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Mientras el príncipe de Anhalt celebrará los 800 años de su dinastía

Se publican las cartas de amor que el rey Constantino I de Grecia envió a su amante, la condesa Paola de Ostheim

Abril 8, 2012
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El próximo 2 de junio el príncipe Eduardo de Anhalt (“Eddy” en familia), será el anfitrión de una gran fiesta para la realeza europea que conmemorará los 800 años de esa dinastía de la que es jefe y que, hasta 1918, reinó sobre el pequeño ducado de Anhalt en el seno del imperio alemán. Los Anhalt, de quienes descienden casi todos los reyes de Europa, entre ellos la reina doña Sofía, dieron una zarina a Rusia en la persona de Catalina la Grande y ahora celebran su centenaria historia en el bello castillo de Oraniembaum, en tierras del viejo ducado de Anhalt-Dessau, donde tendrá lugar la brillante fiesta a la que, por lo que ya se dice, asistirán el príncipe de Gales, la princesa Máxima de Holanda, el duque Franz de Baviera, la ubicua princesa Gloria de Thurn und Taxis y todo un largo etcétera entre el que también estará el príncipe Franz Wilhelm de Prusia, residente en Madrid y ex esposo de la gran duquesa Maria de Rusia, y sería de esperar que la familia real española enviase una digna representación.

Ausencias notables

No estará, eso sí, el singular actual esposo de la sin par Zsa Zsa Gabor, el príncipe Federico de Anhalt, que adquirió su título mediante una adopción pactada y bien pagada a la princesa Maria Augusta de Anhalt, aquella misma que durante años regentó una pensión en Tenerife. Eddy Anhalt -se cuenta que una de sus hermanas trabajó en un circo-, tiene 70 años y tras años de economías estrechas mejoró sustancialmente su posición gracias a sustanciosas devoluciones de antiguas propiedades de su familia, como el enorme castillo de Ballenstedt, con la unión de las dos Alemanias. En una Alemania en la que el príncipe Philipp Karl de Prusia ha declarado que debería de regresar la monarquía, la celebración del jubileo de la centenaria casa de Anhalt es una magnífica oportunidad para atraer a aquellas tierras el interés internacional.

Y es que la fiesta del octavo centenario, a la que han sido invitadas 600 personas entre príncipes y nombres importantes de todos los ámbitos de la vida social alemana, no deja de ser un gran negocio pues está financiada por numerosos municipios, empresas e instituciones que esperan extraer algo a cambio. Como la esposa del príncipe, Corinna Krönlein, que ha declarado: “queremos mostrar a nuestra familia extendida que la tierra de nuestros antepasados vuelve a brillar con toda su gloria”. Eddy, que también reclama para sí mismo el título de duque de Sajonia, lleva una vida muy activa en el ducado de sus antepasados aunque reside en Berlin. Pero él y Corinna solo tienen tres hijas, con los singulares nombres de Julia Katharina, Julia Eilika y Julia Felicitas, hecho que hace peligrar la sucesión en esta dinastía en otro tiempo tan importante pues él es el último varón de la familia y niega con toda vehemencia los posibles derechos de los numerosos príncipes de Anhalt espurios surgidos del negocio de las adopciones a cambio de dinero.

Las cartas de amor de un rey
Al tiempo que las preparaciones para la gran fiesta siguen su curso, la prestigiosa periodista y escritora griega Alexandra Stefanopoulou acaba de presentar en Atenas una bella edición de las cartas de amor que el rey Constantino I de Grecia envió a su amante de muchos años, la condesa Paola de Ostheim, que ella misma ha traducido desde el francés. Los temas dinásticos parecen generar un creciente interés en una Grecia convulsa, mientras se anuncia que el príncipe Manuel Filiberto de Saboya, nieto del último rey de Italia, ha sido operado en Ginebra de un cáncer recidivante que ya en 2010 le llevó a pasar por el quirófano a causa de un tumor agresivo en la zona nasal.

Entre tanto varios archiduques austriacos se han desplazado en días pasados a la Isla de Madeira para, con ocasión del 90 aniversario de la muerte del emperador Carlos de Austria-Hungría, mantener vivo el recuerdo de este abuelo llevado a los altares hace tan solo unos años. Allí estuvieron los archiduques Karl, Georg y Carl Christian, que ya se afanan por elevar también a los altares a su abuela la emperatriz Zita, y tampoco faltó el duque de Braganza, jefe de la casa real portuguesa, pariente cercano de los Habsburgo con quienes mantiene una estrecha relación que también es hija de su intensa catolicidad, y persona de enorme presencia tanto en Portugal como en las antiguas colonias portuguesas, a través de la enorme actividad que despliega tanto en la vida pública como en la vida oficial del país .

Ricardo Mateos