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A QUIÉN CORRESPONDA

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Sin rumbo: El Barcelona necesita definir su proyecto en los próximos meses

Abril 11, 2017
Messi derrota malaga

La derrota en La Rosaleda ha puesto de manifiesto una realidad latente durante toda la temporada: el Barcelona ha perdido el rumbo. El equipo tal vez más trascendente para el fútbol de la historia moderna se encuentra ahora en el limbo, a caballo entre el juego de toque, la verticalidad y las individualidades de la MSN. El problema, aunque se evidencia en el terreno de juego, es completamente estructural. El club blaugrana debe parar y reflexionar. El Barcelona, en definitiva, debe decidir qué quiere ser y actuar en consecuencia.

El problema no es nuevo

La vorágine de partidos propia de la competición ha ido tapando el problema y desde el club se ha preferido esquivar lo fundamental para centrarse en el día a día. La cruda realidad asomó especialmente tras la goleada recibida en el Parque de los Príncipes (4-0 ante el PSG), pero volvió al sótano después de la remontada. La machada lograda ante el equipo de Emery pasará a la historia, de eso no cabe duda. Pero no sería inteligente obviar el fondo del asunto: el Barcelona -como ha hecho en tantos partidos en el presente curso- no tuvo un plan concreto, más allá del empuje, la pegada y la fe. Todo ello en cantidades industriales, por supuesto. Eso le sirvió para escribir una de las páginas más increíbles de su historia, pero los partidos posteriores dejaron claro que esa victoria carecía de contenido real.

La evolución en el juego del Barça en los últimos años ha sido palpable. Luis Enrique introdujo mayor verticalidad, más velocidad, más mordiente. El entrenador asturiano amplió el abanico de los registros de un equipo que se había convertido en previsible para los rivales. Y durante un tiempo funcionó. Ese Barça más directo mandó al ostracismo de una patada al lúgubre equipo de Martino. Luis Enrique conquistó el triplete en su primera campaña. El Barça era menos poético pero igual de eficaz. La deriva ya había comenzado aunque a nadie pareció importarle.

Con el paso del tiempo, esos recursos se han convertido en parte de la rutina. No se recuerda -en los últimos diez años- una época en la que el portero azulgrana saque en largo en tantas ocasiones. El balón cada vez pasa menos por el centro del campo, sin duda una de las características principales del equipo en los últimos tiempos. Sigue habiendo posesión, claro, pero carece de utilidad. Los ataques en estático evidencian una preocupante falta de creatividad. El equipo -más aún después del anuncio de la marcha de Luis Enrique- se agarra a un inesperado gen de competitividad para seguir vivo en las tres competiciones. En sus partidos el azar cobra un papel capital. A corto plazo, pues, el Barça puede ganar títulos pero, mirando al futuro, el club se ve en la imperiosa necesidad de redefinir su proyecto.

Los próximos meses son clave

Si hay un club que necesita de un modelo para sobrevivir es el Barcelona. Dice Valdano que cuando los resultados no acompañan, el estilo es a lo único a lo que puedes aferrarte. Su Real Madrid, paradójicamente, es la excepción. La entidad blanca tiene muy claro lo que quiere hacer (ganar) y cuando eso no sucede, cambia las piezas y vuelve a empezar. No hay más hoja de ruta que la necesidad de la victoria. El Barça es diferente: en La Masía los chicos aprenden a construir su personalidad futbolística alrededor del balón. El estilo combinativo, la elaboración paciente de la jugada, la sublimación del pase, son elementos inherentes a la entidad azulgrana. Ese modelo alcanzó su apogeo con Cruyff y Guardiola, pero se puede decir que -sobre todo a partir de la irrupción del holandés- siempre ha estado ahí.

Ahora el mecanismo se rompe en la mitad del proceso. Los chavales siguen entrenando de ese modo pero el engranaje se hace trizas en el primer equipo. Los mayores ya no juegan como los jóvenes. Por eso cada vez es más difícil hacerse un hueco en la primera plantilla. La mayoría de canteranos se ven obligados a salir. Algunos, como Sergi Samper, se consuelan convenciéndose de que el exilio al menos les hará jugadores más completos. El ahora jugador del Granada lo explica así: “Estoy aprendiendo aspectos del juego que desconocía. En el Barça entrenamos siempre con el balón, hay cosas que importan menos”. Lo irónico es que ahora esas cosas -el fútbol directo- son las que utiliza el primer equipo.

Esta incongruencia alcanza su punto más álgido en los fichajes. El Barcelona ha realizado grandes desembolsos en jugadores que, aparentemente, no encajan en su equipo. André Gomes, Alcácer, Digne, etc. Todos ellos son futbolistas notables que bajan el nivel de un equipo acostumbrado a la excelencia. De ahí la necesidad de definir el proyecto y, en consecuencia, incorporar a un entrenador y a unos jugadores acordes a él.

El Barçasin Busquets ni Rafinha– juega esta noche la ida de los cuartos de la Champions ante la Juventus (20:45, Juventus Stadium). En juego está la posibilidad de seguir compitiendo por un título. Pero, pase lo que pase, el club se juega mucho más en los próximos meses: su futuro.

Felipe de Luis Manero

@FelipedeLuis99