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Regresaba en compañía de unos amigos de una fiesta de cumpleaños

Se cumplen 19 años del asesinato de David González sin que se haya detenido al Ultra que lo apuñaló

Enero 20, 2015

El joven y sus amigos recibieron una mortal paliza en Madrid a manos de un grupo neonazi que gritaba vivas a Franco y les conminó a cantar el Cara al Sol.

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Paseo de Moret, junto al intercambiador de Moncloa, en Madrid; 0:30 horas del 20 de enero de 1996. David González Rubio, futbolista aficionado, de 20 años de edad, regresa en compañía de unos amigos de una fiesta de cumpleaños y se dirige a recoger su coche para volver a casa. De pronto, el grupo es interceptado por otro más numeroso, de unos ocho jóvenes, que gritan “Arriba España” y “Viva Franco”. Pocos minutos después, David yace muerto sobre la acera con una puñalada en el corazón y uno de sus amigos, José Antonio, herido con una cuchillada en un brazo.

Se sabe que hubo cerca de un centenar de testigos de la agresión, pero sólo los amigos de la víctima se atrevieron a prestar declaración ante la Policía. Uno de ellos explicó que los asaltantes eran cabezas rapadas que vestían indumentaria fascista con emblemas relacionados con grupos de seguidores radicales de fútbol, y que la discusión se inició cuando David y sus amigos se negaron a cantar el Cara al Sol. Por el contrario, otro de los jóvenes relató que no eran neonazis sino de los llamados bakaladeros, que coreaban lemas franquistas y les atacaron, sin mediar palabra, con navajas y puños americanos. La autopsia reveló que David González había recibido dos puñaladas con un arma blanca bicortante: una en el glúteo derecho y otra que le atravesó el corazón y le produjo la muerte instantánea. Antes de darse a la fuga, el agresor, con frialdad y tranquilidad, limpió la sangre que había quedado en la hoja de la navaja. 

Nueva Guardia, Bastión, Frente Atlético y la muerte de Zabaleta

La Policía centró sus investigaciones en el grupo neonazi Nueva Guardia, relacionado con el Frente Atlético y que acabaría convirtiéndose en Bastión. Ante la falta de avances y la poca colaboración ciudadana, el padre de David ofreció una elevada recompensa económica a quien facilitase algún dato de interés a los investigadores. Pronto, la iniciativa dio frutos. Seis meses después del crimen, un joven confesaba a la Policía que la noche de autos se encontraba en un local de copas de Moncloa, La Factoría, frecuentado por grupos ultras. En un momento dado, un joven entró gritando que en la calle se estaba produciendo una pelea. Varios ultras salieron del local y regresaron diez minutos más tarde jactándose de haber dado una paliza a un chaval.

Se sabe que en el establecimiento estaba Ricardo Guerra, quien dos años más tarde asesinará al seguidor de la Real Sociedad Aitor Zabaleta en las inmediaciones del estadio Vicente Calderón. Sin embargo, está comprobado que Guerra no abandonó el local. Nada se ha averiguado de la identidad de los que sí salieron, entre los que podría encontrarse el asesino de David González, ni si intervinieron en el asesinato, ya que hubo otras dos peleas esa noche y en esa zona. La Policía interrogó tiempo después a Guerra en la cárcel de Soto del Real y no sacó nada en claro. 

4.000 agresiones al año

El 20 de abril de 1999 era detenido un sospechoso del crimen tras la denuncia de un ciudadano anónimo que dijo haber presenciado la pelea y que no había declarado antes por temor a represalias. El detenido, de 24 años y con antecedentes por tráfico de éxtasis, quedó, no obstante, en libertad después de que no fuese identificado en una rueda de reconocimiento ordenada por el juez por ninguno de los amigos que acompañaban a David González la noche de su asesinato.

Según el Movimiento contra la Intolerancia, en España existen entre 11.000 y 15.000 neonazis integrados en 70 grupos que perpetran 4.000 agresiones al año, al tiempo que proliferan las páginas web con contenidos racistas y la captación de miembros en los fondos ultra de los campos de fútbol.

Desde 1996, un campo de futbol municipal de Usera lleva el nombre de David González. A día de hoy, la Policía sólo cuenta con un puño americano recogido del suelo en el lugar de la agresión, y con el ADN de uno de los ultras, que se golpeó en la frente con un vehículo en su huida y dejó un rastro de sangre. Sin embargo, el código genético permanece limpio. Su dueño no ha sido detenido con posterioridad. La familia de David denuncia que mucha gente calla por insolidaridad o por miedo. El mejor aliado de los violentos es la indiferencia.

 
José Manuel Gabriel