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La cabeza de la víctima fue destrozada con un bloque de granito cuando paseaba por un paraje que solía frecuentar en solitario

Se cumplen 10 años del asesinato a golpes de la peluquera Pilar Ramírez

Febrero 3, 2015

La Policía sospecha de alguien de su entorno más cercano, pero nadie ha sido condenado por el crimen

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Le gustaba pasear. Lo hacía casi todas las tardes, muchas veces sola, y su asesino lo sabía. El 2 de febrero de 2005, como tantas otras veces, Pilar Ramírez Muñoz, peluquera de Tavernes, en Valencia, dejó a su hijo en el colegio, a las tres y media de la tarde, y se dirigió al camino del Clot de la Font. Al llegar a una zona de huertas y naranjos, fuera del casco urbano, recibió un primer impacto brutal en la cabeza con un bloque puntiagudo de granito.

Dos horas de agonía

A Pilar le atacaron por la espalda y, cuando yacía en el suelo aún con vida, fue arrastrada por su asesino unos diez metros, dentro del naranjal, donde continuó recibiendo golpes por todo el cuerpo de una manera salvaje. La autopsia reveló que la causa última de la muerte fueron cuatro heridas inciso-contusas en el cráneo. La víctima, que, aun herida, llegó a enfrentarse a su agresor y corrió tratando de huir, se desangró durante dos horas, hasta que unos niños la encontraron. Falleció en la ambulancia que la trasladaba a un centro sanitario.

Pilar Ramírez no fue violada, si bien su bolso y objetos personales habían desaparecido. Madrileña de 32 años, Pilar llevaba once viviendo en Tavernes junto a su marido y su hijo, no se le conocían amistades conflictivas ni había presentado denuncia por malos tratos. El pueblo se manifestó pidiendo justicia, el ayuntamiento decretó dos días de luto y las autoridades hicieron un llamamiento a la colaboración ciudadana.

Con los datos aportados por los vecinos y las pruebas de ADN realizadas al cadáver y a los restos aparecidos junto al cuerpo, las investigaciones parecían avanzar a buen ritmo. Siete meses después del crimen era detenido Cristóbal S., un vecino de Tavernes amigo de la fallecida, a quien una testigo aseguraba haber visto en el lugar del crimen el día de autos. El sospechoso, de 35 años, empresario de la construcción, casado y con hijos, había llegado a mantener una relación laboral con el marido de Pilar. El móvil del crimen, según los investigadores, era de índole sentimental. 

El sospechoso, íntimo de la familia

Se daba la circunstancia de que el detenido había sido uno de los promotores de las manifestaciones y concentraciones en recuerdo de la víctima, y tanto él como su mujer mantenían una estrecha relación de amistad con la asesinada y con su marido. Cristóbal ingresó en prisión sin fianza, mientras familiares y amigos de Pilar mostraban su satisfacción, consternación e incredulidad por este arresto. El sospechoso, incluso, había cuidado del hijo de la víctima mientras la enterraban. La juez encargó pruebas complementarias de reconocimiento, documentales y de ADN para mantener la imputación.

En noviembre de 2005 el juzgado recibió los resultados de las pruebas requeridas. Los análisis de ADN realizados a los restos de piel encontrados en las uñas de la víctima, producto de un forcejeo durante la agresión, no coincidían en absoluto con los de Cristóbal S. Además, varios vecinos de Tavernes testificaron que se encontraban con el sospechoso a la hora en que se produjo la brutal agresión, y la mujer que le situó en la escena del crimen ya no estaba tan segura. La juez ordenaba la libertad bajo fianza del detenido, quien pedía, al salir de prisión, que siguiesen las investigaciones.

Todo como al principio

La defensa de Cristóbal presentó nuevas pruebas. Se trataba del testimonio de una vecina que dijo haber visto cómo dos personas con acento extranjero propinaban una paliza a una mujer antes de darse a la fuga en un vehículo Renault 19 con una letra X en la matrícula. El único vehículo de esas características de Tavernes era propiedad de un hombre con antecedentes por abuso sexual, vecino de la finca de la víctima, en donde vivía con otros dos individuos de nacionalidad rumana. Fueron llamados a declarar, pero tenían coartada hasta las cinco y media de la tarde, y el momento de la agresión se había fijado en las cinco menos cuarto.

Después de tres años de investigación, todo estaba casi como al principio. En junio de 2008 la juez de Sueca que instruía el caso decretaba el archivo del procedimiento por falta de indicios para mantener imputado a Cristóbal S. ni a ninguna otra persona. La Audiencia Provincial de Valencia confirmaba el cierre del caso. Mientras no aparezcan nuevas pruebas, el asesinato de Pilar Ramírez permanecerá sin resolver. Sin culpable.

 
José Manuel Gabriel