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Testigos e investigadores privados se desvincularon del caso tras recibir amenazas de desconocidos

Todo son conjeturas sobre el asesinato, perpetrado hace 19 años, del abogado Juan Antonio Domínguez, abatido a tiros en Madrid una fría madrugada

Diciembre 17, 2014

Las amistades peligrosas del letrado comenzaron a surgir cuando trabajó, como especialista en Derecho Civil, en los despachos de Emilio Rodríguez Menéndez, primero, y de Jesús Gañán, después. Este último, según publicó la prensa de la época, estaba relacionado con traficantes de droga, a los que defendía profesionalmente

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Domínguez tenía 36 años cuando fue asesinado a tiros. A las 3:45 de la madrugada del 15 de diciembre de 1995 se disponía a entrar en el domicilio de sus padres, en la calle del Doce de Octubre, junto al madrileño Parque del Retiro, cuando un individuo que le estaba esperando en el portal le colocó el cañón de una pistola bajo el ojo derecho y apretó el gatillo. Luego le remató en el suelo disparándole a la nuca y huyó en un Renault 19 de color gris oscuro donde aguardaba un cómplice. La Policía encontró junto al cuerpo cuatro casquillos de balas blindadas de fabricación belga del calibre 9 milímetros corto, procedentes de la Fábrica Nacional de Armas de Guerra, sita en la localidad de Herstal.

Domínguez vivía en casa de sus padres desde hacía pocas fechas. El mes anterior se había divorciado de su mujer debido, supuestamente, a la adicción del abogado a la cocaína y las numerosas deudas que había contraído. El elevado tren de vida de Juan Antonio había llevado a la pareja a perder el piso y a caer en una espiral peligrosa. Discutía mucho con su suegro, y el abogado le sacaba turbios asuntos de especulación de terrenos en los que podría estar implicado el padre de su exmujer. Una vez le espetó que si se decidía a hablar, su suegro iría inmediatamente a la cárcel.

Bufetes problemáticos

Llamó la atención el hecho de que el asesinato se cometiera en el portal del domicilio de los padres de Juan Antonio, ya que muy pocas personas sabían que recientemente se había mudado allí. Además, acababa de llegar de un viaje a Málaga donde, según había dicho a sus amigos, iba a vender un piso. A su regreso, acudió a visitar a uno de sus hijos a la casa de un exmujer, luego se pasó por casa de una amiga, donde estuvo un par de horas y más tarde, a eso de las 0:30 de la madrugada fue con tres amigos al pub Duduah, en la esquina de las calles Alcántara y Hermosilla. A las 2:30 se despidió de sus acompañantes y, a pesar del intenso frío, emprendió andando el camino a casa de sus padres, sita a una media hora de distancia a buen paso. Quedan, por tanto, 45 minutos sin aclarar desde que la víctima abandonó el local hasta que se le encaró su asesino, que ya le estaba esperando en el portal.

Las amistades peligrosas del letrado comenzaron a surgir cuando trabajó, como especialista en Derecho Civil, en los despachos de Emilio Rodríguez Menéndez, primero, y de Jesús Gañán, después. Este último, según publicó la prensa de la época, estaba relacionado con traficantes de droga, a los que defendía profesionalmente.

La Policía elaboró un informe sobre el crimen en el que se barajaba como hipótesis el que alguien hubiera contratado a un asesino a sueldo, de nacionalidad al parecer belga, para matar a Juan Antonio Domínguez debido a que éste pretendía destapar un grave caso de especulaciones urbanísticas en Madrid. La investigación del crimen no ha sido, ni mucho menos, sencilla a tenor de las amenazas de muerte que dijeron haber recibido varios testigos. La familia de la víctima llegó a contratar a una empresa de detectives privados, que abandonó el caso a los pocos días tras reconocer haber sido amenazados.

“Deja de mover lo de tu hermano”

El hermano de la víctima comenzó entonces a investigar por su cuenta. Una tarde, cuando estaba sentado en una terraza, se le acercaron dos hombres y le dijeron que dejase de mover la historia de Juan Antonio si no quería acabar como él. Los antiguos socios de la víctima cerraron sus despachos profesionales y uno, incluso, se fue de España. Además, el juez que investigaba el crimen no autorizó los pinchazos telefónicos que le propuso la Policía y emitió orden de registro de varios despechos cuando ya había pasado el tiempo suficiente para que no apareciese nada de interés en los locales.

Los investigadores sólo recabaron datos aislados del turbio pasado de Juan Antonio Domínguez: que su suegro insistía en que pagase el piso que había perdido por culpa de las deudas, que el abogado seguía gastando más dinero del que tenía, que había contraído deudas con varios bancos, que se había relacionado con prestamistas y subasteros con el objeto de recuperar su casa, que también se codeaba con traficantes de droga, y que, desde el divorcio, no podía ver a sus dos hijos.

El caso está archivado desde hace años. La Policía no ha podido explicarse cómo sabía el asesino que le aguardaba que Juan Antonio Domínguez iba a llegar al domicilio de sus padres, que muy pocos conocían, sin acompañantes, y a una hora determinada. 

José Manuel Gabriel