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La familia está convencida de que fue asesinada por un exnovio de la joven, mientras que el juez mantiene que murió a manos de profesionales del crimen

Se cumplen 10 años del asesinato sin resolver de Sheila Barrero, de 21 años de edad, muerta de un disparo en la nuca

Enero 19, 2014
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El cadáver de Sheila Barrero Fernández, licenciada en Turismo y camarera ocasional, de 21 años, fue encontrado el 25 de enero de 2004 en el interior de su vehículo en el puerto de Cerredo, en la localidad asturiana de Degaña, un lugar algo alejado del núcleo de población y frecuentado por parejas de novios. Presentaba un disparo en la nuca realizado con un arma corta. Junto al cuerpo había un casquillo del calibre 6’35.

Un disparo a bocajarro
El cuerpo fue encontrado por el hermano de la víctima cuando recorrió el camino que Sheila debía haber hecho desde el bar de Villablino (León) en el que trabajaba los fines de semana hasta su domicilio, al que nunca llegó. Según la reconstrucción policial de los hechos, en ese trayecto un vehículo se detuvo delante del de la joven, obligándola a detenerse. A continuación bajó de él un individuo que se sentó en el asiento trasero del coche de Sheila y le disparó a bocajarro.

La Guardia Civil piensa que víctima y verdugo se conocían porque no había huellas de frenazo ni la mujer intentó ninguna maniobra evasiva. Aunque estaba medio desnuda, no se había producido ninguna agresión sexual. Las investigaciones se centraron en el entorno afectivo de Sheila, amigos y conocidos, pero el móvil del crimen seguía siendo una incógnita, tal vez una venganza de un exnovio despechado. Los agentes encontraron gran cantidad de sangre en el volante, por lo que se piensa que el asesino, tras disparar, volvió a colocar el cuerpo de la joven pegado al respaldo del asiento.

“Artes y Honor”

El análisis científico de la escena del crimen reveló la presencia de una bufanda negra en el asiento trasero, y los investigadores están convencidos de que pertenecía al asesino. La prenda tenía bordado un escudo heráldico con el lema “Artes y Honor”. La Guardia Civil extrajo el perfil genético de diez sospechosos para cotejarlo con los restos biológicos hallados en la bufanda. También arrestó a Borja, un joven de 19 años, que había mantenido una tormentosa relación sentimental con Sheila, pero quedó en libertad por falta de pruebas.

Borja se convirtió en el principal sospechoso desde el inicio de las pesquisas, ya que la prueba que mide los niveles de parafina puso de manifiesto que en sus manos y en su ropa había restos de pólvora. Él declaró que había estado cazando, y su familia explicó que se encontraba en su casa en el momento del crimen. La familia de Sheila siempre ha estado convencida de que Borja fue el autor material del asesinato, pero que también intervinieron más personas. De hecho, horas antes del crimen, Borja se presentó en el bar donde trabajaba la joven y, ante la negativa de ésta a dirigirle la palabra, la insultó durante varios minutos haciéndola llorar.

Un crimen obra de profesionales

En octubre de 2006, dos años y medio después del crimen, los investigadores informaron de que las pruebas de ADN encontradas en el automóvil no coincidían con ninguna de las 10 personas sospechosas. Otros 3 perfiles hallados en la escena nunca han podido ser identificados. En 2007, una nueva pista apuntaba en la línea de investigación en torno a Borja: una fibra encontrada en la bufanda que apareció en el coche se correspondía con el tejido de una cazadora del joven, aunque éste se defendió asegurando que había montado en el vehículo de Sheila unos días antes del crimen.

Con todo, el 24 de octubre de 2007, el juez decretaba el sobreseimiento de las diligencias por falta de autor conocido, al tiempo que retiraba la condición de imputado al principal sospechoso. El auto reconocía que no había pruebas y que el móvil del asesinato seguía siendo una incógnita, y apuntaba a un crimen cometido por profesionales, tanto por el arma como por el tipo de munición empleada.

Desde 2004, un monolito erigido en el lugar donde fue asesinada Sheila Barrero recuerda su memoria y alerta de que el asesino sigue suelto. Por si no fuera suficiente, los padres de la víctima, Julia Fernández y Elías Barrero, han llevado a cabo en los últimos años diversos actos de protesta como encadenarse a las puertas de los juzgados de Cangas de Narcea, concentraciones de vecinos e, incluso, una acampada de dieciocho días ante la Audiencia Provincial de Asturias, para mostrar su dolor, desánimo e impotencia.

José Manuel Gabriel