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El cuerpo de Carmen Barranco, de 64 años, fue despellejado y troceado con precisión, y sus restos, abandonados en la playa en bolsas, con un año de diferencia

Se cumplen 10 años del crimen de la mujer despellejada en Barcelona sin pistas sobre el asesino

Junio 24, 2014
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El de María del Carmen Barranco Villafañe es uno de los asesinatos más macabros de la historia criminal de Barcelona. En junio de 2004, un hombre encontraba en la playa de San Sebastián de Barcelona, a unos 10 metros del agua, una bolsa de deportes verde con varias bolsas de plástico en su interior. Contenían cinco trozos de un cuerpo humano que, a tenor del análisis de los cortes, habían sido efectuados con tres cuchillos distintos de grandes dimensiones.

Tras la pista del cirujano psicópata
 
La Policía identificó el cadáver como el de María del Carmen Barranco Villafañe, argentina de Buenos Aires con ascendencia andaluza y de 64 años de edad. Residía de manera estable en un apartamento del barrio de la Ribera de la Ciudad Condal. Los investigadores llegaron a averiguar, incluso, que uno de los cuchillos empleados en el descuartizamiento había sido robado en el mercado de la Barceloneta un día antes de la aparición de la bolsa en la playa. Sorprendió que entre los restos hallados no se encontraban ni la cabeza ni los pies ni las vísceras de la mujer. Pero lo más espeluznante del caso es que el asesino se había entretenido en despellejar completamente el cuerpo antes de trocearlo y meterlo en la bolsa. La Policía estaba ante la obra de un psicópata con conocimientos de anatomía y cirugía. El asesinato era reciente, puesto que no había síntomas de descomposición en los restos.
 
El caso de la mujer despellejada y descuartizada dio otra vuelta de tuerca con el terrible descubrimiento, en julio de 2005, de las partes que faltaban del cadáver. Fue en la misma playa de San Sebastián de Barcelona, cuando unos perros extrajeron tres bolsas negras de basura enterradas en la arena, a unos 300 metros de donde habían sido encontrados los primeros restos de Carmen Barranco, un año antes, y que desprendían un hedor insoportable. Lo primero que apareció fue la cabeza de la mujer; también estaban el tórax, las vísceras y las dos piernas de rodillas para abajo, incluidos los pies. La Policía Científica y los expertos en homicidios quedaron sorprendidos porque los nuevos restos, salvo las vísceras, estaban en buen estado de conservación, aunque también habían sido totalmente despellejados.
 
Un cadáver en el congelador
 
¿Cómo era posible que se hubiesen conservado durante 13 meses? ¿Metió el asesino los restos en un congelador durante todo ese tiempo? ¿Había despellejado el cadáver para destruir un tatuaje oculto que tenía la víctima? La Policía intentó dar respuesta a estos interrogantes con la detención, en Barcelona, de tres ciudadanos paquistaníes que conocían a la víctima y que, incluso, habían convivido con ella en su apartamento. Se supo que uno de los arrestados, el principal sospechoso, ejercía gran influencia sobre la argentina y la había convencido para que le vendiera un piso a bajo precio. También quería comprar unas tierras que Carmen había heredado en Almería, y la presión sobre ella era tan intensa que la mujer confesó a una amiga que temía por su vida.
 
Sin embargo, los detenidos quedaron en libertad tras pasar tres meses en prisión provisional, ya que no se pudo confirmar su relación con el asesinato. Además, el ADN hallado bajo las uñas de la mujer argentina no pertenecía a ninguno de ellos. Se frenaba así la única línea de investigación de uno de los crímenes más misteriosos y escabrosos de Barcelona.
 
José Manuel Gabriel