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Las sospechas policiales recayeron sobre la exmujer de la víctima, pero no se pudo probar su implicación en el crimen

Se cumplen 11 años del asesinato a tiros del vigués Manuel Salgado, sin pistas sólidas sobre sus autores

Marzo 31, 2015

El economista fue asesinado de dos disparos en la cabeza cuando bajaba de su vehículo en un garaje de la calle Rosalía de Castro de Vigo, el 2 de abril de 2004

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Alguien que esperaba a la entrada del parking del número 44-46 de la avenida viguesa se coló en el interior del recinto tras el vehículo de un vecino y se agazapó en un lugar discreto. Minutos más tarde tiroteaba por detrás a Manuel Salgado, a muy corta distancia, cuando éste se disponía a subirse en su coche. A los pocos minutos, un vecino encontró el cuerpo de la víctima, todavía con vida, sobre un gran charco de sangre, pero no pudo hacer nada por salvar su vida: tenía dos balas alojadas en el cráneo.

Víctimas de tribulaciones en su entorno personal

Manuel Salgado tenía 56 años y trabajaba como empleado en una gestoría viguesa después de haber sido propietario del Colegio Lar, en la localidad pontevedresa de Mos. La Policía descubrió que, en el pasado, había sido víctima de extrañas tribulaciones en su entorno personal. Al parecer, contaba con una fortuna cercana a los 600 millones de las antiguas pesetas, que perdió tras una traumática separación matrimonial. El colegio pasó a manos de su exmujer, Marisol P.E., y Salgado quería recuperar su dinero cuando fue asesinado.

Tanto el vehículo que conducía como la plaza de garaje junto a la que fue asesinado eran préstamos de amigos y familiares, ya que Manuel había quedado prácticamente en la ruina al divorciarse. Los análisis balísticos revelaron que el asesino empleó un arma del calibre 22, el más pequeño del mercado, con la que disparó a su víctima casi a quemarropa. Conocía perfectamente las previsibles rutinas de Salgado: de casa al trabajo en coche, y viceversa.

Un divorcio tormentoso

Los investigadores supieron que, tres años antes del crimen, Manuel Salgado había ejercido la acusación particular contra su exmujer porque ésta, en el pasado, había contratado a un detective, Faustino O.C., para espiarle que, al parecer, había practicado grabaciones telefónicas no autorizadas en relación a unas supuestas irregularidades financieras en el colegio de Mos. Tanto la mujer como el detective fueron condenados por tales hechos en mayo de 2001 a dos años y medio de prisión y al pago de una indemnización de 10.000 euros al denunciante por un delito consumado contra la intimidad, sentencia que fue recurrida ante el Tribunal Constitucional. Cuando se cometió el asesinato de Salgado, el detective se encontraba fuera de España, concretamente en Brasil, por lo que las sospechas policiales se centraron en la exmujer de la víctima y en el hombre con quien ésta convivía, Jaime G.S., con antecedentes por tráfico de drogas. Manuel Salgado había, incluso, recibido amenazas de muerte de este hombre, por lo que presentó en su día varias denuncias.

Ambos fueron detenidos e interrogados en profundidad. Los agentes consideraban a Marisol como instigadora y a su novio, Jaime, como autor material del crimen. Los sospechosos defendieron su inocencia, aunque la mujer llegó a reconocer que era propietaria de una pistola de calibre 9mm, distinta a la empleada en los hechos. Sin embargo, ambos tenían coartadas que les situaban lejos de la escena del crimen cuando Manuel Salgado fue asesinado. Tras declarar ante la juez de Instrucción número 4 de Vigo, la pareja fue puesta en libertad por falta de pruebas.

La familia insiste en que Manuel fue víctima de una venganza. Su asesinato es uno de los casos prioritarios para la Policía. En él ha trabajado durante años un grupo de élite de homicidios y la familia ha llegado a ofrecer hasta 180.000 euros de recompensa por cualquier pista fiable sobre el autor o autores. Los investigadores dicen que fue un asesinato teledirigido y no descartan que fuera cometido por un sicario a sueldo. Con todo, el expediente de este crimen se encuentra archivado provisionalmente en los juzgados de Vigo.

José Manuel Gabriel