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Los responsables del centro, especializado en patologías mentales, aseguran que la menor se escapó de madrugada cuando la desataron para ir al baño

Se cumplen 21 años de la misteriosa desaparición de la niña Gloria Martínez de una clínica de Alfaz del Pí (II)

Octubre 29, 2013
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Se cumplen 21 años de la desapareción de Gloria Ortíz, un hecho que como adelantamos en la primera parte de esta crónica, esta llena de incógnitas. La versión más preocupante del desarrollo de los hechos la dio el matrimonio de trabajadores rumanos. Declararon que Gloria pasó la mañana de aquel día sentada en la cafetería y que no mostraba ningún comportamiento extraño. Por la tarde la volvieron a ver en el mismo lugar y parecía estar ligeramente sedada, aunque hablaba con coherencia. La niña pidió a la empleada unos folios y un bolígrafo para pasar el rato escribiendo y dibujando, hasta que se retiró a su bungalow. Un posterior estudio grafológico de estos escritos determinará que la persona que los hizo estaba fuertemente drogada. Sobre las 11 de la noche, la enfermera auxiliar fue en busca del empleado rumano, le dijo que Gloria se estaba poniendo muy violenta, que tenía que ayudarlas a atarla a la cama, que se diese prisa y se marchó. Cuando el hombre se encontraba a medio camino, la misma enfermera le salió al paso y le dijo que ya no le necesitaban, toda vez que habían sedado a la niña y ya estaba mucho más tranquila.

Una hora más tarde, pasada la medianoche, unos alaridos tremendos sacaron al matrimonio del sueño. Alarmados, se vistieron a toda velocidad, cogieron una linterna y caminaron en la dirección desde donde provenían los gritos: el bungalow de Gloria. Entonces escucharon nítidamente la voz de la enfermera ATS que gritaba “¡¡¡Gloria, no!!!”. A continuación, esta misma enfermera fue al encuentro del matrimonio, les dijo que la pequeña se había escapado y les ordenó que regresasen a su habitación ante las reticencias del hombre, que propuso salir a buscarla ya que no podía haber ido muy lejos. La enfermera se lo impidió, alegando que antes que nada había que llamar a los médicos y les amenazó con posibles problemas dada su condición de inmigrantes en situación irregular en España si no hacían lo que les ordenaba.

Testigo sorpresa

Con todo, las investigaciones se empantanaron de nuevo durante cinco largos años. En julio de 1999, una testigo anónima enviaba una carta al despacho del abogado Antonio Martínez Camacho, representante de los intereses legales de la familia de Gloria Martínez. La misiva, escrita a mano, sin remitente y con matasellos de Sant Vicent del Raspeig (Alicante), aportaba datos inquietantes sobre el caso, que llevaron al letrado a acudir inmediatamente al juzgado para su aporte a la causa. La autora (pues decía ser una mujer) aseguraba haber visto a Gloria Martínez pocas horas después de su desaparición en la localidad de Tibi (Alicante), a 45 kilómetros de Alfaz del Pí, a la salida de la casa de una “enfermera joven y flaquita” que vivía con otra mujer. Explicaba que estas dos últimas estaban sacando a Gloria de la casa: “Vimos a la chica más alta salir con ellas como desmayadita, y nos dijeron que la llevaban al hospital. Desde que ocurrieron los hechos, en 1992, he tenido en mi conciencia el picudo sufrimiento del callar”. Tras justificar su silencio durante todo ese tiempo porque su marido le recomendó no meterse en asuntos que no eran de su incumbencia, la carta concluía con un lacónico “Lo siento”. La Guardia Civil realizó una serie de pesquisas basadas en los datos aportados en la misiva, pero no encontró ninguna pista fiable sobre el paradero de la desaparecida.

Sentencia de responsabilidad civil

La Justicia archivó el caso en octubre de 1996, aunque los padres de Gloria consiguieron su reapertura a base de demandas y querellas. Finalmente, en abril de 2008 el juzgado número 5 de Alicante condenaba a la psiquiatra María Victoria Soler y a la empresa propietaria de la clínica Torres de San Luis, Zopito SAL, a indemnizar a los padres de Gloria Martínez Ruiz con 60.000 euros por los daños morales sufridos. La sentencia aseguraba que la psiquiatra sabía perfectamente que la clínica carecía de licencia administrativa para funcionar como centro de ingreso psiquiátrico y no contaba, por tanto, con las condiciones necesarias para el internamiento de personas con problemas mentales graves. El fallo también indicaba que el bungalow del que supuestamente escapó la niña carecía por completo de medidas de seguridad.

La sentencia del juzgado alicantino aclaraba que la doctora Soler era, a su vez, socia y secretaria del Consejo de Administración de Zopito SAL, empresa propietaria del complejo de reposo. Otro de los socios era Alfonso Calvé, a la sazón gobernador civil de Alicante. Sobre Torres de San Luis cabe añadir que era un centro deficitario, de hecho cuando desapareció Gloria, ésta era la única paciente internada. A pesar de que la clínica no ganaba ni para cubrir gastos, los empleados cobraban puntualmente. Poco después de estallar el escándalo, el centro fue cerrado y alquilado después como complejo nudista, aunque esta nueva actividad no duró mucho tiempo.

José Manuel Gabriel