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Fiscalía y uardia Civil sospechan que detrás del crimen está una organización de narcotraficantes

Se cumplen 12 años del asesinato de Ángel Navarro, vecino de Totana, cuyo cuerpo apareció en un pozo

Marzo 25, 2015

Separado, de 33 años y con dos hijos, propietario de una pajarería en Totana y relacionado con el mundo de la droga

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Desapareció el 28 de marzo de 2003 en las inmediaciones de un gimnasio de esa localidad murciana. Su vehículo, un Ford Mondeo, apareció estacionado a las puertas del establecimiento deportivo, con dos ruedas rajadas y la ventanilla del conductor hecha pedazos. En el momento de su desaparición, Ángel, con antecedentes policiales por narcotráfico,se encontraba en libertad bajo fianza de 3.000 euros a la espera de juicio por un delito contra la salud pública. Un mes después de la desaparición, tras recibir una llamada anónima, la Guardia Civil encontraba el cadáver de Ángel en el interior de un pozo minero, a 80 metros de profundidad, en un paraje conocido como Rincón de Yéchar, en Sierra Espuña. Estaba envuelto en bolsas de basura y cinta de embalar. Sus asesinos le habían atado con una brida los tobillos, también le inmovilizaron por las rodillas, le amarraron las manos a la espalda y le asfixiaron con un lazo enroscado en torno al cuello y una funda de almohada que le taponaba nariz y boca. Le habían fracturado las costillas y asestado un violentísimo golpe en la cabeza con un objeto pesado y contundente, que le abrió el cráneo y le produjo una luxación cervical. Para extraer el cuerpo del pozo, los bomberos hubieron de emplear una grúa, y dos de ellos descendieron por el agujero, de sólo metro y medio de diámetro, provistos de equipos de respiración asistida.

Los investigadores descubrieron que, al igual que el fallecido, el propietario y un monitor del gimnasio también tenían antecedentes por tráfico de drogas y habían estado en prisión por ese motivo. Ambos fueron detenidos, al igual que otros dos monitores acusados de encubrimiento. Según el informe del fiscal, Ángel Navarro acudió al gimnasio Misan, acompañado de un amigo que quedó esperándole fuera, para entregar dos kilos de cocaína, pero la transacción se torció y fue asesinado y arrojado al pozo por los dos principales sospechosos. El amigo que esperaba fuera del gimnasio, Antonio R.M., alias El Mollas, después de aguardar durante cinco horas se sintió engañado por Ángel, le destrozó el coche y se marchó.

El tribunal no admite las grabaciones

Durante el juicio, celebrado en 2007 en la Audiencia Provincial de Murcia, la Fiscalía pidió 71 años de cárcel para los principales acusados: dos presuntos autores materiales, dos cómplices y un narcotraficante. El dueño del gimnasio, Ildefonso P.G., declaró haber sido coaccionado por un sargento de la Guardia Civil para que implicara al monitor, David M.T., y presentó dos grabaciones de conversaciones con el agente, realizadas con una cámara de vídeo oculta, que el tribunal no admitió como prueba en el proceso. Ildefonso explicó ante el tribunal que el sargento se inventó toda la trama. Me dijo que el muerto le daba igual, pero que se lo iba a comer David, que tenía pruebas irrefutables contra él y que si no declaraba, me metería en prisión a mí y también a mi padre y a mi madre, como encubridores”.

Todos negaron cualquier relación con los hechos (negando incluso que Ángel llegara a entrar en el gimnasio el día de su muerte) e intentaron desviar el foco de las pesquisas. Así, hablaron de un pub donde la víctima trapicheaba con droga, de dos hombres de etnia gitana que habían amenazado de muerte a Ángel poco antes de su asesinato, y de un clan de delincuentes, conocidos como Los Contreras o Los Franceses, que habían desaparecido repentinamente de su vivienda en Almería. Ángel debía dinero a mucha gente.

Finalmente, el 2 de julio de 2007 el tribunal absolvía a todos los acusados del asesinato de Ángel Navarro señalando que no existían pruebas directas que les vinculasen con los hechos. Las pruebas periciales no descubrieron restos biológicos del fallecido en el gimnasio, el lugar donde se suponía que se cometió el crimen. Los análisis científicos revelaron que la sangre encontrada en varias colchonetas del local no se correspondía con la de la víctima, y que los trozos de cuero encontrados junto al pozo donde apareció el cadáver tampoco procedían del establecimiento deportivo.

José Manuel Gabriel