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Analice los puntos a favor y en contra

Tarjeta de crédito o descubierto: opciones extremas para solucionar problemas financieros

Mayo 14, 2014
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Hace apenas unos días Eurostat, el organismo estadístico de la Unión Europea, mostraba de nuevo que la recuperación económica no se refleja aún en casi ninguna referencia más allá del tímido crecimiento del PIB. Este es el caso de la tasa que mide el ahorro de los hogares españoles que cerró 2013 en un nuevo mínimo. Este resultado, del 10,4 %, es el menor entre los principales países europeos y muestra que se sigue consumiendo lo mínimo imprescindible, pero los ingresos continúan bajando.

El resultado es que son muchos los que no disponen de ningún ahorro y por tanto se enfrentan cada final de mes a una difícil coyuntura para poder hacer frente a sus pagos más comunes y necesarios.

Descubierto permitido o no

Ante los enormes problemas para lograr financiación que nos pueda ayudar a superar problemas puntuales, la mayoría de los ciudadanos disponen de dos herramientas con las que intentar hacer frente a estos pagos: los descubiertos en cuenta corriente o financiar con tarjeta de crédito. Ambos tienen pros y contras, pero el punto fundamental radica en el precio y este varía de forma importante.

El uso de los descubiertos es bastante peligroso por los costes que conlleva, principalmente por tres vías. Por un lado, los intereses que generan los números rojos que suelen superar el 20% anual; por otro, dos grandes comisiones: la primera, por el propio descubierto (con otro punto en contra, como es cobrar un importe mínimo que penaliza los descubiertos pequeños), y, la segunda, por la reclamación de la posición deudora; es decir por el mero hecho de mandar una carta solicitando el pago de la deuda. Así, por ejemplo, un descubierto de 100 euros por tan solo un mes nos puede costar unos 3 euros de intereses. Pero lo que es peor, una comisión mínima de 18 a 60 euros, dependiendo de la entidad, y otra por reclamación que oscila entre los 3 y los 21 euros; es decir, aplazar un mes 100 euros, nos puede llevar a pagar otros 84 euros en intereses y gastos.

Para intentar rebajar este coste podemos negociar con el Banco tener un descubierto permitido o tácito que no superándose supone un interés menor y, lo más importante, rebaja el coste en comisiones. Consiguiendo este punto tendríamos una opción de financiación que suele ser cuatro veces inferior al descubierto no permitido que -“ironías de los Bancos”-, muchas veces nos lo crean las propias entidades de forma automática, aceptando un recibo o incluso haciendo disposiciones de efectivo en un cajero por encima del saldo en la cuenta.

Las tarjetas, opción más económica

Las tarjetas permiten una mayor flexibilidad y más opciones en el control del coste. Por un lado, los gastos serán el interés que varía mucho dependiendo del Banco (entre el 12,68% y el 26%), a lo que hay que sumar lo que nos cueste el mantenimiento de este producto, aunque con mayor frecuencia muchas entidades financieras nos ofrecen “plásticos” de forma gratuita en su emisión y renovación.

También podemos elegir el método de pago: pagar la totalidad a fin de mes sin ningún interés, consiguiendo así unos días de margen, fraccionar la operación o pagar una cantidad fija o porcentaje de la deuda. En caso de querer financiar, es mucho mejor fraccionar los pagos en un número conocido de cuotas para conseguir un mayor control del principio y fin de la financiación y su coste. Pero usar las tarjetas, también tiene un claro peligro: el que se produce muchas veces cuando acumulamos deudas que no podemos pagar. Con esta práctica, vamos llegando al límite del crédito y al usar amortizaciones pequeñas, los intereses generados mes a mes por la deuda pendiente acaban siendo superiores a lo que pagamos, y finalizamos el mes con más deuda de la que teníamos al arrancar este periodo.

Para evitar esto, y logar la mejor de las opciones debemos:

  • Buscar siempre la opción más barata de financiación, negociando con nuestra entidad si podemos mejorar, especialmente en el caso de descubiertos, intereses y comisiones.
  • No contraer deudas que posteriormente no podemos pagar, ya que estaríamos asumiendo un tipo de interés elevado y haciendo mucho más grave el problema.
  • Intentar disminuir el coste, pagando a la mayor brevedad posible. El reclamo de las cuotas muy bajas, supone un enorme problema ya que o generamos más intereses que luego hay que pagar o hacemos que la deuda pase a tener un carácter enormemente largo en el tiempo.

En definitiva, soluciones extremas que sólo debemos utilizar para casos de enorme necesidad.