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Su esqueleto fue descubierto en una zona montañosa de Alicante en 2011

Se cumplen 13 años de la muerte de la veterinaria Yuraima González

Noviembre 19, 2014

La Guardia Civil sospecha de su pareja, un belga que regresó apresuradamente a su país tras la desaparición de la mujer

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La veterinaria Yuraima González Ciruelas, de 30 años de edad, desapareció de su domicilio en la calle Tritó del Albir, en las estribaciones de la Serra Gelada, entre las localidades alicantinas de l’Alfás del Pi y Benidorm, el 19 de noviembre de 2001. Por la mañana, Yuraima acudió a casa de sus padres para dejar a su hija, de sólo 7 meses de edad, y le contó a su madre que el día anterior había sido objeto, una vez más, de malos tratos a manos de su entonces pareja, el belga Iván Noé. Ambas mujeres acordaron acercarse esa tarde al cuartelillo de la Guardia Civil de Alfás a interponer denuncia, pero Yuraima se esfumó esa misma mañana sin dejar rastro.

Una desaparición y muchos interrogantes

Cuando los padres de la desaparecida llegaron al cuartel para denunciar que no podían localizar a su hija y relatar a los agentes el episodio de malos tratos, se encontraron con que la pareja de Yuraima se les había adelantado. Los guardias explicaron que Iván Noé había llegado con la cara llena de arañazos y había interpuesto denuncia por la desaparición de la mujer. El padre de la chica pidió a los agentes un registro de urgencia en el domicilio del belga, pero no encontraron nada, ni siquiera signos de lucha o violencia.

Cuando los guardias registraron el domicilio de la desaparecida comprobaron que el coche, las llaves, la documentación y las tarjetas de crédito de la mujer estaban allí; la colada estaba hecha y había una segunda tanda para poner en la lavadora. Estaba claro que la veterinaria no había huido de manera voluntaria. De modo inmediato se organizaron batidas por la sierra en las que participaron, durante semanas, voluntarios, guardias civiles, policías y Protección Civil, sin encontrar nada de interés.

Insultos, golpes y vejaciones

La madre de Yuraima detalló a la Guardia Civil los pormenores de la agresión que le dijo haber sufrido su hija, un testimonio respaldado por el de una vecina de la desaparecida. Según estos relatos, la noche anterior a la desaparición, Iván Noé comenzó a insultarla y a golpearla, por lo que la mujer salió corriendo en ropa de andar por casa, se metió en su automóvil y bajó los seguros. El belga, entonces, cogió al bebé, lo colocó sobre el capó del vehículo y, armado con una barra de hierro, golpeó insistentemente la puerta del conductor mientras profería gritos e insultos. La agresión terminó cuando los vecinos amenazaron a Iván con llamar a la Policía.

Familiares, amigos y vecinos ahondaron en sus testimonios en la turbulenta relación de pareja de la desaparecida. Explicaron que la situación de maltrato se prolongaba ya varios meses, con todo tipo de insultos y amenazas de muerte acompañados de violencia emocional, psicológica y física. Iván Noé había llegado, incluso, a orinar sobre la mujer y le había prohibido terminantemente recibir visitas o acudir a reuniones con sus compañeros de trabajo, ni siquiera a cursos de formación en su empresa. Cuando los agentes acudieron a interrogar en profundidad a Iván sobre todos esos extremos, se encontraron con que éste ya había regresado a Bélgica, su país natal.

Meses más tarde, un juzgado de Benidorm ordenaba el archivo del caso por falta de avances en la investigación. Y así permaneció hasta finales de marzo de 2011, cuando un excursionista encontraba un esqueleto humano en el Parque Natural de Serra Gelada. Un primer examen reveló que pertenecía a una mujer y que llevaba muerta entre 8 y 10 años. Todo coincidía: la madre de Yuraima reconoció el calzado como el que llevaba su hija con una alta probabilidad, y las pruebas de ADN, que se prolongaron durante más de un año, acabaron por confirmar la trágica noticia. Los restos encontrados en la sierra eran los de Yuraima González Ciruelas. Debido al estado en el que se encontraba el esqueleto, no se ha podido determinar la existencia de lesiones óseas compatibles con un homicidio.

José Manuel Gabriel