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La Policía piensa que los asesinos son las mismas personas que, meses antes, había propinado una brutal paliza a los padres de la víctima

Se cumplen 14 años de la muerte, en Vizcaya, del forestal Isaac Puente pardo, Víctima de un ajuste de cuentas

Julio 2, 2015

El cadáver de Isaac Puente Pardo fue descubierto, cosido a balazos, por unos vecinos del barrio de Las Llamas, del municipio vizcaíno de Carranza, en la mañana del 3 de julio de 2001. La víctima, de 32 años, realizaba labores de tala y limpieza de los montes del lugar cuando fue asesinada, el día anterior.

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La Ertzaintza indagó en sus antecedentes y llegó a la conclusión de que estaba ante un caso de delincuencia común, muy posiblemente un ajuste de cuentas.

Isaac había nacido en la localidad cántabra de Guriezo. Seis meses antes, cuando residía con sus padres en un piso del barrio Agüera de este municipio, un grupo de delincuentes se presentó en la vivienda con la intención de matarle. Isaac Puente saltó por una ventana y se dio a la fuga. Los criminales decidieron entonces darle un escarmiento golpeando a sus padres. La paliza fue brutal: les golpearon con cadenas de hierro, tuvieron que ser hospitalizados y permanecieron una semana sin poder valerse por sí mismos. 

Drogas, violencia y 200 ovejas calcinadas

La ficha policial de Isaac Puente Pardo revelaba que había estado involucrado en oscuros asuntos de narcotráfico. Tenía antecedentes por venta de drogas y supuestas relaciones con una organización criminal extremadamente violenta. De hecho, años antes, se le vinculó con el incendio de unas instalaciones ganaderas, en el que murieron 2 centenares de ovejas.

Tras huir de los criminales que asaltaron su casa de Guriezo, Isaac realizó distintos trabajos esporádicos. Estuvo en Francia, en la vendimia, antes de establecerse con su compañera sentimental en la localidad cántabra de Castro Urdiales, donde se especializó en labores de tala de pinos y limpieza de rastrojos. Quienes iban detrás de él no tardaron en dar con su paradero.

El cadáver de Isaac presentaba tres impactos de bala. Estaba junto a la máquina desbrozadora con la que trabajaba y cerca de su vehículo, un Nissan Patrol matrícula de Santander, que tenía las puertas abiertas. En su interior estaban sus objetos personales, el teléfono móvil y el almuerzo, intacto, que había llevado para la jornada de trabajo. Tras las pesquisas de los primeros días, los agentes de la policía autónoma vasca encargados de la investigación creyeron haber identificado a los asesinos, pero la ausencia de pruebas concluyentes llevó al archivo del caso.

 
José Manuel Gabriel