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El presunto asesino, un policía expulsado del Cuerpo por corrupto, murió en el año 2.000 tras ser tiroteado por un sicario.

Se cumplen 20 años de los crímenes del bar Snoopy. Los cuerpos de un empresario y un inspector de Hacienda todavía no han sido encontrados

Enero 12, 2014
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Los únicos restos que encontró la Policía Científica de Clemente Viñas Montblanc, propietario de un local de Barcelona, y de Francisco Sáez Martínez, inspector de Hacienda, fueron unos rastros de sangre en el filo de un machete y en el suelo del sótano del Bar Snoopy, en la Gran Vía de la Ciudad Condal. Sucedió en los primeros días del año 1994. Desde el primer momento, todas las sospechas recayeron sobre José Gilart Navarra, de 37 años, un ex policía que había sido expulsado del Cuerpo por su implicación en una red ilegal de juego y que regentaba el Bar Snoopy, ubicado en el local propiedad de Viñas, desaparecido misteriosamente un día que acudió a pedir cuentas a Gilart.

Falsificaciones, estafas y artes marciales

Cansado de que Viñas le reclamase una elevada cantidad de dinero por el impago continuado del alquiler, el ex policía había intentado autentificar el local como suyo a través de un acta notarial falsa, que fue descubierta al no coincidir los sellos y documentos con la notaría que en principio avalaba el acta. Hacienda se le echó encima. El inspector Francisco Sáez, de 37 años, el otro desaparecido, fue quien descubrió la artimaña y también que Gilart había estafado a tres bancos de Barcelona con documentos falsos, y que debía elevadas cantidades de dinero que debía pagar a la Seguridad Social como accionista de una empresa.

En enero de 1994, unos días después de las desapariciones, el ex policía es arrestado por la Guardia Civil. Uno de los agentes, hermano de una de las víctimas, le ruega por caridad humana que le indique dónde está el cuerpo de su familiar. José Gilart, cinturón negro de taekwondo, reconoce entonces que mató a los dos hombres a golpes en el sótano del bar, los troceó y metió los restos en bolsas y maletas que tiró en contenedores de basura del Paralelo barcelonés. Efectivamente, en el maletero del vehículo de José Gilart aparecen restos de sangre y de bolsas de basura. Sin embargo, la confesión, aunque fue grabada por la Guardia Civil, carecía de valor al no estar presente el abogado defensor del sospechoso. Posteriormente, Gilart negará este relato ante el juez.

A ver si va a desaparecer alguien más

Mientras tanto, un dispositivo de búsqueda rastreaba la costa entre El Garraf y Sitges en la creencia de que los desaparecidos podrían estar enterrados en esa zona. Los empleados del Bar Snoopy contaron a los investigadores que Gilart les dijo que si alguien preguntaba por los dos desaparecidos dijeran que no los habían visto, y remató la orden con una frase demoledora: “A ver si va a desaparecer alguien más”. Los empleados calificaron al expolicía como una persona fría, dura e imperturbable, con un carácter horroroso que infundía temor a quienes trataban con él. Todos coincidieron en haber notado un olor nauseabundo procedente del sótano del bar los días siguientes a las desapariciones de Viñas y Sáez, así como que aparecieron muchas moscas en esa zona del bar. Durante la instrucción del caso se descubrió que Gilart también era cabecilla de una banda de atracadores y narcotraficantes.

Aunque el fiscal pidió 71 años de prisión para él, José Gilart fue finalmente absuelto del doble crimen del Bar Snoopy en marzo de 1997. La sentencia es una de las más extrañas que se recuerdan. Escrita en un lenguaje críptico y farragoso, su tercer fundamento jurídico ocupa 35 páginas con más de 1.300 líneas de texto redactadas sin un sólo punto y seguido o punto y aparte, además de contener numerosos tecnicismos. Las familias de las dos víctimas estaban estupefactas y desconcertadas. Entre las frases y términos empleados en el texto de la sentencia figuran “anulaciones humanas” para decir muertes, además de otras expresiones como “barrunto incriminador”, “cranoscopía”, “materia canalicular”, “abducción”, “fundamentación metajurídica” o “grupo sarcofaguino”, junto con numerosas frases en latín. Al final, la Justicia no consideraba acreditado que José Gilart hubiese matado a las dos personas desaparecidas.

Un balazo en la columna

Una vez libre, Gilart abrió otro bar, La Granja Andina, esta vez en la calle Taquígrafo Garriga de Barcelona. A primera hora de la tarde del 8 de mayo de 1998 un individuo en chándal y tocado con una gorra entró en el establecimiento y pidió al expolicía un paquete de tabaco. Cuando Gilart se dio la vuelta tras el mostrador para coger la cajetilla, el cliente sacó una pistola y le disparó un tiro que le seccionó la médula espinal. La Policía determinó que la agresión se había realizado con una bala blindada, como las que emplean las mafias o los criminales a sueldo de origen extranjero. Horas más tarde, otro sicario intentó rematar a Gilart cuando ya se encontraba ingresado en el hospital, pero no pudo conseguirlo debido a la presencia de policías en la habitación, y huyó.

Una semana más tarde, la Policía de Barcelona se enfrentaba a tiros a una pareja de violentos atracadores que acababan de robar una sucursal de La Caixa en el barrio de El Raval. En la refriega fue asesinado un agente de 25 años y recién casado, Javier Guerra Hidalgo, y detenidos los dos atracadores. Las pruebas de balística determinaron que el policía fue asesinado con la misma arma con la que había sido herido Gilart, una Fire Start de 9 milímetros manipulada para disparar cartuchos del 8’8, y con la numeración borrada. La pistola en cuestión pertenecía a uno de los detenidos, Dino Marcelo Miller Martínez, hispano colombiano de 29 años, atracador, asesino por encargo, estafador y narcotraficante adicto a la cocaína.

Cinco días sin dormir

Miller confiesa ante los policías su participación en veinte atracos cometidos en Barcelona y Madrid, haber disparado contra José Gilart y también haber asesinado a puñaladas a un joven en la discoteca Fleming porque se equivocó de copa y bebió de su vaso mientras él celebraba el botín de un atraco. En su declaración ante el juez Adolfo Fernández Oubiña, el sicario dice que está loco, trastornado, que la cocaína y el alcohol le han pasado de vueltas, que es capaz de estar cinco días sin dormir a base de drogas y que teme por su vida. Sin embargo, se niega a revelar la identidad de la persona que le contrató para matar a Gilart.

Finalmente, Dino Marcelo Miller fue condenado a más de 60 años de cárcel por diversos delitos y asesinatos; José Gilart, que estaba en estado vegetativo, tetrapléjico y mudo desde que recibiera el balazo en la columna vertebral, falleció en septiembre de 2.000 en el Hospital Vall d’Hebron de Barcelona. Los cuerpos de Clemente Viñas y de Francisco Sáez nunca han podido ser encontrados.

José Manuel Gabriel