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Los tres sospechosos detenidos por la Policía fueron absueltos en 2007 tras un juicio con jurado popular

Se cumplen 13 años del asesinato, a puñaladas, del taxista canario Antonio Hernández, al que robaron 10 euros

Abril 8, 2015

El 10 de abril de 2002 más de mil taxistas se manifestaban por las calles de Las Palmas de Gran Canaria.

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Protestaban por el asesinato, el día anterior, de su compañero Antonio Hernández Rosales, de 62 años de edad, casado y con cuatro hijos. Quico, como le conocían sus amigos,había sido degollado cuando realizaba un servicio en el municipio de Santa Brígida, concretamente en la zona de El Sabinal (Tarifa). El 091 recibió una llamada a las 8:15 de la mañana que alertaba de que un taxista se encontraba en peligro. Cuando se localizó el vehículo, en un callejón apartado, ya era demasiado tarde. Tan sólo hacía una hora que Antonio había comenzado su turno de trabajo, por lo que los asesinos únicamente se hicieron con un botín de 10 euros

“Se ensañaron sin piedad”

El forense determinó que la causa del fallecimiento había sido una hemorragia masiva, ya que, además del corte en el cuello, la víctima presentaba 19 heridas de arma blanca en la cabeza, el cuello, el tórax y los brazos. Los asesinos se habían ensañado sin piedad con el taxista, llegando a romperse parte del cuchillo durante la salvaje agresión. No obstante, antes de fallecer, Antonio pudo realizar una desesperada llamada de auxilio a la centralita de su empresa.

En agosto de 2006, después de cuatro años de infatigables investigaciones, la Policía anunciaba el arresto de tres presuntos sospechosos del asesinato: el marroquí Jauad S. –considerado autor material- y los españoles Roberto Carlos J.A. y Angel Yeray S.M.. Tenían entre 21 y 23 años de edad, numerosos antecedentes por delitos menores, y el primero de ellos se había fugado de un centro de internamiento de extranjeros semanas antes del crimen.

Los investigadores habían llegado en primer lugar tras la pista de Jauad en virtud al informe elaborado por los forenses, que señalaba que al taxista le cercenaron el cuello con una técnica que usan las tribus árabes para degollar ganado (el asesino sujetó a la víctima por el mentón con la mano izquierda, le levantó la cabeza y, con el cuchillo en la mano derecha, practicó un característico corte en la garganta). El expediente indicaba también que Antonio Hernández había sido atacado previamente con dos armas blancas distintas esgrimidas por dos agresores al mismo tiempo, lo que explicaba los numerosos cortes “de defensa” que el taxista presentaba en manos y antebrazos. 

Una voz al otro lado de la emisora
 
Jauad vivía en una chabola del Camino de Los Lirios, en Tarifa, punto cercano al lugar del asesinato, y estaba pendiente de la ejecución de una orden judicial de expulsión de España. Su arresto conllevó el de Roberto Carlos, toxicómano que solía frecuentar al primero y que, según la hipótesis policial, convenció al marroquí para atracar al taxista y conseguir dinero para drogas. Angel Yeray, amigo de ambos, también les habría acompañado en la macabra empresa, subiendo con ellos al taxi. El juicio con jurado popular se celebró en julio de 2007, y los tres jóvenes se enfrentaban a penas de entre 20 y 30 años de prisión.

La Fiscalía aseguró que, durante la llamada de auxilio del taxista a la centralita, la operadora pudo reconocer la voz de uno de los acusados diciendo “qué haces, qué dices”, algo que éste negó con una expresión barriobajera: dijo que nunca le había dado la negra a un taxista. Los otros dos imputados también negaron con rotundidad las acusaciones. El cable de la emisora había aparecido arrancado y enrollado en la pierna del cadáver.

Un testigo afirmó haber visto a uno de los imputados a bordo de un taxi el día del crimen. También se aportó la declaración de otro testigo, ya fallecido, que aseguraba que el principal acusado llegó a su casa esa mañana con la ropa llena de sangre y cortes en las manos y le pidió ropa para cambiarse. Por si fuera poco, se expuso ante el jurado la grabación de una conversación mantenida por este individuo y un familiar en el locutorio de la cárcel, en la que reconocía los hechos, implicaba a otro de los detenidos, y aventuraba que igual se podía escapar porque no había pruebas.

Con todo, el 7 de julio de 2007, el jurado popular absolvía por unanimidad a los acusados del asesinato de Antonio Hernández Rosales al considerar que las pruebas presentadas no eran concluyentes. Las pruebas de ADN recogidas y analizadas por el laboratorio de la Policía Científica en Madrid no coincidían con las de los imputados, y tampoco las huellas que había en el taxi. La Fiscalía recurría el fallo y pedía la celebración de un nuevo juicio, pero el Tribunal Superior de Canarias rechazaba el recurso 

José Manuel Gabriel