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Alfonso Fernández Ramos se trasladó a Canarias para alejarse de todo y de todos después de una traumática separación matrimonial. Su nueva novia, una polaca, es la principal sospechosa de su asesinato

Se cumplen siete años del crimen de Tahíche (Lanzarote): la víctima apareció “plastificada” dentro de un armario

Febrero 16, 2014
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El 18 de febrero de 2007, Jorge Reyes acudió a la vivienda de la calle Lope de Vega de Tahíche, en Lanzarote, que había alquilado unos meses antes a Alfonso Fernández, un madrileño de 49 años que se había trasladado a Canarias tras divorciarse de su mujer. El casero estaba molesto con su inquilino porque llevaba tres meses sin pagar el alquiler con la excusa de que se encontraba sin trabajo. Iba dispuesto a aclarar la situación de una vez por todas.

Música heavy, broncas y foscurit
Lo primero que le llamó la atención al entrar fue un fuerte olor a descomposición. Abrió puertas y ventanas para ventilar la casa y, siguiendo el rastro del hedor llegó hasta el armario empotrado de una de las habitaciones. Ante la puerta del mismo, en el suelo, vio lo que parecía sangre mezclada con un líquido extraño. Al abrir el armario se encontró con el cadáver de su inquilino en avanzado estado de descomposición. El cuerpo de Alfonso Fernández estaba atado de pies y manos, presentaba signos de violencia en la cara, y estaba envuelto completamente en foscurit, una especie de plástico que se pone en las ventanas para impedir que entre mucha claridad. La autopsia revelará que la causa exacta de la muerte había sido asfixia producida por el mismo plástico en que fue envuelto, aunque también habían intentado estrangularle con el cable del teléfono.
 
Desde que alquilara la vivienda a Fernández, Jorge Reyes había recibido numerosas llamadas de vecinos protestando por el ruido continuo, las broncas y la música alta que salía de la vivienda casi todos los días, sobre todo desde que fuesen a vivir con él dos mujeres polacas: una era su novia; la otra, la hermana de ésta que, además, tenía dos hijos pequeños. Por si fuera poco, el inquilino tenía problemas con el alcohol y debía dinero a varias personas de la localidad.
Una fosa en el jardín
 
El 6 de febrero de 2007, 12 días antes del macabro descubrimiento, los vecinos le dijeron al casero que la vivienda estaba abierta de par en par, y que llevaban días sin ver a sus moradores. Jorge Reyes interpuso una denuncia por impago del alquiler en el juzgado, y después fue a hablar con Alfonso. Efectivamente, se encontró la casa abierta, pero ni rastro de las personas que vivían allí. Notó mal olor al entrar, pero lo achacó a una olla con restos de comida que estaba en la cocina. Tiró los restos, cerró la casa y se marchó a la espera de poder localizar a Alfonso en otro momento.
 
Dos semanas más tarde, cuando apareció el cadáver, la Guardia Civil descubrió que alguien había cavado en el jardín trasero de la vivienda un foso de dos metros de largo por uno de ancho, que apareció lleno de moscas. De las dos mujeres polacas y los dos niños no había ni rastro, y el juzgado número 1 de Arrecife emitió mandamientos judiciales de busca y captura de ambas mujeres, de 28 y 22 años de edad, y de apellido Jurkszak.

El informe forense exculpa a las sospechosas
Interpol tardó poco tiempo en dar con el paradero de las sospechosas. Fueron arrestadas en Polonia y trasladadas a Canarias, donde se declararon inocentes aunque reconocieron haber comprado cloroformo, cavado la fosa en el jardín y utilizado la tarjeta bancaria de la víctima. El juez las envió a la prisión de Lanzarote, donde permanecieron 8 meses. Al cabo de este tiempo, el informe del forense de Arrecife determinó que Alfonso Fernández había sido asesinado cuando ya las polacas se habían marchado de Lanzarote, por lo que el juzgado ordenaba su libertad por falta de pruebas. Con esta decisión se cerraba la única vía que podía aclarar este terrible crimen.  
José Manuel Gabriel