmente en Estados Unidos. Esta medida sería un duro golpe a la Agricultura, que se encontraría con un serio problema de falta de mano de obra y elevación de costes.

En el lado contrario está uno de sus sectores favoritos, el armamentístico. Donald Trump quiere doblar su presupuesto en el Ejército Norteamericano que elevaría el gasto del 3% del Producto Interior Bruto (PIB) actual al 6%. Con ello, toda la Industria de armamento se vería enormemente favorecida.

También plantea Trump un plan de gastos en infraestructura muy elevado. Su programa de inversión se estima en 550.000 millones de dólares y con este, beneficiaria a empresas de Construcción de ámbito nacional, ya que no plantea contratar sociedades extranjeras para realizar parte de este esfuerzo inversor.

Todo ello tiene un coste más que importante. La relación Déficit Público/PIB, que actualmente es del 77%, pasaría al 105%, en un entorno complicado como hemos señalado de desaceleración económica e incluso recesión que podría llevar a recaudar menos impuestos (Trump plantea una bajada de impuestos y reducción de 3 tramos en los impuestos directos).

Por último, no hay que olvidar su mayor beligerancia con el resto de las economías lo que dificultará los tratados comerciales, entre los que se encuentra el que se negocia con la Unión Europea (UE). Pero la peor de las relaciones podría tenerlas con China, a la que ha llegado a denominar “manipuladora de divisas”.

El programa de Hillary Clinton

Las promesas electorales de la candidata demócrata se parecen muy poco a las de Trump y tienen diferencias profundas. Incluso sus semejanzas son de fondo y nunca de forma. Por ejemplo, también promete un plan de infraestructuras, pero en una cuantía de 275.000 millones de dólares, la mitad que Trump, y más abierto a la inclusión de empresas de otros países. En lo que doblaría al republicano es en la subida del salario mínimo federal. Hillary Clinton lo dispararía hasta 12 dólares la hora desde los 7,5 dólares actuales –Trump se quedaría en 10 dólares-, lo que afectaría enormemente a los costes y precios del sector de la Hostelería como ya ha sucedido en otras subidas pasadas (la última en el año 2007).

En el lado contrario, aunque ha prometido controlar más la práctica de algunas farmacéuticas de subir precios de algunos medicamentos indiscriminadamente, sí favorecería al sector de la salud al continuar con el programa sanitario de Barack Obama, que extiende el acceso sanitario a más población.

Ahora mismo, los mercados descuentan la victoria de Hillary Clinton, cualquier cambio en los apenas 20 días que quedan hasta las elecciones puede suponer turbulencias importantes en los mercados financieros. Todo ello lo veremos en la noche del próximo 8 de noviembre. Lo único que queda claro es que el reto al que se enfrentará el ganador será más que importante.