Menú Portada
Las ropas de la mujer aparecieron en un paraje aislado, perfectamente dobladas, junto a una Biblia desgarrada.

Se cumplen 11 años de la desaparición, en Tarragona, de la joven Aurora Mancebo, aficionada al esoterismo

Febrero 24, 2015

Zona Portuaria de Tarragona. 27 de febrero de 2004. La joven de 25 años, sale por segunda vez sola de casa por la noche después de siete años, tras superar una crisis psiquiátrica. No lleva bolso ni dinero ni teléfono ni documentación. Sus padres no volverán a verla.

pq_929_aurora-mancebo-portada.jpg

Los miembros de la Unidad de Homicidios y Desaparecidos de la Policía están convencidos de que Aurora Mancebo Leirós,  fue asesinada y enterrada esa misma noche en algún paraje aislado, pero no saben por quién ni dónde. Sí descubrieron los agentes que, tras el prolongado aislamiento por motivos médicos, la joven tenía un nuevo círculo de amistades con quienes compartía su afición por los temas esotéricos y espirituales.

Cuatro días antes, Aurora Mancebo había salido de noche por vez primera tras superar el tratamiento, en compañía de unos conocidos. Aquel día dio por concluido el diario que había estado escribiendo los últimos años en la soledad de su habitación, un diario en el que recogía los episodios de malos tratos sufridos a manos de un antiguo novio del instituto, agresiones que habían derivado en episodios de pánico y que la habían empujado a aislarse de su entorno y a requerir ayuda psicológica.

En compañía de un joven alto y moreno

La noche en que desapareció, varios testigos vieron a Aurora en compañía de un joven alto, moreno y delgado en una cafetería de la zona lúdica del puerto tarraconense. Al parecer, ambos abandonaron la zona en el vehículo del hombre, un Seat Ibiza de color rojo, tras despedirse de Fidel, un amigo de la joven de toda la vida a quien ésta había pedido que le acercase a la zona de discotecas. Al día siguiente, Fidel recibió en un teléfono un SMS supuestamente enviado por Aurora y que podría ser la última señal dejada por la joven antes de evaporarse. El texto hacía relación a unos “ángeles” que la chica decía últimamente que la estaban ayudando a reconducir su vida: “¿Estás enfadado? –pregunta a su amigo por haberle dejado en la discoteca para marcharse con el joven desconocido-. Me fui sola, pero me lo pasé muy bien. He conocido la ternura de esos ángeles, y me han devuelto la vida”.

Las ropas, limpias, y la Biblia, arañada.

El 11 de marzo de 2005, un lugareño que paseaba a su perro descubre en una aislada zona boscosa, a unos cuatro kilómetros de la vivienda de la joven, las ropas que llevaba ésta cuando desapareció, doce días antes. También están los botines, el abrigo y la ropa interior. Las prendas, sin signos de violencia, habían sido lavadas y estaban perfectamente dobladas en el suelo en un lugar que había sido rastreado intensamente en las horas siguientes a la desaparición, por lo que se supone que el presunto asesino las dejó allí con posterioridad. Además de limpias, estaban completamente secas a pesar de las intensas lluvias caídas en la zona los días anteriores. Junto a las ropas aparece un pañuelo en cuyo interior están los pendientes de la mujer y una Biblia que Aurora siempre llevaba consigo. El ejemplar tenía algunas páginas rotas y otras, arañadas.

La Policía somete las prendas a un análisis científico en profundidad, descubriendo restos de sangre en el abrigo y en el interior de los botines. Los investigadores descubren también lo que parecen ser huellas en varias direcciones de los pies descalzos de Aurora Mancebo en el mismo sitio, pero ni rastro del cuerpo. En abril, los equipos de emergencia dieron por finalizadas las batidas ante la falta de resultados, aunque camiones, taxis y fachadas de Tarragona seguían mostrando carteles con la fotografía de la desaparecida.

Las contradicciones del sospechoso

El 24 de abril de 2005 el caso da un giro. La Policía detiene a dos jóvenes, Edgar M., de 20 años, y Juan José, de 38, y anuncia que ha encontrado pruebas determinantes de su vinculación con el caso tras inspeccionar sus vehículos. Juan José queda en libertad a las pocas horas, pero Edgar ingresa en prisión provisional acusado de un supuesto delito de homicidio. Esta persona había sido identificada por testigos como el acompañante de Aurora Mancebo en un local de ocio del Puerto Deportivo de Tarragona la noche de su desaparición. El detenido, con un historial médico que reflejaba haber necesitado ayuda psicológica años antes por consumo de drogas, lo niega todo, aunque admite haber conocido a la chica cuatro días antes de la desaparición y no haber vuelto a saber de ella. No obstante, su coartada se desmorona por las versiones de testigos que aseguran haber visto a la pareja “acaramelada” en el Puerto Deportivo, y por las cuatro llamadas efectuadas desde el teléfono de Edgar al de Aurora el día de autos. El cuerpo de la mujer sigue sin hallarse.

Poco después se filtra a la prensa el contenido de las declaraciones ante el juez de Juan José, en libertad con cargos. Dijo que había trabajado con Edgar en un restaurante de Tarragona, y que éste le confesó que la noche de autos había estado con Aurora Mancebo en el puerto, para dirigirse después a un lugar solitario entre los barrios de Camplar y Bonavista. Según el relato de Edgar a su compañero, cuando estaban manteniendo relaciones sexuales en el interior del coche, la joven perdió el conocimiento y poco después falleció. Entonces, aterrado, trasladó el cadáver hasta una finca de El Morell y lo enterró. Días después, llevó la ropa al lugar donde finalmente aparecería, para despistar a los investigadores. Juanjo ofrece a los investigadores datos precisos del lugar donde había aparecido la ropa, aunque nunca había estado allí.

La Policía empleó excavadoras para remover el terreno de la finca donde, supuestamente, Edgar había enterrado a Aurora Mancebo, en un terreno propiedad de la familia de este hombre, pero el cadáver no estaba allí. La familia de Aurora cree que alguien trasladó el cuerpo a otro lugar antes de la llegada de la Policía.

Sadomasoquismo y magia negra

Finalmente, el 7 de junio de 2005, se hacían públicos los análisis de la Policía Científica sobre los restos biológicos hallados en el coche de Edgar: no aportaban datos determinantes ni concluyentes sobre la participación del joven en los hechos; el automóvil había sido sometido a una limpieza en profundidad y cualquier resto biológico de Aurora había quedado contaminado por acción de los productos químicos empleados. Tras dos meses y medio en prisión, Edgar M. era puesto en libertad bajo fianza. En junio de 2006 apareció un testigo sorpresa, un joven que chateaba habitualmente con Edgar por internet y que dijo haberse enterado del caso por las fotografías publicadas en prensa. Este testigo aseguró a la Policía que el principal sospechoso del caso “tenía un especial interés por la magia negra, hablaba del diablo, de puertas oscuras, de una estrella de cinco puntas de sacrificios”, según se recoge en las diligencias. También afirmó que le gustaban la violencia y el sadomasoquismo.

Ahora, once años después de la misteriosa desaparición de Aurora Mancebo Leirós, su familia no quiere que el caso quede sin resolver. Siguen realizando concentraciones de protesta y han creado una asociación ciudadana para seguir impulsando acciones judiciales, conocer algún día qué fue de ella y darle un entierro digno.

José Manuel Gabriel