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Se va Raúl, el que nunca hizo nada

Octubre 16, 2015

En el tramo final de la carrera de Raúl en el Real Madrid, Manolo Lama unía a sus goles como un latiguillo constante “el que nunca hace nada”. Lo hacía irónicamente, pero dibujaba a la perfección lo que Raúl hizo durante toda su carrera: parecer que no hacía nada y lo hacía todo. Uno de los ‘sietes’ más míticos anunció desde Nueva York que lo deja, que ya está bien, y en el momento del adiós conviene recordar que hubo un momento que lo fue todo.

raul real madrid

Raúl era de gesto arisco, poco dado a los concesiones a la galería, no le dio nunca nada al periodismo porque a él lo que le perdía era lo que ocurría en el campo. Cada uno, cada periodista que ha cruzado su carrera con la de una leyenda, tiene la suya. La mía es haberle visto meter goles como un descosido en el Real Madrid C que entrenaba Toni Grande y dar el aviso en la redacción de que había un chaval al que se le caían los goles. Quien no lo había visto no tuvo que esperar mucho. Desde que empezó a marcar uno tras otro en la vieja Ciudad Deportiva de Chamartín no pasaron más de dos meses hasta que jugó un partido con Rafa Benítez en Segunda y luego le llamó Valdano para viajar a Zaragoza. El resto de la historia la sabe todo el mundo.

Raúl solo era fútbol

Hubo un tiempo en que su producción era tal que al equipo se le llamaba Raúl Madrid. Los hizo de todos los colores, bonitos, feos y muy feos, pero todos valían, porque lo que reconocía a Raúl en todo el mundo era la capacidad que tenía para estar donde iba a llegar el balón, ¿o era al revés? Hubo un momento que Raúl era el jugador más conocido de nuestro país. España era Raúl, hasta tal punto que quien sabe si perdimos nuestro primer Mundial, el de Corea, porque estaba lesionado y Camacho lo guardaba para las semifinales. Del Bosque dice a veces que le da pena que no participara de los éxitos, pero en realidad fue de lo primero que se desprendió Luis Aragonés para llegar a su triunfo.

El recuerdo del fútbol de Raúl debe ser bueno, muy bueno, porque solo era fútbol. Él aprendió en sus carnes los peligros de su deporte, de la fama, y cuando se despojó de todo eso se dedicó en cuerpo y alma al juego. No le interesó nada más, con sus roces, como los de todo el mundo, y con sus críticos, pero también con sus incondicionales, muchos. Raúl tocó la fibra de la gente porque su juego era emocionante, con los códigos de siempre, con pocas bromas, pocas gaitas. Pinta que Raúl volverá al Madrid, lo difícil es saber si casa con los nuevos tiempos, en los que pesa más el marketing que el balón.

José Luis Corrochano