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El joven, de 24 años, fue muerto a tiros y arrojado al fondo de un pozo en un paraje rural de los Pirineos

Se cumplen 19 años del homicidio de Carlos Viscasillas, implicado en una oscura trama de narcotráfico

Diciembre 30, 2014

La Guardia Civil y la familia están convencidos de que el secreto de su muerte lo comparten más de media docena de amigos y conocidos del joven

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El espeluznante suceso sacudió al pequeño pueblo de Aínsa, en el Pirineo oscense, a finales de 1995. Carlos Viscasillas, hijo de los propietarios del hostal Pirineos, situado en esa localidad altoaragonesa, fue asesinado el 28 de diciembre. Tenía sólo 24 años. Todos los indicios apuntan a que los culpables se encuentran entre los amigos de la víctima, sin que por el momento se haya podido encontrar ninguna pista que confirme este aspecto. 

El cadáver del joven fue hallado tres días después del crimen en el interior de un pozo de apenas un metro de diámetro situado en una finca abandonada llamada Castillo de Pla, a las afueras de Aínsa. El cuerpo fue localizado gracias a la habilidad de un cazador, que supo distinguir una mancha de sangre humana entre lo que parecían restos de una cacería. Carlos Viscasillas había recibido en el pecho dos disparos mortales de escopeta. El hecho de que esta partida rural se hallase en un lugar poco frecuentado, a unos dos kilómetros del pueblo, y no muy conocido en la zona, hizo sospechar a la Guardia Civil que los autores del crimen podrían estar afincados en la comarca del Sobrarbe.

El caso fue especialmente sentido en este pequeño pueblo de poco más de 1.000 habitantes porque la víctima trabajaba como cocinero en el hostal de sus padres y era muy conocido y apreciado por todos los vecinos. Tras la muerte de Carlos, la Guardia Civil descubrió un turbio asunto de trapicheo de drogas en el que presuntamente estaría implicada la víctima y muchos de sus amigos, que obtenían pequeños beneficios para el autoconsumo. Esta circunstancia causó asombro en el pueblo.

Coca y speed: la ruta pirenaica de la droga

Al parecer, la noche de la desaparición del joven, éste había quedado con varios de sus amigos después del trabajo para cobrar una deuda. Carlos quería saldar sus cuentas con el negocio del narcotráfico y apartarse de este mundo, por los problemas familiares que le estaba suponiendo, ya que estaba siendo utilizado, a juicio de los investigadores, como correo para ir y venir con pequeñas cantidades de droga a Huesca y Zaragoza, encargos que cada vez eran mayores.

La noche del crimen, la víctima había quedado con sus amigos en un pub de la localidad, aunque nunca llegó hasta él. Se sabe que entró en otro bar, preguntó por una persona que no se encontraba allí y volvió a salir. Nadie, salvo quienes le mataron, volvieron a verle con vida. Este aspecto es el que ha dificultado las investigaciones porque Carlos se habría encontrado con sus asesinos en otro punto y éstos, supuestamente, le llevaron hasta las afueras del pueblo, donde cometieron el crimen. Los agentes encargados del caso orientaron sus pesquisas en torno a un hipotético ajuste de cuentas en relación con las drogas, y comenzaron a investigar a amigos y conocidos de Carlos Viscasillas.

La autopsia reveló que el joven falleció entre las 2 y las 4:30 de la madrigada del 28 de diciembre a consecuencia de dos disparos de postas, y que fue arrojado posteriormente a un pozo con agua. El 10 de enero de 1996, mientras se requisaban varias escopetas de caza en Aínsa y se realizaban análisis balísticos, la Guardia Civil detuvo en la localidad a dos jóvenes, conocidos de Carlos, acusados de narcotráfico. Dos semanas después, era detenido en Barcelona, por el mismo motivo, un compañero de trabajo del fallecido. Era el noveno arresto en relación con la venta de cocaína en Aínsa. Todos quedaron en libertad tras declarar. Ninguno arrojó luz en relación con el crimen. Los agentes de la Benemérita analizaron las rodaduras de un vehículo en las proximidades del pozo así como el ADN extraído de un chicle hallado en ese punto, pero son resultados positivos.

Vacaciones en Cuba

Los investigadores llegaron a saber que Viscasillas había viajado a Cuba de vacaciones unos meses antes de ser asesinado, y que pagó parte del viaje con la venta de 30 gramos de cocaína. Es más, el Instituto Armado también tiene constancia de que la madrugada en que el joven fue asesinado, se produjeron movimientos de sus socios por distintos puntos del pueblo a fin de distribuir parte de esa droga. Se supo también que horas antes del crimen, uno de los sospechosos, Carlos Javier S.B., salió de Aínsa para comprar 60 pastillas de éxtasis en Huesca a un proveedor. Iba acompañado de otras tres personas. Llegaron a la capital a las 4 de la tarde, se dirigieron a una pescadería propiedad del proveedor y adquirieron la droga a cambio de 65.000 de las antiguas pesetas. Una hora más tarde, Carlos Javier volvió a Aínsa y poco después se vio envuelto en una operación de venta de cocaína. Este individuo llegó a reconocer ante los investigadores que había comprado parte de la droga que supuestamente vendía Viscasillas para su viaje a Cuba.

Un año después del crimen, la titular del juzgado de Instrucción de Boltaña, encargada del caso, volvió a interrogar a todos los sospechosos después de que la familia Viscasillas hiciera un llamamiento público a los vecinos de Aínsa para instarles a colaborar en el esclarecimiento del caso. Sin embargo, el caso fue archivado en 1997 ante la inexistencia de pruebas incriminatorias, aunque brevemente reabierto en marzo de 1998 a instancias de la acusación particular.

En 2002, la Guardia Civil, que tiene fama de no dar un caso por perdido, desplazó a Aínsa una unidad especial para investigar de incógnito el crimen. Fruto de este nuevo esfuerzo policial fue imputado otro individuo, R.A.A., relacionado con el círculo de conocidos de la víctima. Sin embargo, después de 3 veces cerrado y reabierto el sumario, las investigaciones por el asesinato de Carlos Viscasillas sólo han permitido el encausamiento de seis jóvenes, y únicamente por delitos de tráfico de drogas. 

José Manuel Gabriel