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Dos detenidos por el crimen quedaron en libertad tras retractarse en bloque todos los testigos de la acusación

Tras 21 años de investigación, la policía no ha dado con los asesinos ni con el cadáver del joyero Jaume Martínez

Mayo 21, 2015

El joyero Jaume Martínez Moliné recibió dos disparos de escopeta a bocajarro en la cabeza cuando salía de un bar de Terrassa el 21 de mayo de 1994.

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Ante numerosos testigos aterrados, los asesinos, que llevaban los rostros cubiertos con pasamontañas, introdujeron el cuerpo del joyero en el maletero de un automóvil y huyeron del lugar a toda velocidad. Sobre la acera de la avenida Roma de Terrassa quedó un enorme reguero de sangre, media dentadura y parte de la masa encefálica de la víctima. Pocos minutos después, empleando el juego de llaves del fallecido, los criminales entraron en la vivienda de éste, amordazaron a su compañera sentimental y robaron joyas por valor de medio millón de las antiguas pesetas. Al día siguiente se dirigieron a la joyería con intención de desvalijarla, pero no pudieron entrar porque había sido cambiada la cerradura.

La Policía no tardó en encontrar el vehículo empleado por los asesinos de Jaume Martínez. Apareció en una zona conocida como Lago Petit, en Terrassa. El automóvil había sido calcinado, pero no había ni rastro del cuerpo del joyero. Policía y Guardia Civil rastrearon durante días la zona boscosa de Les Fonts, donde sospechaban que podría haber sido enterrado, pero no encontraron nada.
 
Un testigo muere y los demás se retractan

Dos semanas más tarde el Grupo Antiatracos de la Policía de Barcelona arrestaba a dos jóvenes por su posible relación con el caso. Se trataba de dos delincuentes habituales conocidos por los alias de el Sevi y el Pichurri, con numerosos antecedentes por delitos contra la propiedad. Según la hipótesis policial, los dos delincuentes le habían vendido a Martínez unas joyas sustraídas que éste nunca les pagó, por lo que decidieron matarle y robarle todo lo que pudieran. También se les acusaba del atraco a una sucursal de La Caixa en Terrassa y otro en la empresa de congelados La Sirena. El juicio se celebró a comienzos de 1997, con una petición de penas por parte del fiscal de 79 años de cárcel para los dos imputados. Era la primera vez que se celebraba en Cataluña un juicio por homicidio sin haber aparecido el cadáver. En la vista, José Antonio M. M., el Sevi, de 22 años, y José Antonio J. S., el Pichurri, de 21, negaron los hechos de los que se les acusaba, se declararon inocentes y respondieron a casi todas las preguntas con evasivas. Se les imputaban delitos de robo con homicidio, incendio, robo con toma de rehenes, robo con fuerza en las cosas y tenencia ilícita de armas. Las acusaciones les calificaron de peligrosos y vengativos y desgranaron un entramado de delincuencia barriobajera con amenazas y coacciones a testigos, venganzas y pandillerismo juvenil.

Durante las sesiones salieron a relucir todo tipo de motes. Además, de el Sevi y el Pichurri, se hablaba de un tal Jose el de los búfalos, o el Bigotillo, el Beni o el Cuqui. Poco antes del juicio, uno de los testigos apareció muerto, al parecer por sobredosis de droga. Quizás este hecho fue el motivo de que otros testigos olvidasen de golpe todo lo que habían dicho previamente, retractándose de declaraciones anteriores o explicando que sabían del caso por la prensa o por rumores de barrio. El presidente del tribunal se vio en la obligación de recordar que el falso testimonio es delito.

El 3 de febrero de 1997, tras dos años y 8 meses de prisión provisional, el Sevi y el Pichurri quedaban en libertad por orden de la Audiencia de Barcelona, que les absolvía del asesinato del joyero Jaume Martínez. Los principales testigos de cargo habían negado sus acusaciones iniciales, el crimen quedaba impune y el cadáver de Martínez nunca ha aparecido.

José Manuel Gabriel