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La Policía sospechó de un sobrino de la víctima, con minusvalía psíquica, aunque no se pudo probar su implicación. Ninguno de los familiares que estaban esa noche en la vivienda de Montañés, vio ni escuchó nada.

Se cumplen 17 años del asesinato, a golpes, de José Luis Montañés, presidente de los Gestores de Tarragona

Julio 8, 2015

Once de julio de 1997. A las 8 de la mañana, la Guardia Urbana de Tarragona recibe una llamada de un individuo que dice llamarse Juan José Montañés, sobrino del presidente del Colegio de Gestores de la ciudad, José Luis Montañés. El comunicante afirma que acaba de encontrar a su tío muerto en el domicilio familiar, con la cabeza destrozada a golpes

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Poco después, las agencias de prensa, citando fuentes policiales, difundían la noticia de que el sobrino, de 50 años y con sus facultades mentales perturbadas, se había autoinculpado del asesinato de Montañés, de 70 años.

La víctima presentaba golpes por todo el cuerpo y la cabeza, propinados, supuestamente, con su propio bastón. El sobrino, Juanjo, fue arrestado inmediatamente. Pero los investigadores tenían dos grandes incógnitas que resolver: la primera, el móvil del crimen; la segunda, cómo era posible que los otros cuatro familiares que estaban durmiendo en la vivienda en el momento de producirse los hechos no escuchasen nada.

Una vez en comisaría, el sospechoso negó toda relación con el homicidio de su tío. Según dijo, tras despertarse vio la puerta de la calle abierta e indicios de que habían entrado en la casa a robar, por lo que miró por las distintas estancias y se encontró con la víctima en su despacho, con la cabeza abierta sobre un charco de sangre. No obstante, la Policía no encontró indicios de que la puerta del domicilio hubiese sido forzada ni de que nadie hubiese entrado a robar.

La ausencia de testigos y las contradicciones del sospechoso

El detenido también incurrió en otras contradicciones. Preguntado por los agentes por unas manchas de sangre que presentaba, Juanjo dijo que provenían de un grano que tenía en la rodilla. Como no había ningún grano en ese punto, cambió inmediatamente su declaración y aseguró que se manchó al tocar el cadáver de su tío. Fue puesto en libertad. El resto de familiares no aportaron nada de interés; eran tres ancianos, uno de ellos minusválido y otro afectado de Alzheimer, que no habían oído nada.

Cinco días después, la Policía detenía de nuevo al sobrino del fallecido. En esta ocasión, el sospechoso intentó implicar en el caso a dos anticuarios que, según él, estaban detrás del intento de robo ya que había visitado la casa días antes para comprar algunos objetos. Los agentes interrogaron a ambos y descartaron que estuviesen relacionados con los hechos. Cuando preguntaron al detenido por las frecuentes discusiones que tenía con su tío, por motivos económicos, y confirmadas por los vecinos, el sospechoso llegó a decir que si había cometido él el crimen, no se acordaba. Juanjo Montañés fue puesto a disposición del juzgado número 5 de Tarragona.

Tras interrogar al detenido durante horas, la juez María José Gago decretaba su puesta en libertad por falta de pruebas incriminatorias, aunque con la obligación de presentarse en los juzgados cada 15 días. Un año más tarde, en julio de 1998, no había aparecido ningún indicio claro que permitiese continuar las diligencias judiciales, por lo que la Audiencia de Tarragona archivaba las diligencias por el asesinato de José Luis Montañés y retiraba todos los cargos que pesaban sobre su sobrino, el principal sospechoso. 

José Manuel Gabriel