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El cuerpo estaba semidesnudo, maniatado con un cable eléctrico de color negro

Se cumplen 8 años del secuestro, tortura y asesinato del detective privado Luis Hernández

Noviembre 25, 2014

El cadáver del investigador apareció con la cabeza destrozada a golpes en un descampado junto a las cocheras de la EMT de Madrid.

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Luis Hernández Bustamante llevaba 25 de sus 45 años ejerciendo de detective privado, había fundado una empresa propia (la agencia de detectives Herbus) y a finales de 2006 trabajaba en la vigilancia del certamen Feriarte, en el IFEMA de Madrid, como jefe de seguridad. Se sabe que la tarde del 23 de noviembre de ese año, tras finalizar su trabajo, Luis se fue a una cafetería de la calle Alcalá donde solía tomar un bocadillo. A continuación, decidió tomarse una copa por la zona de García Noblejas, donde residía, y llamó a una compañera de profesión para charlar un rato. Ahí se pierde su pista.

El domingo 25, una mujer llamaba a la policía para informar del descubrimiento de un cadáver en un sucio descampado cercano a la Plaza de Castilla, junto a las cocheras de la EMT: el cadáver de Luis Hernández. El cuerpo estaba semidesnudo, maniatado con un cable eléctrico de color negro, y la cabeza, destrozada a golpes con un martillo o una maza, estaba envuelta en una bolsa de plástico de un conocido hipermercado. Le habían amordazado con cinta adhesiva (ocho vueltas alrededor de la boca). El detective era un hombre corpulento, de más de 100 kilos de peso, por lo que tuvo que haber sido secuestrado por más de una persona. Tenía una costilla rota y los puños heridos, con lesiones en las falanges y la cara anterior de su mano derecha, lo que indica que se resistió y se desarrolló un fuerte forcejeo antes de que fuera inmovilizado. La autopsia concluyó que había muerto de un paro cardiaco por asfixia. 

Entre mafiosos y narcos

La Policía rebuscó en los asuntos espinosos en los que había trabajado el despacho del detective: desde infidelidades conyugales a competencia desleal entre empresas; de estafadores a traficantes de obras de arte. Pero también descubrieron que Hernández había investigado a empresarios inmobiliarios de Marbella, a un exjuez de la Audiencia Nacional y a bandas latinoamericanas. Precisamente, la pista colombiana fue una de las primeras que tuvo en cuenta la Policía. La brutalidad del asesinato y el empleo de técnicas mafiosas así lo hacían sospechar. La autopsia reveló que Luis Hernández Bustamante había sido torturado durante 20 horas antes de ser asesinado en un lugar distinto a donde apareció su cadáver.

Nunca aparecieron ni la documentación ni el móvil. El vehículo del detective no pudo ser localizado durante más de un mes (apareció, curiosamente, junto al Instituto Anatómico Forense), lo que hace igualmente pensar en un crimen cometido por sicarios profesionales. También se barajó que hubiesen confundido a Luis con un joyero o un marchante de arte, ya que se movía en este mundo por motivos profesionales e, incluso había ayudado en una ocasión a la Policía a recuperar un lote de obras de arte robadas por un grupo criminal sudamericano. Llegó incluso a especularse con un móvil vinculado al tráfico de armas o a los narcos colombianos, una venganza o un encargo mafioso.

La pista de los locales de ambiente

Entonces, la autopsia reveló un dato que derivó en una nueva vía de investigación: los forenses determinaron que Luis Hernández era portador del virus del Sida. Su relación con el mundo de la homosexualidad quedó confirmada cuando la Policía descubrió que almacenaba en una memoria digital hallada en su domicilio decenas de fotografías de hombres desnudos. Uno de sus compañeros en labores de seguridad en el IFEMA corroboró las sospechas policiales y reveló que el detective llevaba tiempo viéndose por las noches con un varón de origen dominicano, por lo que los agentes ampliaron sus investigaciones a numerosos locales latinos, de intercambio de parejas y de ambiente gay de Madrid. Sin embargo, nadie en esos lugares le recordaba o quería recordarle. Parecía que la Policía sólo daba palos de ciego.

Aunque la Asociación Profesional de Detectives Privados de España ha puesto todos sus medios a disposición del Grupo X de Homicidios de la Policía madrileña para tratar de esclarecer el asesinato de su compañero, no hay grandes avances en la investigación del considerado como primer asesinato de un detective privado en España. El colectivo de detectives desplegó una intensa actividad en pubs y discotecas, entrevistó a taxistas y barrenderos, pero no estas pesquisas también acabaron estancadas y sin resultados de interés.

 
José Manuel Gabriel