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Sólo en España se ofende a don Juan Carlos I, empezando por Zarzuela: en los años difíciles del entonces rey, doña Sofía los definió como aquellos “en los que no éramos nadie”

Julio 3, 2017
juan carlos I sofia estrasburgo

El viernes pasado los reyes don Juan Carlos y doña Sofía no quisieron faltar a la gran cita en la sede del Parlamento Europeo, en Estrasburgo, para rendir sentido homenaje al fallecido Helmut Kohl, figura fundamental de la historia reciente de Alemania, de la que fue canciller recordado, y gran defensor de la Unión Europea ahora tan en jaque por el Brexit británico y por la emergencia de distintos partidos de corte populista contrarios a la Unión en países como Francia. Un encuentro de grandes personalidades de la esfera política internacional como el ex presidente norteamericano Bill Clinton, gran amigo de los reyes eméritos, y el actual presidente de Francia, Emmanuel Macron, con quien los monarcas conversaron en distintos momentos tras firmar en el libro de condolencias y saludar a la viuda del finado, Maike Kohl-Richter.

Los que fueron reyes de España en ejercicio fueron recibidos con enormes muestras de respeto por todos los presentes, entre quienes se encontraba el ex presidente Felipe González, siendo los únicos miembros de las distintas familiares reales reinantes del conjunto de la Unión Europea. Un gesto que les honra y que da marcada muestra del apoyo histórico de don Juan Carlos I al proyecto europeo, en una ceremonia en la que también quisieron estar presentes esos sobrinos en segundo grado de doña Sofía que son los príncipes Georg Friedrich y Sophie de Prusia, jefes de esa casa real que hasta 1918 rigió los destinos de Alemania. Toda la prensa internacional ha destacado con relevancia y con interés la presencia de don Juan Carlos y doña Sofía, cuyo perfil tanto personal como dinástico e histórico, continúa estando muy alto fuera de nuestras fronteras hecho que contrasta con los muchos feos de los que el rey emérito ha sido objeto desde su abdicación en nuestro país desde muy numerosas instancias.

El temor de Zarzuela a posible críticas

El más reciente, y sin duda alguna el más grave, el no ser invitado a la conmemoración en el Palacio de las Cortes el pasado 28 de junio del 40 aniversario de las primeras Elecciones democráticas de 1977. Un grueso desaire hacia quien fue figura principal y señera del complejo proceso de transición política, que ha dolido fuertemente a don Juan Carlos cuya vida previa a su entronización en 1975 ya estuvo jalonada de humillaciones, desaires y situaciones cargadas de fuertes tensiones tanto políticas como dinásticas y familiares. El rey emérito tiene las espaldas anchas, pero nada podía dolerle más que el ser ignorado en la conmemoración de lo que ha sido el gran logro de su vida y su mérito más notable, tras tres años de vida en la sombra por mor de no contaminar con su presencia el reinado de don Felipe.

Un mal paso y un feo gesto del que nadie sabe a quién responsabilizar, pero que sin duda surge del temor de la propia corona, y quizá del propio gobierno, a posibles y desagradables manifestaciones de los partidos populistas en el Hemiciclo, a pesar de que el mismísimo Pablo Iglesias ha manifestado, a tiro pasado, que la presencia de don Juan Carlos en el acto tenía todo el sentido del mundo. No invitar al rey emérito no sanea la imagen de la corona, sino que la empobrece, si bien don Juan Carlos I ha querido exculpar de toda responsabilidad a don Felipe VI a quien ha querido separar de “la Casa del Rey”. No obstante, cualesquiera que hayan sido las razones, todo parece manifestar un claro temor de Zarzuela a posibles críticas por parte de nacionalistas y populistas, y también por parte de ciertos sectores de la prensa.

Llueve sobre mojado

Una vez más, la monarquía española ha fallado a la hora de saber dar continuidad a sí misma, pues nada peor que no reconocer a don Juan Carlos su lugar sin duda singular en nuestra historia de la que fue protagonista en primera persona. Ya sucedió así en 1975  con la figura de don Juan de Borbón, ausente de los actos de entronización de su hijo que tuvo que seguir por televisión desde París, y así volvió a suceder en el acto de entronización de don Felipe VI al que doña Sofía asistió en solitario. El 22 de noviembre de 2015 tampoco hubo referencia alguna a los 40 años de la entronización de don Juan Carlos, que pasó sin pena ni gloria, y ahora nos reiteramos en esa idea errónea de que en España todo reinado parece tener que presentarse como algo ex novo con formas y protocolos diferentes que no dan reconocimiento a lo anterior y que dejan a la dinastía una vez más desnuda de tradiciones.

Desde Zarzuela se han aducido razones protocolarias, sin duda incomprensibles pues si para algo sirve el protocolo es para acomodar a todas las partes y reconocer a cada uno el lugar legítimo que merece. Razones imprecisas y de escaso fundamento que a la postre no han convencido a nadie, y que han molestado íntimamente al rey emérito que, con su talante directo habitual, dejó patente su desagrado ante el periodista Raúl del Pozo ante quien reconoció enfáticamente que la naturaleza de este acto ha sido como conmemorar la batalla de Austerlitz y no invitar al gran Napoleón. Un nuevo y lastimero acto fallido en momentos en los que volvía a percibirse una mejor sintonía entre los reyes eméritos y los reyes en ejercicio, pero ahí está una vez más doña Sofía para apoyar como siempre a su esposo recordando aquellos años difíciles que ambos vivieron juntos, codo a codo, y que ella misma ha definido como los tiempos “en los que no éramos nadie”.

Ricardo Mateos