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Fue encontrado muerto en su domicilio de Montilla (Córdoba), en la mañana del 24 de febrero de 2005

Se cumplen nueve años del asesinato del guitarrista flamenco Luis Carrasco, sin pistas sobre el criminal

Febrero 23, 2014
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El cadáver del maestro Carrasco fue descubierto por unas vecinas, extrañadas porque la luz de la casa del maestro hubiese estado encendida toda la noche, así como la puerta abierta, aunque nadie respondía a las llamadas. Muy apreciado por sus vecinos, el músico montillano había iniciado su carrera en escenarios de Andalucía y el País Vasco, antes de convertirse en acompañante ocasional de Pepe Marchena y dar el salto al extranjero, donde tocó en Francia, Alemania o Japón.

El cuerpo de Carrasco estaba boca abajo, atado de pies y manos y con la cara destrozada a golpes, prácticamente irreconocible. Los guardias civiles que acudieron a la llamada de las vecinas se encontraron la vivienda completamente desordenada, con los cajones de los muebles abiertos y todo el contenido revuelto por el suelo. Además, varias cerraduras habían sido forzadas. El cadáver estaba en la planta baja de la casa, una habitación que servía de estudio a la víctima y donde impartía clases de guitarra a sus alumnos.

El sospechoso rumano y los palos de ciego

Los agentes descubrieron que Luis Carrasco había sido recientemente objeto de otra agresión, cuando, un mes antes de su muerte, un desconocido le atacó causándole heridas en la cabeza y un hematoma en el rostro. La autopsia reveló que varias personas habían intervenido en la muerte del guitarrista, señalando el estrangulamiento como causa final del fallecimiento. Respecto al móvil del crimen, todo apuntaba a un robo ya que, entre otras cosas, los agresores se habían llevado el teléfono móvil de la víctima y las llaves de la casa.

El 14 de enero de 2009, la Guardia Civil detenía en Tordesillas a un hombre de nacionalidad rumana, de 22 años, que estaba en busca y captura, por su presunta participación en el asesinato. Tras declarar en un juzgado de Montilla, el detenido ingresó en prisión preventiva. Sin embargo, un mes más tarde quedaba en libertad después de que las pruebas biológicas descartasen que su ADN o sus huellas dactilares se hallasen en el lugar del crimen. Desde entonces no ha surgido ninguna pista que lleve a los investigadores a la resolución el caso.

José Manuel Gabriel

josemanuelgabriel@extraconfidencial.com