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Todos los intentos de localizar la moto del asesino, tanto en España como en Francia, han resultado infructuosos

Se cumplen 8 años del asesinato, por un motorista desconocido, del joven Luis Heredia Bejarano

Junio 16, 2015

Pasaban unos minutos de la medianoche del domingo 17 de junio de 2007 cuando Luis Heredia Bejarano, albañil de 25 años, conducía su automóvil por la N-II en dirección a Caldes de Malavella, en Girona, donde residía. Le acompañaba un amigo, con quien había estado viendo un partido de fútbol en un bar de la cercana localidad de Vidreres. En un momento dado, un motorista se aproximó a la parte de atrás del automóvil y comenzó a hacer gestos y tirar ráfagas de luz para que se detuviese

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Luis Heredia paró en un descampado a la altura del kilómetro 697’9 de la N-II y se apeó, extrañado, para hablar con el motorista desconocido. Éste, que no se quitó el casco ni los guantes en ningún momento, sacó una navaja tipo mariposa y, sin mediar palabra, se la clavó a Luis en el abdomen antes de darse a la fuga a toda velocidad en dirección norte. El joven fallecía pocos minutos después en el Hospital Josep Trueta de Girona a causa de pérdida de sangre causada por la puñalada, que le había afectado también a órganos vitales. Los pocos datos sobre el crimen los ha ofrecido el amigo de Luis, que declaró que la moto era de gran cilindrada, color oscuro, matrícula amarilla, francesa u holandesa, y con los dígitos 757 en la placa.

La Policía sospechaba que previamente a la agresión pudo haber tenido lugar una maniobra peligrosa por parte del automóvil que llevase a una reacción desproporcionada del motorista. El padre de Luis Heredia, por su parte, estaba convencido de que en el trasfondo del crimen se encontraba un macabro juego de rol en el que, al igual que en la famosa leyenda urbana, el agresor tenía que matar a alguien para ingresar en una banda.

Todas las motos francesas con 757 en la matrícula

El juzgado número 2 de Santa Coloma de Farners, encargado del caso, demandó a las autoridades francesas los datos de las motos matriculadas en el país vecino que encajasen con la descripción aportada por el único testigo. Al tiempo, se analizaron las grabaciones de las cámaras del Servicio Catalán de Circulación entre Caldes y la frontera francesa, por si hubiesen recogido la imagen del motorista. Estas dos vías no aportaron datos relevantes para la investigación.

Poco después de los funerales, el amigo de Luis, único testigo del asesinato, ofreció a los Mossos d’Esquadra más detalles de los hechos. Según su testimonio, en el origen de todo estaba un pique de tráfico, ya que cuando se incorporaron a la N-II desde la C-63, la moto del agresor tuvo que frenar bruscamente para no impactar con el automóvil. Ambos conductores comenzaron entonces una disputa con frenazos, acelerones, adelantamientos y ráfagas de luces, hasta que el motorista hizo señas al coche para que parase y, acto seguido, asesinó a Luis.

Dos meses después del crimen, el padre de la víctima anunciaba que había aparecido un nuevo testigo, un conductor a quien el motorista había increpado en la N-II. En plena discusión, ambos fueron adelantados por el coche de Heredia y, en ese momento, el motorista se olvidó del otro conductor y fue tras el joven. El nuevo testigo relató a los agentes todos los datos que recordaba, que coincidían con los ya sabidos, además de explicar que el agresor medía aproximadamente un metro setenta y cinco y vestía chaqueta oscura y pantalones vaqueros. Sin embargo, los nuevos datos no permitieron avanzar las pesquisas y el caso terminó siendo archivado.

 
José Manuel Gabriel Ayuso