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Fue acribillado a balazos en su domicilio de Barcelona y, aunque se sospechó de su suegro como autor material, las diligencias acabaron archivadas

Trece años después, la Policía no ha logrado esclarecer el asesinato a tiros del banquero catalán Jordi Berraondo

Abril 20, 2014
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En la mañana del 22 de abril de 2001, domingo, el banquero Jordi Berraondo fue asesinado en su domicilio de l’Eixample de Barcelona de siete disparos efectuados por alguien que accedió a su domicilio sin forzar puertas ni ventanas. Berraondo, director de una oficina de La Caixa en la Ciudad Condal, de 37 años de edad, recibió en el abdomen y el pecho los impactos realizados con una pistola de 9 milímetros.

Desde el primer momento, la Policía consideró poco creíble que el asesinato de Berraondo estuviese relacionado con un posible robo en su domicilio. También se descartó cualquier vínculo entre el crimen y la actividad laboral de la víctima. El fallecido era considerado un buen empleado, con una relación correctísima con la entidad, tranquilo, amable y trabajador.
Infidelidades y deudas de juego
 
Las investigaciones se focalizaron en el entorno más cercano a la víctima. Si la vivienda no había sido forzada, era presumible que Jordi Berraondo conociese a su asesino. Siguiendo este razonamiento, en diciembre de 2001 eran detenidos la mujer y el suegro del banquero asesinado, María Dolores Companys Carulla, de 39 años, y Josep Companys Ametller, de 68. La Policía pensaba que el suegro de Berraondo fue el autor material de los disparos, mientras que su esposa había cooperado. Precisamente, fue la mujer la que llamó a la Policía el día del asesinato asegurando que acababa de llegar a casa y había encontrado a su marido tendido en el sofá y cubierto de sangre.
Los investigadores consideraban que el móvil del crimen era una intensa y problemática convivencia familiar, con la posibilidad de que la separación matrimonial pudiera perjudicar económicamente a la esposa. No así con el fallecimiento del banquero, ya que cobró un suculento seguro de vida que tenía su marido, concretamente 50 millones de pesetas. Además, el suegro era ludópata con deudas de juego y solía moverse por ambientes marginales de Barcelona. Sin embargo, el juez acordó la puesta en libertad de ambos por falta de indicios sólidos.
El archivo del caso y las sospechas persistentes
En febrero de 2002, el titular del Juzgado de Instrucción número 7 de Barcelona, José Grau, archivaba las diligencias por falta de autor conocido y porque, entre otras cosas, no había aparecido el arma homicida. El auto del juez aseguraba: “No aparecen indicios sólidos que permitan implicar a los hoy imputados (…), sino sospechas más o menos fundadas”. Sin embargo, la familia de Berraondo consiguió la reapertura del caso. Según su tesis, la esposa del banquero bajo a la calle con la hija de ambos y se encontró con su padre. Éste, con la excusa de aparcar el coche, desapareció durante 20 minutos, tiempo suficiente para subir al piso y matar a su yerno.
 
En octubre de 2002, la Policía controlaba, durante días, el vaciado de los 6.500 metros cúbicos de agua del lago del parque de la Ciutadella de Barcelona en la búsqueda de la pistola con la que fue asesinado el banquero. El 3 de diciembre se confirmaba que no se había hallado el arma en el estanque, por lo que el crimen quedaba definitivamente impune. Las circunstancias que rodearon el asesinato de Jordi Berraondo fueron llevadas al cine en 2010 de la mano del guionista y realizador Xavi Berraondo, hermano de la víctima, con la película “Ens veiem demà” (“Nos vemos mañana”).
 
José Manuel Gabriel