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Ambos industriales fueron asesinados a balazos con la misma arma y, probablemente, por la misma persona

Se cumplen 22 años de los asesinatos del empresario Josep Garriga y su esposa, un doble crimen relacionado con el de Ramón Quer, cinco años antes.

Marzo 18, 2015

Pocas fechas después de que la empresa de Ramón Quer Cusí presentase suspensión de pagos, el industrial desapareció misteriosamente en la localidad gerundense de Roses. Los familiares sospechaban que se trataba de un secuestro. El vehículo del empresario apareció mal estacionado en una calle, mientras que la Policía comprobó que se producían movimientos de fondos en sus cuentas bancarias. Era el 15 de septiembre de 1988.

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La pista del dinero hablaba de casi dos millones de las antiguas pesetas retiradas de las cuentas de Ramón Quer en dos bancos de Figueras horas después de su desaparición, un día que el empresario había comunicado a sus hijas que iba a pasar pescando en su yate. Según la reconstrucción policial, la fecha de la desaparición, Quer, acompañado de otra persona, retiró 400.000 pesetas de una sucursal bancaria situada entre los peajes de Figueras y L’Escala de la autopista A-7. Poco después, el industrial, mediante llamada telefónica, autorizaba la retirada de 1.230.000 pesetas de otras dos cuentas.

Trece días después, el cadáver de Ramón Quer era encontrado, en avanzado estado de descomposición, en una masía abandonada de Castelló d’Empuries, en la zona norte de la Costa Brava. Uno de sus dedos conservaba una alianza de oro con sus iniciales. En un bolsillo de la americana apareció su cartilla de ahorros. La autopsia reveló que Quer había sido asesinado el día siguiente a su desaparición de un disparo en la cabeza. Las investigaciones policiales no arrojaron ninguna luz sobre el caso hasta el mes de octubre de 1992, cuando fue detenido un empresario barcelonés, Josep Garriga Hortalá, de 57 años, presuntamente relacionado con el secuestro y asesinato de Ramón Quer. Garriga había vendido al empresario asesinado un barco de segunda mano, el yate El Nura, de 17 metros de eslora, poco antes del crimen. El precio fijado para esta operación fue de 25 millones de pesetas, una cantidad que Quer nunca terminó de abonar alegando que la embarcación se encontraba en muy mal estado. Además, ambos habían tenido enfrentamientos empresariales relacionados con la compra de acciones de bancos en Cataluña.

Ruina y asesinato de Josep Garriga

Tras permanecer 52 días recluido en la cárcel de Figueres, el sospechoso quedaba en libertad bajo fianza de un millón de pesetas. Pero tres meses después, la madrugada del 28 de marzo de 1993, el cadáver de Josep Garriga aparecía calcinado junto con el de su esposa, Elisenda Abril Masó, de 40 años, en el asiento posterior de un vehículo, en un paraje aislado conocido como Sot de Salou, en la localidad barcelonesa de Vallgorguina y cerca de la carretera que une Sant Celoni con Arenys de Mar. Los dos cuerpos habían sido también golpeados y acribillados a balazos. 

La policía supo que los asesinatos de Ramón Quer y Josep Garriga, perpetrados con cinco años de diferencia, estaban relacionados. Ambas víctimas, así como la mujer de Garriga, habían sido disparadas con balas del mismo calibre, 9 milímetros corto, y con la misma arma. Según la hipótesis policial, un posible cómplice de Garriga en el asesinato de Quer habría decidido matarle para que no le delatase. Otra vía de investigación pasaba por supuestas irregularidades en los negocios de compraventa de ambos industriales, aunque tampoco se dejaba de lado la posible existencia de mafias de empresarios de Girona o redes internacionales de blanqueo de capitales. Se da la circunstancia de que Josep Garriga había acudido a declarar ante el juez de que investigaba la muerte de Ramón Quer sólo cuatro días antes de ser él también asesinado, y que en esa declaración dejó constancia de que se sentía seguido y amenazado, pero sin aportar más datos.

Un asesino conocido

La Guardia Civil pensaba que el matrimonio había sido conducido al paraje aislado donde se perpetraría el doble asesinato por alguien conocido, que no despertó recelos. Tampoco había huellas de rodadas de vehículos desconocidos en la escena del crimen, lo que apuntaba a que el asesino o asesinos viajaron junto con sus víctimas en el vehículo de la pareja, en cuyo interior aparecieron botellas de cava y restos de pasteles. Por ello, los agentes interrogaron a decenas de personas del entorno familiar y social de Josep y Elisenda, sin dar con ninguna clave para avanzar en las investigaciones. El análisis de los casquillos de bala hallados junto al vehículo calcinado tampoco deparó grandes novedades.

Las últimas semanas de su vida, Garriga se había visto agobiado por graves problemas financieros relativos a empresas de su propiedad en el Vallés Oriental. La Seguridad Social había ejecutado el embargo de dos de sus fincas en el municipio de Sant Antoni de Vilamajor, en las cuales se ubicaban dos empresas, una de ellas en situación de suspensión de pagos por quiebra. El empresario entró entonces a trabajar, como asalariado, en la empresa textil Self Made S.A., sociedad a la que pertenecía el vehículo Mazda GT 626 en el que aparecieron los cadáveres del matrimonio.

En diciembre de 1995 la Audiencia de Girona archivaba definitivamente, por falta de pruebas para seguir las investigaciones, el caso del asesinato de Ramón Quer; diez volúmenes de sumario que permanecen desde entonces rodeados de misterio, el mismo enigma que envuelve la muerte de Josep Garriga y de su esposa, Elisenda Abril.

José Manuel Gabriel