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Es tan rentable para el conjunto de la Fórmula 1 que la empresa organizadora, FOM, -dirigida por Bernie Ecclestone-, no cobra canon alguno al organizador local

Si el último coche de la tierra fuera de carreras, la última prueba se disputaría en Mónaco

Mayo 18, 2014

Es de largo el Gran Premio más raro de todos. Su pista es resbaladiza, estrecha, sin apenas escapatorias donde corregir un minúsculo error. El trazado más corto, el único donde no se recorren los 300 kms de rigor y el que tiene una curva tan cerrada que requiere una desmultiplicación específica del volante. De no llevarlo, los coches se colarían en el hall del edificio de enfrente, el Grand Hotel. Rozar una valla en plena carrera equivale a darse un tortazo de costes sonrojantes. Alberto Ascari tuvo que ser rescatado del agua tras accidentarse y caer al mar; desde entonces, en la zona siempre hay submarinistas preparados.

Otros han tenido que ser rescatados de un estado de atontamiento de días tras impactar contra las vallas, como le ocurrió a finales de los 80 a Adrián Campos. Cuando un comisario le preguntó su nombre para comprobar su estado le respondió: “¿que quien soy? ¡Pues Nelson Piquet! El brasileño se partía de risa cuando Campos se lo contaba años después. Los fotógrafos aman y odian Mónaco al mismo tiempo, porque, vayas a donde vayas, siempre tienes algo bueno que enseñar, pero una vez que los coches arrancan, quedas atrapado sin capacidad de movimiento hasta que los motores quedan en silencio; tendrás miles de fotos… iguales.

Un circuito que hipnotiza
Es peligroso, complejo, incómodo y caro, pero todas las pegas y los picores desaparecen ante los ojos de los que deciden cuando se habla de que tres de cada cuatro contratos de patrocinio se firman en el principado. Cada vez que alguien con cierto poder financiero asoma su nariz por un Circuito suele quedar maravillado, pero si lo hace en el territorio del Príncipe Alberto, queda hipnotizado no se sabe muy bien si por las sinuosas curvas de las chicas, el reflejo del sol en la bahía mediterránea, los megayates atracados en el puerto o por el eco de los coches que resuenan entre los edificios. El caso es que miles de VIPs pican en el anzuelo comercial de la F1 cuando ven el espectáculo, y los contables sonríen.

Es tan rentable para el conjunto de la Fórmula 1 que la empresa organizadora, FOM, -dirigida por Bernie Ecclestone-, no cobra canon alguno al organizador local, el Automóvil Club de Montecarlo. Es un caso único, como único es que la carrera se pueda ver indistintamente desde la terraza de casa, la cubierta de un barco, o la mesa de un restaurante (con los coches pasando a menos de dos metros), un establecimiento, “La Rascasse”, donde te pueden quitar de la cartera cantidades de más de cuatro cifras por el ´menú del día´.

 
La habilidad de Fangio
 
Lo han ganado espías británicos como William Grover, tipos como el alemán Rudolph Caracciola -cuyo logro hizo ondear en dos ocasiones la cruz gamada en el pódium-, o Ayrton Senna, que venció en seis ocasiones. Mónaco es la pista donde el astro de Sao Paulo se apostaba con los marshalls que pasaría tan cerca de las protecciones que si le ponían cerillas en ellas, las arrancaría. El mito dice que lo hizo. En una ocasión nueve coches fueron estrellándose uno tras otro de manera incomprensible en la curva de Tabac. Lo que había ocurrido era más mundano que esotérico: una inesperada ola invadió la pista y dejó mojado el asfalto. Nadie pudo hacer nada para remediarlo, pero un avispado Juan Manuel Fangio que iba líder se quitó de encima a media parrilla. Ganó la prueba.
 

Si la historia no hubiera sido la que fue, Montecarlo bien podría haber albergado el Gran Premio de España. La originaria familia Grimaldi compró a la corona de Aragón estos apenas dos kilómetros cuadrados en 1419… hace seis siglos fue territorio español. Tras la adquisición fue refugio de piratas, y ahora paraíso fiscal repleto de casinos y tipos ricos con cierta edad, siempre ha habido dinero por medio. En todo caso, un lugar pensado en el descanso cuya tranquilidad se rompe un jueves de mayo con el ruido de los motores y durante todo el fin de semana a excepción de un día, el viernes, para que las señoras (y señores), puedan ir al mercado con cierta calma. Por cosas como esta, bien se puede decir que si el último coche que ruede sobre la tierra será un coche de carreras, el último lugar donde lo haga será sin duda en Mónaco.

 
José M. Zapico
@VirutasF1