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Gran encuentro de los reyes con la Grandeza de España con motivo del bicentenario de la creación de la Junta de Grandes de 1815 y el colectivo de Grandes y Títulos del Reino

Se mantiene la escasa sintonía entre doña Letizia y los nobles titulados adscritos a la Diputación de la Grandeza

Junio 25, 2015

Solo pudieron acudir los portadores de títulos que estuviesen al día con el pago de la cuota anual de 300 euros
“Ya era hora de que se acordara de nosotros algún Borbón con todo lo que hemos hecho por ellos”, manifestó una de las presentes
“Me lo pasé bomba”, nos declara una de las marquesas presentes que, sin embargo, nos habla también de las escasas simpatías que todavía despierta doña Letizia entre un colectivo que con frecuencia echa mano de un claro esnobismo de clase frente a ella aunque algunos ya comienzan a reconocer “que lo está haciendo bastante bien”. Otros noble opina que “creo que ella no se siente cómoda en ese ambiente pues durante el besamanos la percibí muy rígida, casi como violenta”
“Por un momento”, según uno de los marqueses que asistió al evento, “creí que estábamos en la corte de Inglaterra. Los Guardias del palacio se cuadraban a nuestra llegada y nos anunciaban por nuestros títulos, el palacio de El Pardo estaba magníficamente cuidado y especialmente hermoso, el salón de los Borbones espléndido, las señoras habían sacado sus perlas, su oro y sus diamantes, y el rey absolutamente encantador que nos regaló con un muy buen discurso”


Ya han pasado dos semanas desde el gran encuentro de los reyes Felipe VI y doña Letizia con la Grandeza de España con motivo del bicentenario de la creación de la Junta de Grandes de 1815 y el colectivo de Grandes y Títulos del Reino allí presente continúa entregado a los comentarios sobre el encanto de una recepción exquisitamente organizada, según nos declaran varios de los presentes. “Por un momento”, nos declara uno de los marqueses que asistió al evento, “creí que estábamos en la corte de Inglaterra. Los Guardias del palacio se cuadraban a nuestra llegada y nos anunciaban por nuestros títulos, el palacio de El Pardo estaba magníficamente cuidado y especialmente hermoso, el salón de los Borbones espléndido, las señoras habían sacado sus perlas, su oro y sus diamantes, y el rey absolutamente encantador que nos regaló con un muy buen discurso”.

Afirmaciones sorprendentes en boca de uno de los muchos que durante los últimos años han sido los mayores críticos de la familia real, y en particular de la reina doña Letizia, y de las formas de hacer de una monarquía que, muchos creyeron, había dejado a la nobleza olvidada y segregada para siempre. El acto se había preparado con todo cuidado contando con el criterio fundamental de ese gran amigo y secretario personal de doña Letizia que es el duque de Abrantes, y desde la propia Diputación de la Grandeza, la secretaria María Aritio había animado a la presencia: “Cuantos más vayáis más contento se pondrá el rey”. Y aunque las fotografías que hemos podido ver desde entonces parecen mostrar la presencia de un pequeño grupo de personas, lo cierto es que los asistentes fueron cerca de 250 destacando entre ellos los miembros de la joven generación que toma el relevo de la vieja guardia de la nobleza de siempre.

Solo permitido el paso a quien estuviera al día del pago de la cuota anual: 300 euros

Habían pasado solo cinco días desde la revocación del ducado de Palma a la infanta Cristina, y por ello se consideró mucho más oportuno invitar únicamente a los portadores de títulos por derecho propio evitándose así lo que hubiera sido una incómoda presencia de los consortes (algo que parece que molestó particularmente al duque de Alburquerque cuya esposa es Blanca Suelves), y finalmente solo pudieron acudir los portadores de títulos adscritos a la Diputación de la Grandeza que estuviesen al día con el pago de la cuota anual de 300 euros. Sin embargo, sí se dieron cita allí numerosas viudas, como la duquesa viuda de Maura, la condesa viuda de Toreno, o la marquesa viuda de Foronda que compartieron los autobuses con toda la legión de aristócratas titulados en feliz algarabía.

Todos llegaron con una actitud expectante que se trocó en enorme satisfacción por un reconocimiento tan largamente esperado, pues como nos declara una de las presentes, “ya era hora de que se acordara de nosotros algún Borbón con todo lo que hemos hecho por ellos”. Allí estaban la duquesa de Maqueda, el duque del Infantado, el marqués de Mondejar, el duque de Sevilla (el único Borbón entre los presentes), dos hijas de la recién difunta duquesa de Osuna, la casa de Alba casi en pleno (Eugenia Montoro fue criticada por su atuendo), el conde de los Andes, Catalina Luca de Tena (única señora en pantalones), la duquesa de Arión (marquesa de Ardales por derecho propio), la duquesa de San Lorenzo de Valhermoso (que en próximos días será la primera persona con esclerosis múltiple que cruzará a nado el estrecho de Gibraltar), el duque de Fernán Núñez, la duquesa de Montellano, el marqués de Santa Cruz, el conde de Elda, Amalio Marichalar, Alicia Koplowitz (marquesa de Bellavista), el duque de Gor, el conde de El Abra, el marqués de Torrelaguna, o miembros de la familia Mercader de Valencia o del clan catalán de los Fontcuberta por solo citar a algunos.        

Un aperitivo por todo lo alto

Pero no faltaron las críticas por parte de algunos de los Grandes más históricos por la gran afluencia de los considerados títulos menores, pues como afirma otro marqués, “allí pudo haber ido quien quiso, pues la invitación no se cursó a la Diputación y Consejo de la Grandeza, sino a su hermana, la Fundación Cultural de la Nobleza Española, cuyo presidente es el decano de la Diputación” pero que es una institución que cuenta con menos prestigio en el mundo nobiliario. A las 12 de la mañana hicieron su aparición los reyes, siguiendo un besamanos (fotos y selfies estaban prohibidos en el interior), los discursos (el del rey muy altamente valorado), y un aperitivo “por todo lo alto” en el que don Felipe y doña Letizia departieron largamente con numerosos grupos de los allí presentes.

“Me lo pasé bomba”, nos declara una de las marquesas presentes que, sin embargo, nos habla también de las escasas simpatías que todavía despierta doña Letizia entre un colectivo que con frecuencia echa mano de un claro esnobismo de clase frente a ella aunque algunos ya comienzan a reconocer “que lo está haciendo bastante bien”. “Tiene unos ojos preciosos”, continúa diciéndonos la marquesa, “pero muchos no le tienen una gran simpatía y creo que ella no se siente cómoda en ese ambiente pues durante el besamanos la percibí muy rígida, casi como violenta, distendiéndose mucho más durante el aperitivo que le permitió un trato más personal y más cercano en el que a ella se la nota mucho más suelta”. 

Ricardo Mateos