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El único sospechoso, un hombre de 36 años, quedó en libertad por falta de pruebas

Se cumplen 10 años del asesinato sin resolver de dos argentinas, madre e hija, en su piso de Valencia

Marzo 10, 2015

A las 8 de la tarde del 20 de marzo de 2005, la policía de Valencia entraba en un apartamento del número 16 de la calle Doctor Waksman y encontraba los cadáveres de dos mujeres de nacionalidad argentina, madre e hija. Se trataba de Ada Elsa Kettler de Guevara, de 74 años, y Graciela Ada de Guevara, de 48.

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La más joven, era copropietaria de un local nocturno, se dedicaba también al diseño de páginas web (en el portal de la vivienda había colocado con cinta adhesiva un cartel con la dirección de la página www.designweb.com, anunciando que se trataba de una pequeña empresa especializada en diseño, creación y alojamiento en internet), y llevaba un año viviendo de alquiler en el apartamento donde aparecieron los cadáveres. Su madre había llegado a Valencia hacía solo tres meses.

Decenas de puñaladas

El cuerpo de Graciela presentaba heridas por arma blanca, mientras que su madre, Ada Elsa, había sido estrangulada y apuñalada. Los forenses contabilizaron decenas de puñaladas en los cuerpos de las víctimas. Además, antes de fallecer, ambas habían recibido numerosos golpes. La puerta de la vivienda no había sido forzada, la vivienda no estaba revuelta y no faltaba nada del interior, por lo que las pesquisas se centraron, de inicio, en el entorno familiar y sentimental de las víctimas. Fue un amigo de las mujeres, alarmado porque llevaba días sin poder contactar con ellas, quien avisó a la Policía. Los investigadores sospecharon en un principio que estaban ante un crimen pasional, pero poco después desecharon esa hipótesis.

Las mujeres llevaban entre cinco y siete días muertas cuando fueron encontradas, y los vecinos explicaron que hacía una semana que no las veían, aunque dentro de su vivienda sonaba insistentemente la radio o la televisión. Después de examinar las llamadas telefónicas y los correos electrónicos enviados y recibidos por las víctimas, los agentes centraron las pesquisas en la expareja de Graciela, quien había comentado a las vecinas en más de una ocasión que había tenido problemas con su exmarido. En principio, ésta era el único hilo del que tirar, aunque los agentes constataron que la persona investigada no tenía antecedentes ni había sido denunciada nunca por maltrato.

La pista de la web de contactos

El 21 de junio de 2005, tres meses después del doble crimen, la Policía arrestaba junto a su domicilio de la localidad de Paiporta a un hombre de 36 años como supuesto autor de los hechos, tras seguir un rastro que esta persona, supuestamente, había dejado en la escena del crimen. De acuerdo con la hipótesis policial, el sospechoso habría contactado con Graciela a través de un portal de internet administrado por ésta y especializado en contactos y relaciones de pareja; tras entablar una cierta amistad, se habría presentado en el domicilio de las argentinas y, por causas que se desconocen, las habría asesinado.

Sin embargo, dos meses después del arresto, la juez encargada del caso ordenaba su libertad por la escasa consistencia de las pruebas presentadas contra él (haber acudido a los servicios del portal de contactos) y porque no quedaba clara la relación entre el sospechoso y las víctimas. En Argentina, los familiares de las mujeres dicen estar indignados porque nadie se ha puesto en contacto con ellos jamás para ofrecerles el más mínimo detalle de las investigaciones.

José Manuel Gabriel